Psicóloga explica por qué la excitación sexual hace que ignores cualquier señal de rechazo

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El eterno dilema de cómo rechazar a una persona sin herir sus sentimientos. Si el lenguaje es muy ambiguo o añades un cumplido a tu mensaje (“creo que eres una buena persona, pero…”), puede que el destinatario ignore las señales de rechazo y la obsesión empeore ("¡cree que soy una buena persona!"). ¿Qué dice la ciencia al respecto? No es que no sepa leer, más bien es su biología interfiriendo con su juicio. Una nueva investigación sugiere que la excitación sexual puede distorsionar la forma en que interpretamos las señales de desinterés romántico, llevándonos a ver interés donde solo hay rechazo.

La investigación, publicada esta semana en Personality and Social Psychology Bulletin, fue realizada por Gurit Birnbaum, profesora de Psicología en la Universidad Reichman. Según relata en una columna de Psychology Today, partió de una observación curiosa surgida en su propio laboratorio. “En un estudio piloto, probé diferentes mensajes de rechazo para ver cuáles dejaban claro a las personas que una posible pareja no estaba interesada. Al principio, suavicé el rechazo con halagos porque no quería que los participantes se sintieran heridos innecesariamente”.


Imagen de personas blureadas.

La tecnología ha cambiado la forma en que los engaños comienzan, se intensifican y se descubren. Los motivos humanos son más confusos de lo que admite internet.


“Pero después de varias rondas de pruebas”, cuenta la investigadora, “me di cuenta de algo importante: cuando el rechazo se mezcla con calidez o halagos, las personas a menudo no lo perciben como tal. Ignoran el ‘no’ y se aferran a la parte que quieren oír. Al intentar ser ‘amable’, en realidad estaba alimentando sus fantasías”.

A partir de ese dato, la doctora Birnbaum y su colega Kobi Zholtack diseñaron cuatro experimentos para responder una pregunta más profunda. “¿Cuándo es más probable que alguien malinterprete señales mixtas como interés romántico genuino?”

“No eres tú, soy yo”

Los participantes, todos solteros, vieron primero videos de contenido sexual o de contenido neutro y luego interactuaron en línea con una persona atractiva que en realidad formaba parte del equipo de investigación. Después calificaron qué tan deseable les parecía esa persona y si creían que querría tener una cita con ellos.

Cada experimento introdujo variaciones en el momento y la claridad del rechazo. En los tres primeros, el interlocutor era cálido pero enviaba señales ambiguas, a veces al inicio de la conversación, a veces al final, y a veces entretejidas a lo largo de todo el intercambio. Aquí un ejemplo de la comunicación en el segundo experimento:

“La verdad es que disfruté mucho hablando contigo y me hubiera encantado conocerte mejor. Te cuento que estoy en una época muy ajetreada y no sé cuánto tiempo libre tengo. Jaja, perdón, me emocioné un poco… Creo que ya terminamos de hablar de todo lo que nos pidieron, así que llamaré al experimentador”.

En el cuarto experimento, en lugar de ambigüedad, los participantes recibían un rechazo directo e inequívoco, para medir si el deseo sexual podía superar incluso la señal más obvia de desinterés.

Los resultados de los primeros tres estudios indicaron que la excitación sexual llevó a los participantes a interpretar las interacciones ambiguas de manera mucho más optimista. Veían interés donde solo había incertidumbre. Parte de la explicación es que la excitación aumentaba la percepción de atractivo del interlocutor, lo que a su vez alimentaba la tendencia a ver (o escuchar) lo que se quería ver (o escuchar).

El mecanismo detrás de este fenómeno ya había sido documentado en estudios previos. La excitación sexual produce una especie de “visión de túnel” que estrecha la atención y hace que la satisfacción romántica o sexual parezca más urgente que otras consideraciones. En ese estado, el cerebro tiende a filtrar la información que no encaja con lo que desea.

La efectividad del “no es no”

Sin embargo, el cuarto experimento reveló los límites de este efecto. Cuando el rechazo era claro e inconfundible, la excitación sexual ya no distorsionaba la percepción. De hecho, bajo un rechazo explícito, la excitación hacía que el interlocutor pareciera menos deseable, no más.

“La excitación sexual distorsiona la percepción solo cuando la situación deja espacio para la esperanza”, indica la doctora Birnbaum. “Puede ayudarnos a superar el miedo al rechazo al inclinar la percepción hacia una dirección más optimista. Esto puede ser útil en las primeras etapas de una relación, cuando la incertidumbre lo impregna todo”.

Pero la investigadora destaca una advertencia. “El deseo puede eclipsar la sensibilidad hacia los verdaderos deseos de la otra persona. En esos momentos, es posible que no veamos la interacción como es, sino como esperamos que sea, pasando por alto las señales de que la puerta no está realmente abierta”.