NUEVA YORK, EE.UU./ SALUD DIGITAL.- Una nueva investigación de Nicholas Hedger, de la Universidad de Reading, y Tomas Knapen, vinculado al Instituto Neerlandés de Neurociencia y a la Universidad Libre de Ámsterdam, han explorado las profundidades de la percepción humana.
El estudio revela cómo el cerebro es capaz de traducir el entorno visual en una experiencia táctil.
Según los autores, este mecanismo de traducción no solo es una pieza clave de nuestra biología, sino que representa un área de desarrollo con un potencial clave para la evolución de la inteligencia artificial.
Según explican los investigadores, el punto de partida del estudio es una experiencia común, la reacción instintiva al ver a otra persona sufrir un percance, como un corte mientras cocina. En apenas milisegundos, el observador gesticula o retira la mano, una reacción física que nace de la activación de la corteza somatosensorial, el centro del tacto en nuestro propio cerebro.
Para tratar de comprender cómo el sentido del tacto se activa simplemente a través de la vista, los investigadores del Reino Unido, EE. UU. y los Países Bajos emplearon un método poco convencional: el análisis de la actividad cerebral de sujetos mientras veían fragmentos de películas de Hollywood, tales como La Red Social u Origen.
A través de este análisis de datos, Knapen y Hedger lograron mapear las estructuras subyacentes que permiten experimentar físicamente lo se ve. En neurociencia, los "mapas" cerebrales son formas de organizar la información; en la corteza somatosensorial, por ejemplo, existe una representación geográfica que va desde los pies hasta la cabeza.
Lo sorprendente de este hallazgo es la identificación de ocho mapas notablemente similares dentro de la corteza visual. La existencia de tal cantidad de representaciones corporales en el área de la visión sugiere que el cerebro vincula de forma directa y profunda lo que captan los ojos con lo que siente el cuerpo.
Más concretamente, estos mapas no son idénticos en función, sino que cada uno parece servir a un propósito distinto. Mientras algunos están especializados en identificar partes específicas del cuerpo, otros se dedican a situarlas con precisión en el espacio. Esta multiplicidad permite que, dependiendo del objetivo, el cerebro extrae información específica.
Por ejemplo, al observar a alguien tomar una taza de café, podemos centrar nuestra atención visual en la mano si queremos entender la acción, o en la postura y el rostro si buscamos interpretar su estado emocional.
Las implicaciones de este descubrimiento van más allá de la teoría y abren nuevas puertas en el ámbito clínico y tecnológico. En el área de la psicología social, estos hallazgos podrían ser fundamentales para comprender mejor trastornos como el autismo, donde el procesamiento de la información social y sensorial suele presentar dificultades. Identificar estos mecanismos cerebrales podría facilitar el desarrollo de tratamientos más precisos y personalizados.
