Personalidades fuertes, imagen de solidez y capacidad para marcar el destino de una nación. Esos son algunos de los atributos que se le pueden endilgar al izquierdista Gustavo Petro, actual presidente de Colombia, y al derechista Álvaro Uribe, exmandatario del país.
Creadores de istmos, petrismo y uribismo, la sombra de ambos líderes sobrevuela los comicios presidenciales del próximo 31 de mayo, mientras la violencia arrecia e insiste en un trauma histórico que aún lamentan los colombianos.
En la consideración de los especialistas, una de las expresiones más evidentes de su influencia es el ocaso de las formaciones de centro, representadas en candidatos como Sergio Fajardo o Claudia López, quienes se muestran fuera de la contienda en las mediciones de los sondeos.
Leer tambiénEl candidato izquierdista encabeza una nueva encuesta a un mes de las presidenciales en Colombia
“En las encuestas no superan el 5% y en las elecciones legislativas se quedaron sin bancadas”, refiere el politólogo y doctor en criminología Jorge Mantilla a France 24 en Español. “Y los únicos dos sectores políticos, más allá de las elecciones presidenciales, que prevalecen en Colombia claramente identificables son aquellos sectores que tienen dos líderes claros, Uribe y Petro. Es algo que no va a cambiar porque, gane quien gane, la oposición va a seguir siendo muy significativa”, agrega.
“Los únicos dos sectores políticos, más allá de las elecciones presidenciales, que prevalecen en Colombia claramente identificables son aquellos dos sectores que tienen dos líderes claros, Uribe y Petro"..
En efecto, tras la elección legislativa, el oficialista Pacto Histórico (izquierda), de Gustavo Petro, alcanzó 62 escaños en el Congreso, mientras que los opositores del Centro Democrático (derecha), de Álvaro Uribe, quedaron con 45 curules.
Mantilla subraya los inconvenientes institucionales que provoca esta polarización: “Al final, estás roto, no puedes gobernar solo, pero tampoco quieres gobernar con el otro”. En ese marco, arriesga que “es difícil distinguir la verdad de la mentira y a veces no sabemos a quién creerle. Creo que es un muy mal síntoma del nivel de crispación política en el que estamos”.
Por su parte, también consultada por France 24 en Español, Laura Bonilla, politóloga, defensora de Derechos Humanos y subdirectora de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), suma a la figura del actual candidato presidencial Iván Cepeda como parte de la polémica. “Hay un intento por recuperar el viejo uribismo y tratar de montar al país en una narrativa pasada. Y por su parte, el propio Iván Cepeda también ha dicho: ‘Aquí solo hay dos modelos de país: uno el de Uribe y otro el mío. Eso le está funcionando más a Cepeda que a Uribe en este momento”, reflexiona.
El uribismo sin Álvaro Uribe frente a Gustavo Petro
Precisamente, en un litigio ligado con una denuncia del candidato Iván Cepeda, el Tribunal Superior de Bogotá revocó en octubre de 2025, en segunda instancia, una condena contra Uribe Vélez y lo absolvió de los delitos de soborno a testigos y fraude procesal. El exmandatario llegó a ser condenado a 12 años bajo arresto domiciliario, por esos cargos.
Uribe fue condenado, en primera instancia, por presuntamente instigar al abogado Diego Cadena para manipular a tres exparamilitares con ofrecimientos de dinero o beneficios penales para que declararan a su favor y negaran cualquier presunto vínculo del expresidente con esos grupos ilegales.
En ese contexto, la influencia que transitó el uribismo parece estar lejos de su momento más exitoso. Ya en las presidenciales de 2022, su candidato más cercano, Federico Gutiérrez, no conquistó los sufragios necesarios para llegar a la segunda vuelta. Ahora, su delfina, Paloma Valencia, muestra un crecimiento en la intención de voto, pero si se confirma lo que indican los sondeos, quedaría relegada a un tercer lugar. Al igual que en 2022, Gustavo Petro y su formación política, Pacto Histórico, aparecen como los principales rivales del uribismo.
La emergencia de la extrema derecha en buena parte del continente es un elemento de análisis en el cual coinciden los expertos. Para Bonilla, estas fuerzas políticas tienen características distintas a las del uribismo: “era más un proyecto de libre mercado y mano dura muy fuerte, que implicó también horribles violaciones a los Derechos Humanos”. Desde su mirada, las agendas ultraconservadoras son “más populistas” e implican liderazgos como el de José Antonio Kast o Javier Milei.
Leer tambiénEl ocaso de la derecha y la caída del uribismo en Colombia
En tanto, Mantilla retoma la idea de un posturibismo, expresado en una crisis de liderazgo en el espectro de la derecha, y coincide con Bonilla en que uno de los factores se vincula a la emergencia de la extrema derecha encabezada por Abelardo de la Espriella: “Un elemento central de su narrativa es el tema de los militares y de intentar una mano dura al estilo Bukele (el presidente salvadoreño)”, destaca.
El politólogo sostiene que esto afecta especialmente al uribismo porque necesita “no perder su agenda de seguridad, pero ser capaz de conectar con sectores de centro. Y ahí, para ellos hay un dilema fuerte, entre seguridad y Derechos Humanos, que no han podido resolver y que los lleva, a veces, a ser ambiguos o ambivalentes”.
Leer también¿Hay una ola de derecha en América Latina?
“En América Latina es difícil vender la institucionalidad de un partido de cara a las elecciones”. Mantilla apunta que Uribe no tiene un sucesor claro ni un líder fuerte que pueda reemplazarlo. Desde esta perspectiva, la fragmentación del partido del expresidente en cuatro facciones internas es otro de los factores que caracteriza al “posturibismo”.
En el marco de la mencionada irrupción de De la Espriella con la agenda de “mano dura”, la politóloga indica que a la formación del exmandatario le cuesta tener un diferencial. Algo que también observa con respecto a las “conquistas sociales”, donde Gustavo Petro aparece como una referencia más sólida en la materia.
Leer tambiénLa reforma laboral en Colombia ya es ley: ABC de su entrada en vigencia
Dos líderes de Colombia
Cada uno en su esfera política, Gustavo Petro y Álvaro Uribe, construyeron una capacidad de liderazgo que, hasta ahora, no lograron alcanzar otros dirigentes en el país. Es, en parte, esa habilidad la que los lleva a ser figuras influyentes en los próximos comicios aunque no presenten sus candidaturas.
“Un político que llega a ser presidente siempre tiene una personalidad ególatra y autocentrada”, advierte Bonilla. Por su parte, Mantilla identifica un “mesianismo” que se cristaliza en “la idea de que vienen a limpiar la patria de enemigos distintos en cada caso: Uribe de la guerrilla y del comunismo, y Petro de la oligarquía que ha gobernado a Colombia durante 200 años”.
Mantilla también visualiza un “populismo que entiende a la división de poderes como un obstáculo” y que comprende a la política como una relación con el pueblo y no con los partidos. En el marco de este análisis, describe unos liderazgos tan fuertes, que son difíciles de reemplazar. Algo que ejemplifica con los perfiles de Petro y Cepeda: “Son estilos muy distintos y trayectorias bastante distintas”.
En la arena de la derecha, según la defensora de Derechos Humanos, Uribe tiene un estilo institucionalmente “disruptivo” que se puede ver en su desafío a los poderes públicos. En cambio, “Gustavo Petro es mucho más retórico, el estilo de su gobierno ha sido bastante espectacularista, pero también es verdad que a Uribe le tocó gobernar hace 20 años, donde las redes sociales no tenían los alcances de ahora, entonces es difícil compararlos”.
Representantes de una sociedad dividida
La fuerza de los liderazgos no tiene que ver solo con los atributos de ambos dirigentes. Tanto Petro como Uribe son la expresión de corrientes, ideas y pensamientos que circulan en la sociedad colombiana.
“Uribe representa un poco lo que ha sido Colombia y es ese orden conservador. En términos culturales y sociales, una sociedad clasista, machista, profundamente desigual, conservadora, que cree en el hombre que se hace a sí mismo. Fíjate, por ejemplo, que a Pablo Escobar también le llamaban el patrón”, manifiesta el doctor en criminología, y apela a un vínculo con el “capitalismo agrario y terrateniente”.
Las subdirectora la Fundación Paz y Reconciliación (Pares) coincide y apunta a los conceptos de “orden y la autoridad” como sostenes de los gobiernos de Uribe (2002-2010).
Leer tambiénÁlvaro Uribe: de popular líder de "mano firme" a expresidente condenado en un juicio penal
Con respecto a Petro, caracteriza que es una muestra de que un exguerrillero puede ser presidente por la vía democrática, gobernar y terminar su mandato sin un golpe. “Lo que durante mucho tiempo sustentó las FARC y estas historias era que en Colombia no hay democracia. Yo creo que Petro demuestra que en Colombia sí hay democracia y al final impulsa toda esta lógica de los nadies, de los que nunca tuvieron la oportunidad de gobernar y ahora sí la tienen, pero que además no están dispuestos o no quieren dejar de hacerlo”, concluye.
Leer tambiénColombia gira a la izquierda: Gustavo Petro gana la presidencia
La idea de “inclusión” también está presente en la reflexión de Bonilla y agrega la noción de “justicia social” porque “puso en la mesa las condiciones de desigualdad en Colombia, peleó con prácticamente todo el establecimiento y eso es lo que termina quedando de él en la historia”.
