Cuando el científico chino He Jiankui anunció en 2018 que había creado los primeros bebés con genes modificados, el experimento fue condenado por considerarse imprudente y prematuro. He terminó en prisión.
Pero eso no ha frenado el impulso a favor de los embriones humanos modificados genéticamente, y la emprendedora biotecnológica Cathy Tie sostiene que hacerlo no solo es urgente, sino que es un "imperativo moral".
Tie, de 30 años, es la fundadora de Origin Genomics, una empresa que se puso en marcha en marzo con el objetivo de llevar embriones modificados genéticamente a las clínicas de fecundación in vitro. En un nuevo artículo publicado en la revista Trends in Genetics, aboga por la financiación pública y nuevas vías normativas para impulsar los bebés modificados genéticamente y, en última instancia, pasar a su uso clínico.
Sin embargo, persisten las dudas sobre qué pruebas necesitarán los investigadores para determinar si los embriones editados son lo suficientemente seguros como para intentar un embarazo humano, y qué riesgos podrían suponer para los recién nacidos.
"Hay casos que sirven de advertencia: primeros ensayos en humanos en los que no hubo ninguna señal de alarma y, aun así, algunas personas fallecieron", afirma Hank Greely, profesor de Derecho y director del Centro de Derecho y Biociencias de la Universidad de Stanford.
Qué sabemos de la edición genética
La denominada edición genética de la línea germinal consiste en modificar células implicadas en la reproducción humana, como los embriones. Cualquier cambio realizado podría transmitirse a futuras generaciones. Por ejemplo, eso podría significar corregir de forma definitiva una mutación genética devastadora. Sin embargo, las modificaciones accidentales del ADN en otras zonas, conocidas como "efectos fuera del objetivo", podrían introducir nuevos riesgos para la salud que también podrían transmitirse. Esos altos riesgos son parte del motivo por el que docenas de países han prohibido la edición genética de embriones humanos destinados al embarazo.
Las personas con riesgo de transmitir una enfermedad genética a sus hijos pueden recurrir a la fecundación in vitro (FIV) combinada con el cribado genético para identificar embriones libres de la enfermedad antes de su transferencia al útero. Los detractores de la edición de embriones argumentan que las herramientas de cribado reducen considerablemente la necesidad de recurrir a ella. Según Greely, la edición genética de embriones ayudaría a "una fracción de una fracción de una fracción".
El inconveniente del enfoque actual es que la FIV es ineficaz; puede resultar difícil obtener embriones viables, incluso para personas sin riesgo de padecer una enfermedad hereditaria. Ian Watts y Cheyenne Ziegler se sometieron a tres ciclos de FIV en su intento de tener hijos que no portaran la variante genética responsable de la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth de Watts, un trastorno neurológico degenerativo que afecta a la motricidad fina y a la movilidad. En cualquier ciclo de FIV, es habitual que los óvulos no se fecunden, y los que lo hacen a menudo se detienen en su desarrollo o presentan anomalías cromosómicas. Añadir cribados adicionales para detectar enfermedades implica que algunos embriones viables tampoco superan el filtro.
En el caso de Watts y Ziegler, tres ciclos de FIV han dado lugar a ocho embriones cromosómicamente normales, pero solo tres carecen de la variante de Watts. Es probable que esos tres embriones no sean suficientes para que la pareja tenga los tres o cuatro hijos que esperan tener algún día.
"Actualmente, las opciones son no tener hijos o someterse a varios ciclos de FIV", argumenta Watts, un ingeniero de 36 años de Long Beach, California. La edición genética podría ofrecer a personas como él más oportunidades de formar una familia en el futuro. También podría ayudar a parejas en situaciones extremadamente raras en las que todos los embriones heredarían una mutación causante de una enfermedad, como en el caso de parejas en las que ambos miembros tienen dos copias de una variante perjudicial.

