Beijing se convirtió en el escenario de un nuevo pulso entre Donald Trump y Xi Jinping. Aunque el encuentro estuvo marcado por la cordialidad diplomática y algunos puntos de acuerdo sobre la crisis en el estrecho de Ormuz, persisten las tensiones por la guerra comercial y la advertencia de Beijing sobre Taiwán. ¿Quién sale fortalecido de esta cumbre? ¿Y qué revela este acercamiento sobre el nuevo equilibrio de poder global? Lo analizamos en El Debate de France 24.
La cumbre se produce en un momento complejo para la Casa Blanca. La guerra contra Irán y la inestabilidad en el estrecho de Ormuz siguen afectando el comercio energético mundial y aumentando la presión económica internacional. Al mismo tiempo, Beijing busca consolidar su posición global en medio de la rivalidad estratégica e histórica con Estados Unidos.
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En este contexto nos preguntamos en El Debate de France 24, ¿Quién gana en el tablero de Beijing? ¿Qué viene después del encuentro?
Para Juan Luis López Aranguren, profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, Donald Trump llega a la reunión “en peores condiciones de las que habría querido”. Según explica, el mandatario estadounidense intentó repetir el impacto político obtenido tras la captura de Nicolás Maduro mediante una ofensiva contra Irán, pero “el régimen iraní se ha mantenido” y el estrecho de Ormuz continúa parcialmente bloqueado, afectando el suministro mundial de petróleo y elevando la inflación.
De acuerdo con el analista, esta situación puede perjudicar políticamente a Trump de cara a las elecciones de medio mandato, mientras Xi Jinping aprovecha el contexto para “reivindicar el rol de superpotencia de China” frente a unos Estados Unidos que considera “cada vez más erráticos”.
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Por su parte, Parsifal D’Sola, analista de política exterior china, coincide en que "Trump no llega en su mejor momento”, aunque subraya que Washington aún conserva importantes herramientas de negociación.
Destaca por ejemplo, la presencia en Beijing de directivos de grandes empresas tecnológicas y financieras estadounidenses, lo que demuestra que Estados Unidos “sigue teniendo con qué jugar, sobre todo en la competencia tecnológica con China".
Sin embargo, D’Sola también considera que Xi Jinping sale fortalecido de la reunión, ya que el encuentro refuerza la narrativa china de una relación “entre pares” entre las dos grandes potencias mundiales.
Sin duda, la cita de Beijing no resuelve la rivalidad, sino que administra la tensión entre dos potencias que buscan consolidar su posición internacional. Taiwán, Oriente Medio, el comercio y la competencia tecnológica siguen sobre la mesa y continúan marcando la relación estas dos potencias.
