Set de Justin Bieber en Coachella demuestra que él es el mayor ‘Belieber’ de todos

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A lo largo de los años, Justin Bieber se ha convertido en un habitual de Coachella, tanto como asistente como artista sorpresa. En la edición de 2024 del festival, apareció como invitado junto a Tems y Wizkid para interpretar su éxito “Essence”. En 2019, sorprendió al público al unirse al set de Ariana Grande, quien era cabeza de cartel, para interpretar “Sorry” y adelantar nueva música, diciendo a la multitud que tenía que recuperar su “swag” (una gran pista para quienes lo notaron).

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Pero la noche del sábado (11 de abril), la única persona para la que Bieber tuvo que presentarse fue él mismo. Y eso fue lo que hizo.

En preparación para su set como cabeza de cartel, el ícono del pop ofreció dos shows íntimos en los famosos locales de West Hollywood The Roxy y The Troubadour. Ambos sets estuvieron conformados exclusivamente de temas de SWAG y SWAG II, no solo ayudando a Bieber a familiarizarse con el nuevo material en vivo, sino también – y quizás más importante – llevándolo de vuelta al escenario por primera vez en cuatro años.

Ahora bien, el desierto es un tipo de escenario completamente diferente, especialmente en comparación con lugares con capacidad para 500 personas, pero Bieber no lo trató como tal. En vez, logró hacer que un campo de polo lleno de desconocidos se sintiera como una reunión nocturna entre amigos cercanos.

El diseño del escenario fue minimalista, con solo una estructura fluida, similar a un capullo, en la que Bieber podía caminar, acostarse y, en ocasiones, incluso encogerse – una mezcla entre patio de juegos y espacio seguro. Su único accesorio: una laptop (pero hablaremos de eso más adelante).

Bieber comenzó con fuerza con la reveladora “All I Can Take”, que también abre SWAG y cumple el mismo propósito aquí: recordarse a sí mismo y a sus fans que él dará todo lo que pueda en cualquier momento. Y no ha sido fácil.

Mientras Bieber narra abiertamente esos altibajos en SWAG y SWAG II, escuchar estos álbumes en vivo como un conjunto cristaliza su mensaje. Juntos, son un testimonio de sus casi dos décadas trabajando en su identidad, fe y propósito bajo el escrutinio público. Tanto así que pasó los primeros 50 minutos de su set en el swagverso (excepto por un breve desvío a “Stay”, con una aparición sorpresa de The Kid Laroi). Los momentos destacados al principio del set incluyeron “Speed Demon”, sobre mantener un círculo íntimo cerrado y “mejorar cada segundo” por ello; “Go Baby”, su oda a su esposa Hailey Bieber; y “Walking Away”, su compromiso con su familia.

Seguido ofreció una sección acústica, sentado en el centro de una pasarela extendida y acompañado por Carter Lang y Dylan Wiggins. El trío interpretó canciones como “Glory Voice Memo”, “Zuma House” y una emotiva y extendida “Everything Hallelujah”, con Bieber incluyendo el nuevo verso: “Coachalla, hallelujah”. (Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando cantó, “Hailey, baby, hallelujah/ Baby Jack, hallelujah”).

Fue un momento de gratitud tranquilo pero abrumador, y demostró que la mayor fortaleza de Bieber – además de ser uno de los mejores y quizás más naturales vocalistas de esta generación – reside en esos momentos más suaves, cuando utiliza su poder estelar para hacer que miles de fans guarden silencio para escuchar sus oraciones.

“Esta noche es una noche muy especial”, dijo Bieber a la multitud al concluir la sección acústica. “Pero siento que tenemos que llevarlos en un viaje…” continuó. Y vaya que lo hizo.

Durante los siguientes 25 minutos, Bieber esencialmente encarnó a un niño millennial con iPad – es decir, se sentó frente a su laptop en YouTube. Antes de caer inevitablemente en la madriguera del conejo que es internet, reproduciendo clips virales como “Deez Nuts” y “Double Rainbow” (los conoces o no), se sumergió en los archivos. Reprodujo clip tras clip de sus mayores éxitos, cantando fragmentos de “Baby”, “That Should Be Me” y “Never Say Never”, entre otros, mientras sus videos musicales llenaban la pantalla detrás de él. Lil Bieber luego retrocedió hasta Baby Bieber, reproduciendo el video que lanzó su carrera: su famoso cover de “With You”.

Fue una manera ingeniosa y auténtica (aunque algo tardada) de explorar su pasado, una reivindicación que celebra al niño que fue mientras se alinea con el hombre que es hoy. Además, fue quizás la manera más eficiente de incluir 12 canciones que, en verdad, podrían haber parecido fuera de lugar en el set – incluso para quienes no quieran admitirlo.

Pero, sobre todo, fue un momento curiosamente humanizador para alguien de la talla de Bieber (especialmente cuando mostró clips de su yo más joven caminando hacia una puerta de vidrio o cayendo por un agujero en el escenario). Detrás de todo eso, existía un entendimiento tácito de “estamos bien aquí” – como un esperado alivio. Revisó sus raíces, repasó los éxitos (incluidos “Sorry” y “Where Are Ü Now) y se burló de sí mismo – como tantos otros han hecho antes. Solo que ahora, él está al mando – y lo está asumiendo. Solo mira su merch del festival.

¿Te queda claro ahora?

Sus últimos momentos en el escenario los llenó con “Yukon”, “Devotion” junto a Dijon, “I Think You’re Special” con Tems (seguido por “Essence”, para el cual Wizkid también se unió) y finalmente, concluyó con su último éxito, “Daisies”, destacando a Mk.gee en la guitarra.

Para los fans, Bieberchella pudo haber sido una celebración de su carrera hasta ahora. Pero para Bieber, parecía tratarse más de celebrar su paz ganada con esfuerzo y muy merecida – la recompensa al final de un largo camino que ha requerido que Bieber crea en sí mismo en cada paso del camino. Incluso, o quizás especialmente, cuando otros se apresuraron a descartarlo.

Y ahora, ha dejado perfectamente claro que no hay nada más importante que proteger esa paz – para sí mismo, para su familia y para su creatividad. Y ese es exactamente el tipo de negocio que vale la pena defender.