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Es sábado por la tarde en HARD Summer 2026 y hace un calor infernal. Pero esto no impide que las cerca de 25.000 personas reunidas frente al escenario más grande del festival se entreguen a la fiesta.
En el escenario, el DJ y productor Bolo está detrás de las tornamesas. A sus espaldas, varias personas trabajan en una parrilla instalada como parte de la escenografía, mientras un hombre se monta en una bicicleta lowrider y otro levanta pesas al ritmo de la música. También aparece el rapero mexicoestadounidense OhGeesy, mientras varias mujeres bailan en bikini con estampado de la bandera mexicana.
Después de su presentación, Bolo dice a Billboard que el show buscaba “traer esa vibra chicana del patio trasero — como la de una carne asada casual — y mostrar todas las culturas diferentes. Tuvimos colombianos en el escenario, puertorriqueños y mexicanos”.
En el sur de California, un bastión natural de los amantes de la música dance latina, es probable que el público haya sido igual de diverso. Según un informe de 2026 del Instituto de Políticas Públicas de California, 41% de los californianos son latinos y 51,5% de los menores de 24 años pertenecen a ese grupo. Bolo también formó parte de un cartel de HARD Summer que incluyó a artistas latinos como Kali Uchis, Bianca Oblivion, Tokischa y Nick León.
El público está respondiendo. Hace dos semana, Bolo agotó tres noches en el Hollywood Palladium de Los Ángeles; vendió 10.800 entradas para sus shows de noviembre en menos de un día. Su evento diurno, Bolo’s Block Party, llegará a Sacramento, San Francisco, San Diego y Phoenix entre septiembre y octubre, mientras continúa con una gira de 32 fechas por Estados Unidos, que incluye festivales y presentaciones propias en clubes hasta diciembre.
Con sus producciones que fusionan house y tech house con géneros latinos tradicionales, Bolo dice que colaboraciones más grandes, como una posible canción con Becky G, “se sienten al alcance”.
Su creciente negocio también incluye tres lanzamientos de mercancía en 2026. Muchas de esas piezas estuvieron disponibles en su primera tienda pop-up “Bolo’s Bodega”, que abrió el día antes de su presentación en HARD Summer. Unas 2.000 personas pasaron por el lugar. Mientras tanto, su sello discográfico, Vibraza Records, fue creado el año pasado para lanzar la música de Bolo y la de otros productores latinos.
“Ahora mismo hay una gran ola de música dance latina”, dice Bolo desde el backstage de HARD Summer, una suite de palcos del SoFi Stadium que fue acondicionada como camerino. “La visión es crear oportunidades y espacios para el nuevo talento latino, porque hay muchísimos artistas latinos increíbles por ahí… Mi objetivo con el proyecto de Bolo es crear algo más grande que Bolo”.
Su creciente visibilidad es significativa en un espacio en el que, como explica su agente en UTA, Ben Hogan (quien representa a Bolo junto con Chase Caskey) “no hay muchos artistas que estén teniendo éxito comercial y que realmente vengan de esta cultura”. Aunque productores como Hugel, Diplo y Marshmello han hecho canciones latinas, ninguno de ellos es latino. Por eso, continúa Hogan, “obviamente Bolo se va a convertir en uno de los grandes impulsores de la escena, porque forma parte de la cultura de una manera muy auténtica”.
Bolo, cuyo verdadero nombre es Edgar Avalos, estudió marketing en la Universidad Estatal de Sonoma y también tiene un gran conocimiento sobre la creación de marcas. Ha utilizado esas habilidades para desarrollar listas de correo electrónico y comunidades en redes sociales que ayudaron a impulsar su despegue.
“Yo dije: ‘Oigan, latinos, los estoy llamando a todos’”, recuerda sobre el mensaje que publicó en sus redes antes de su primera presentación importante en un festival, en Beyond Wonderland, en el sur de California, en 2024. “Era como decirles: ‘Necesito que vengan’”.
La estrategia funcionó: unas 8.500 personas llenaron un espacio que normalmente tenía capacidad para 1.000. “Todos los ravers latinos empezaron a aparecer”, cuenta. “Y terminé ocupando ese lugar en el que la gente me veía como el chico latino de la música house”.
Bolo nació en Jalisco, hijo de una madre soltera de 16 años que pertenecía a una “familia mexicana enorme”. Poco después de su nacimiento, madre e hijo se mudaron a Napa Valley, California, una zona con una gran población latina donde Bolo creció.
De niño, Bolo observaba al artista local DJ Shaggy, quien musicalizaba las bodas, quinceañeras y graduaciones de su familia. El joven solía quedarse cerca de las tornamesas. Cuando tenía 14 años, Shaggy le preguntó si quería aprender el oficio. Bolo pasó un año como aprendiz: cargaba cajas, enrollaba cables y practicaba en las tornamesas de Shaggy. Finalmente, Shaggy le dio la oportunidad de tocar frente a un público, “el momento para el que había estado practicando”, recuerda.
Su set salió muy bien… hasta que la tornamesa falló, la música se detuvo y un hombre en la pista empezó a gritar: “Oigan, ¡que alguien saque a ese niño del escenario!”, Bolo recuerda. “Quedé traumatizado. Pensé: ‘¿Saben qué? Tal vez esto no es para mí’”.
A partir de entonces, la música fue algo que disfrutaba desde el público, luego que sus primos mayores comenzaron a llevarlo a festivales como Coachella y HARD Summer. “Ellos me introdujeron al reggaetón y a la música rave”, dice. Uno de sus artistas favoritos era el DJ y productor mexicoamericano Deorro, quien — junto con actos como el trío mexicano 3BallMTY, pioneros del género tribal guarachero — era uno de los pocos DJs latinos presentes en el circuito comercial.
Pero fue una presentación de Diplo y Dillon Francis en HARD Summer 2018 la que, según Bolo, le “voló la cabeza”. Esa edición del festival se realizó en una pista de carreras del Inland Empire, y el dúo salió al escenario con trajes de piloto mientras un auto de NASCAR formaba parte de la escenografía.
Al ver ese show, Bolo entendió que ser DJ no consistía solamente en tocar en bodas y cumpleaños, sino también en participar en grandes producciones donde “las personas que están en el escenario hacen bailar a decenas de miles de personas”. Él quería formar parte de eso. En ese momento, señala, había “una pequeña ola de música house” en el campus de Sonoma State. Pero su formación estaba en el reggaetón, el hip-hop, la cumbia y la salsa. “Había muchos DJs de house en la universidad, pero nadie estaba tocando música latina”.
Bolo comenzó a hacer sets que combinaban ambos mundos y creó, junto con otros artistas, un colectivo de DJs que tocaba en bares locales. Cuando llegó la pandemia, aprendió por su cuenta a producir música en Ableton desde su habitación universitaria. Al darse cuenta de que las verdaderas oportunidades estaban en una ciudad más grande, se mudó a San Diego después de graduarse. Allí tocaba música house en los espacios dance de la ciudad y hacía sets de formato abierto en clubes de hip-hop.
Pero como los clubes de hip-hop lo veían como un DJ de música dance y la escena house lo veía como alguien del hip-hop, entendió que tenía que apostarle por completo a uno de los dos mundos. Entonces mezcló los remixes de reggaetón que había estado haciendo con house y, de repente, encontró un sonido propio.
Fue por esa época cuando conoció a Sal Moreno, quien llevaba 20 años organizando fiestas en Los Ángeles y había creado el evento itinerante Reggaetón Rave en 2021. Moreno le escribió a Bolo por mensaje directo a propósito de un remix que había hecho y publicado, y le preguntó si podía usarlo en un video promocional de Reggaetón Rave.
“Le dije: ‘Sí, claro. Aquí tienes un montón de remixes. Elige el que quieras. A cambio, ¿puedo tocar como DJ en una de estas fiestas?’”, cuenta Bolo. Al mes siguiente ya estaba en el escenario de Reggaetón Rave. Allí descubrió que “el público era perfecto para mí, porque era una mezcla de latinos y fans de la música dance. Así pude presentar el sonido que llevaba tiempo tratando de desarrollar”.
Como buen especialista en marketing, también comenzó a recopilar correos electrónicos para su lista de contactos mientras tocaba en eventos por todo el sur de California y otras partes del país. “Básicamente le pregunté: ‘¿Puedo usar tu plataforma para construir una audiencia?’”, dice Bolo. “Y Sal me respondió: ‘Amigo, sin problema, siempre y cuando me ayudes a hacer que la gente venga y hagas un buen set’”.
Su gran oportunidad llegó en 2024, cuando — como mencionó antes — lo contrataron para tocar en un art car de Beyond Wonderland y convocó a “todos mis ravers latinos”. Aunque la multitud fue enorme, en su oficina no apreciaron que haya faltado a su trabajo el viernes de su presentación. Le dijeron que tenía que elegir entre su empleo y ser DJ. En casa, su novia también le recalcó la importancia de tener un salario y buenos beneficios.
“¿Y saben qué hice?”, dice. “Llamé a mi mamá. Ella es mi mayor apoyo y me dijo: ‘Mijo, si necesitas algo, múdate conmigo y no pagues renta. Haz lo que tengas que hacer. Persigue tu sueño’”.
Bolo dejó su trabajo de oficina. No fue fácil: mientras continuaba tocando en las fiestas de Reggaetón Rave, llegó a considerar seriamente manejar para Uber para conseguir dinero extra. Pero Moreno le dijo que podían convertirlo en un artista principal y se ofreció a representarlo. Juntos enviaron la noticia a la extensa lista de contactos que Bolo ya había construido: comenzaría a ofrecer sus propios shows. Las presentaciones comenzaron a agotarse. Ahora, su mamá lo acompaña cuando toca cerca de Napa. “Literalmente empieza a llorar en el escenario”, dice. “Ella es mi reina, de verdad. Hago todo esto por ella”.
En la primavera de 2025, Bolo firmó con UTA y con Hogan, quien observaba atentamente mientras unas 40.000 personas asistían a la presentación de Bolo a las 4 p.m. (hora local) en Beyond Wonderland 2025. “Cuando ves momentos así en el circuito de festivales”, dice Hogan, “sabes que se van a convertir en actos principales”.
El crecimiento de la música latina en general durante los últimos años — que ha llegado a los niveles más altos del entretenimiento estadounidense, como demuestra la presentación de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl de 2026 y el hecho de que Karol G se convirtiera en la primera mujer latina en encabezar Coachella en abril — ha generado la sensación de que la escena dance nacional está lista para una explosión de música electrónica latina.
“La costa oeste [estadounidense] y el sur de California son las mecas y los lugares donde la población es enorme y donde el sonido tiene sus raíces”, dice Hogan. “Pero Bolo ha construido un negocio de giras a nivel nacional. Hay muchos mercados secundarios en los que le va increíblemente bien y que uno no necesariamente asociaría con la música latina. A estas alturas, es un género nacional”.
Y no solo en el caso de Bolo. El creciente roster de artistas latinos de Hogan — Deorro, Rommii y Juos — también está creciendo al mismo tiempo.
“He escuchado de Deorro que, cuando estaba empezando, realmente no había muchos colegas latinos a los que pudiera recurrir o con quienes pudiera trabajar para hacer ruido”, dice Bolo. “Ahora tenemos toda una comunidad de talento emergente”.
Hogan también está trabajando con Moreno en la contratación de artistas para Reggaetón Rave y para otra fiesta itinerante de música dance latina, Gasolina, que tendrá eventos en 19 ciudades de Estados Unidos hasta finales de octubre. “Esos eventos también están viviendo un momento explosivo: están agotando entradas en mercados como Nueva Orleans y Pensacola”, dice Hogan. “Cuando ves la explosión de estas fiestas, sabes que se viene algo grande. Muchos de estos DJs latinos están justo en el punto de despegue”.
De vuelta en su camerino, Bolo admite que siente algo de presión “ahora que la gente espera que represente a la comunidad”, pero añade que no podría estar más agradecido de llevar la vibra de una carne asada al mundo del rave.
“La razón por la que he podido conectar con la gente es que no soy diferente a la mitad del público que está ahí afuera”, dice. “Soy simplemente otro chico latino que creció en California. Siento que ellos se ven reflejados en mí”.

