Los anillos de Saturno surgieron tras el desgarro de una mítica luna llamada Crisálida, reafirma estudio

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Un nuevo estudio presentado en la 57ª Conferencia de Ciencia Lunar y Planetaria (LPSC 2026) refuerza una de las hipótesis más intrigantes sobre el origen de los impactantes y sorprendentemente recientes anillos de Saturno: la destrucción parcial de una antigua luna helada llamada Crisálida.

Un equipo de investigadores de la Universidad de California en Santa Cruz, la Universidad Tsinghua y el Instituto Tecnológico de Massachusetts utilizó simulaciones numéricas de alta resolución para mostrar cómo las fuerzas de marea de Saturno arrancaron grandes cantidades de hielo de este satélite. El proceso habría generado un anillo joven y puro, como el que observamos hoy.

Saturno visto en espectro ultravioleta.

Saturno visto en espectro ultravioleta.

NASA

Crisálida habría sido una luna imponente, del tamaño aproximado de Japeto, con un interior dividido en dos: un núcleo rocoso denso y un manto exterior de hielo puro que la hacía más ligera y frágil que otros satélites mayores de Saturno. Según los modelos, su composición era de entre 50 y 80% hielo, lo que lo hacia especialmente susceptible a las fuerzas de marea de Saturno.

Durante décadas, el origen de los anillos ha sido un misterio. Las mediciones de las misiones Voyager y Cassini revelaron que podrían tener apenas 100 millones de años (en plena era de los dinosaurios) y estar compuestos casi por completo de hielo de agua, una combinación difícil de explicar mediante modelos tradicionales. El nuevo trabajo retoma una propuesta reciente: que Crisálida se acercó demasiado a Saturno y fue parcialmente desprendida.

Para evaluar esta hipótesis, los autores emplearon simulaciones de hidrodinámica de partículas suavizadas (SPH), una técnica usada para modelar impactos y deformaciones extremas en cuerpos planetarios. En sus escenarios, la luna se comporta como un objeto diferenciado, con un núcleo rocoso y un manto de hielo. Al pasar entre 1.0 y 1.5 radios de Saturno, las fuerzas de marea arrancan grandes cantidades de hielo, mientras que el núcleo rocoso permanece intacto y continúa en órbita.

El material desprendido se divide en dos poblaciones. Una parte escapa del sistema, pero otra pierde energía orbital y queda atrapada alrededor del planeta, donde puede evolucionar hasta formar un anillo estable. Las simulaciones muestran que la masa de hielo capturada es consistente con la de los anillos actuales, especialmente si se considera que las lunas mayores de Saturno, como Titán, pueden eliminar hasta 70% del material original con el tiempo.

La hipótesis de Crisálida cada vez gana más evidencia, aunque también supone preguntas para las cuales todavía no hay respuesta: Si la luna congelada se fragmentó ¿qué ocurrió con el remanente? Es probable que el resto de las lunas tengan algún remanente de este cataclismo cósmico, pero estamos lejos de poder confirmarlo.

Los anillos de Saturno tampoco son eternos. Según registros, poco a poco las partículas caen hacia la atmósfera y en aproximadamente 100 y 300 millones de años podrían desaparecer por completo, dejando un cuerpo gaseoso muy similar al de Júpiter.