Michelle Bixby / Penn State
LONDRES, INGLATERRA/ DIARIO DE SALUD.- Durante décadas, el diagnóstico del alzhéimer ha llegado cuando los síntomas ya son evidentes. Pero dos nuevas investigaciones sugieren que ese escenario podría cambiar en los próximos años.
Los estudios, publicados este viernes en la revista científica The Lancet, muestran avances en la detección temprana de la enfermedad mediante análisis de sangre y nuevas técnicas de neuroimagen capaces de identificar alteraciones biológicas asociadas al alzhéimer incluso antes de que aparezcan signos claros de deterioro cognitivo.
La posibilidad de detectar la enfermedad en fases silenciosas es considerada por muchos especialistas como uno de los mayores objetivos actuales en la lucha contra el alzhéimer, la forma más frecuente de demencia en el mundo.
Sin embargo, el avance científico también abre interrogantes complejos: ¿deberían someterse personas sanas a pruebas de detección? ¿Qué ocurriría con quienes obtengan resultados positivos sin desarrollar nunca la enfermedad?
Uno de los trabajos fue liderado por la doctora Kristine Yaffe, de la Universidad de California en San Francisco. Su equipo analizó muestras de sangre de 1.350 personas de entre 56 y 69 años que llevaban más de tres décadas siendo monitoreadas y que no presentaban síntomas evidentes de demencia.
Los investigadores utilizaron pruebas aprobadas para medir dos proteínas estrechamente vinculadas al alzhéimer: la beta-amiloide y la tau.
Los resultados mostraron que aproximadamente el 6 % de los participantes ya presentaba alteraciones moleculares asociadas a la enfermedad pese a no haber recibido ningún diagnóstico.
Además, esas personas mostraban señales sutiles de deterioro en áreas como la memoria verbal y la velocidad de procesamiento cognitivo.
Según los autores, estos hallazgos refuerzan la posibilidad de intervenir antes de que aparezcan síntomas clínicos mediante cambios en el estilo de vida o con los nuevos tratamientos disponibles.
Actualmente, medicamentos como lecanemab y donanemab han demostrado retrasar modestamente la progresión del alzhéimer, aunque no logran detener ni revertir la enfermedad.
El segundo estudio exploró una vía diferente.
Investigadores de Estados Unidos y Canadá evaluaron una nueva técnica de tomografía por emisión de positrones (PET) utilizando un trazador experimental denominado MK6240, desarrollado por la compañía estadounidense Lantheus.
El ensayo incluyó cerca de 700 participantes y mostró que esta tecnología puede detectar acumulaciones tempranas de proteína tau —uno de los marcadores más importantes del alzhéimer— antes que algunos métodos diagnósticos convencionales.
Los científicos consideran que esta capacidad podría mejorar la identificación de personas en fases muy tempranas de la enfermedad.
A pesar del entusiasmo generado por los resultados, diversos especialistas llaman a la prudencia.
Anna Rosenberg y Tiia Ngandu, investigadoras del Instituto de Salud y Bienestar de Finlandia, advierten en un comentario publicado junto a los estudios que el valor predictivo de estos biomarcadores disminuye cuanto más joven es la persona evaluada.
Por ello consideran que, por ahora, las pruebas no son adecuadas para programas de cribado poblacional a gran escala.
El principal problema es que la presencia de biomarcadores no garantiza que una persona desarrollará demencia.
"El siguiente paso será determinar cuántas de estas personas terminan desarrollando la enfermedad", señalan las investigadoras.
Una posición similar mantiene Pascual Sánchez Juan, director científico de la Fundación CIEN y especialista en demencias.
El neurólogo considera especialmente relevante que el estudio se haya realizado en personas con una edad promedio de apenas 61 años, algo poco habitual en este campo.
No obstante, advierte que actualmente no existe evidencia suficiente para recomendar pruebas diagnósticas en personas sanas sin síntomas.
"Como no disponemos todavía de tratamientos capaces de revertir el curso de la enfermedad, estos análisis no estarían justificados fuera de la investigación", sostiene.
Por su parte, Juan Fortea, neurólogo del Hospital Sant Pau de Barcelona y coautor del segundo estudio, considera que la neurología está entrando en una etapa de transformación impulsada por los biomarcadores sanguíneos y los nuevos medicamentos.
Según explica, el futuro podría pasar por desarrollar herramientas similares a las calculadoras de riesgo cardiovascular, capaces de estimar la probabilidad individual de desarrollar alzhéimer.
Si esos modelos demuestran utilidad clínica y los tratamientos tempranos resultan efectivos, las estrategias de detección podrían ampliarse significativamente.
Mientras tanto, organizaciones científicas continúan observando con cautela estos avances.
La Sociedad Española de Neurología estima que más de la mitad de los casos leves de alzhéimer permanecen sin diagnosticar y que el tiempo entre los primeros síntomas y el diagnóstico puede superar los dos años.
Para muchos expertos, reducir ese retraso podría convertirse en una de las herramientas más importantes para enfrentar una enfermedad que afecta a unos 50 millones de personas en todo el mundo.
