Durante décadas, la isla de Sazan fue uno de los lugares más inaccesibles y preservados de Albania. Situada entre los mares Adriático y Jónico, frente a la costa sur del país, este territorio de unas 1.400 hectáreas permaneció prácticamente deshabitado tras el fin del régimen comunista, que la utilizó como base militar estratégica.
Rodeada de aguas cristalinas, vegetación mediterránea y paisajes rocosos, Sazan forma parte de uno de los entornos naturales más valiosos del país. Su ubicación, además, la sitúa cerca de la laguna de Narta y del área protegida de Vjosa-Narta, un ecosistema clave para aves migratorias, tortugas marinas y otras especies protegidas.
Ese carácter virgen y aislado fue precisamente lo que cautivó a Ivanka Trump y a su esposo, Jared Kushner. Según ha relatado la propia hija del presidente estadounidense Donald Trump, descubrieron la isla por casualidad durante una excursión en barco. Tras nadar hasta la costa y recorrerla descalzos, quedaron fascinados con el lugar. Dos años después, ese descubrimiento se ha convertido en uno de los proyectos inmobiliarios más polémicos de Europa.
Pero ahora, los Trump apuntan allí a un proyecto turístico que transformaría Sazan.
Los planes impulsados por inversores vinculados a Kushner contemplan la construcción de un gran complejo turístico de lujo en Sazan y otro desarrollo urbanístico en la cercana zona costera de Zvernec, junto a la laguna de Narta.
El proyecto incluiría hoteles, villas, apartamentos exclusivos, instalaciones recreativas y un puerto deportivo destinado al turismo de alto poder adquisitivo. Algunas estimaciones apuntan a que el desarrollo podría incorporar hasta 10.000 habitaciones y convertir la zona en un nuevo destino internacional de lujo.
Para facilitar la iniciativa, el Gobierno albanés otorgó a una empresa vinculada a los promotores la categoría de "inversor estratégico", una figura que acelera trámites administrativos y facilita la coordinación con distintas instituciones estatales.
Aunque las autoridades aseguran que todavía no existe un acuerdo definitivo sobre la isla de Sazan, el proyecto ha avanzado en las fases preparatorias y cuenta con el respaldo explícito del Ejecutivo.
Leer tambiénDemócratas acusan a Trump de corrupción en mercado bursátil
Entre el turismo de lujo y las preocupaciones ambientales
El primer ministro albanés, Edi Rama, ha defendido públicamente la inversión como una oportunidad histórica para transformar la economía del país.
Albania posee cerca de 450 kilómetros de costa que permanecieron relativamente poco urbanizados durante gran parte del siglo XX. El Gobierno considera que el desarrollo de infraestructuras turísticas de alto nivel puede acelerar la llegada de inversión extranjera, generar empleo y consolidar la imagen internacional del país en momentos en que busca reforzar sus vínculos con la Unión Europea.
Rama ha insistido en que Albania no debe mostrarse hostil hacia grandes inversores internacionales y ha reiterado que el proyecto seguirá adelante pese a las críticas. Según sus declaraciones más recientes, la inversión total vinculada al desarrollo podría alcanzar los 4.000 millones de euros.
Sin embargo, el proyecto ha generado una fuerte oposición entre organizaciones ecologistas albanesas e internacionales.
La principal preocupación radica en que parte de las obras se desarrollan dentro o junto a áreas protegidas de gran valor ecológico. La zona de Vjosa-Narta constituye uno de los humedales más importantes de los Balcanes y una escala fundamental para miles de aves migratorias que atraviesan la costa adriática.
Los ambientalistas alertan de que la urbanización podría afectar playas vírgenes, hábitats protegidos y corredores naturales utilizados por numerosas especies. Entre las imágenes que se han convertido en símbolo de las protestas destacan las figuras de flamencos rosados que los manifestantes exhiben en referencia a una de las especies emblemáticas del humedal.
La preocupación aumentó después de que excavadoras y maquinaria pesada comenzaran trabajos preliminares, incluyendo apertura de caminos, movimientos de arena y despeje de terrenos.
Diversas organizaciones denuncian que algunos ecosistemas podrían sufrir daños irreversibles si el proyecto continúa según lo previsto.
Leer también¿El plan de Trump para Gaza?: ciudades con IA, islas artificiales y ganancias colosales
Protestas, enfrentamientos y creciente tensión social
La oposición al proyecto se ha intensificado durante las últimas semanas.
Miles de personas han participado en manifestaciones en Tirana y otras localidades para exigir la paralización de las obras. Los manifestantes sostienen que una parte importante del patrimonio natural del país está siendo sacrificada en favor de intereses inmobiliarios privados.
Las protestas se agravaron tras la instalación de alambradas y vallas que restringían el acceso a determinadas zonas costeras. Videos difundidos en redes sociales mostraron enfrentamientos entre activistas y personal de seguridad privada, así como escenas de manifestantes siendo retirados por la fuerza.
Posteriormente, las movilizaciones llegaron a la capital albanesa, donde los participantes exhibieron pancartas con mensajes como "La nación no está en venta" y "No quiero que Albania se convierta en Dubái".
Los enfrentamientos han derivado en detenciones, heridos y episodios de violencia que reflejan el creciente nivel de polarización que rodea al proyecto.
Dudas sobre la transparencia y la propiedad de los terrenos
Más allá de las preocupaciones ambientales, la iniciativa también ha despertado interrogantes sobre la legalidad y transparencia de algunos procedimientos.
Varias familias y grupos locales sostienen que parte de los terrenos involucrados están sujetos a disputas de propiedad que se remontan a la caída del régimen comunista en la década de 1990. Como ocurre en numerosas zonas de Albania, aún existen reclamaciones pendientes relacionadas con bienes expropiados durante aquella etapa.
Además, organizaciones civiles han cuestionado la falta de información pública sobre la estructura financiera del proyecto y la identidad exacta de algunos de los inversores implicados.
Estas dudas han contribuido a alimentar las críticas y a ampliar el rechazo más allá de los colectivos ecologistas.
La Fiscalía Especial Anticorrupción de Albania confirmó la apertura de una investigación relacionada con el proyecto. Aunque no ha revelado detalles concretos, medios locales señalan que las pesquisas examinan posibles irregularidades en los cambios realizados al régimen de protección ambiental de la zona, así como los procedimientos utilizados para la adjudicación de terrenos y el origen de algunos fondos empleados en las operaciones.
Por el momento no se han formulado acusaciones, pero la existencia de una investigación oficial añade una nueva dimensión a un proyecto que ya se ha convertido en uno de los asuntos políticos y ambientales más sensibles del país.
Un símbolo del debate sobre el futuro de Albania
La disputa en torno a Sazan va mucho más allá de una simple inversión inmobiliaria. Para sus defensores, representa una oportunidad para atraer capital internacional y situar a Albania en el mapa del turismo de lujo mundial.
Para sus detractores, en cambio, simboliza el riesgo de que uno de los últimos espacios costeros vírgenes del Mediterráneo termine transformado por grandes desarrollos urbanísticos impulsados por intereses económicos externos.
Mientras las obras preliminares avanzan y las protestas continúan, la antigua isla militar se ha convertido en el escenario de un debate más amplio sobre cómo equilibrar crecimiento económico, protección ambiental y transparencia institucional en uno de los países que más rápidamente está transformando su litoral.
Con AP y AFP
