La inflación mensual en Argentina subió al 2,9% en enero y marcó el quinto mes consecutivo de alzas en esta comparación, mientras la tasa interanual se aceleró al 32,4%, una décima más que en diciembre. La postergación de un nuevo método de medición y la renuncia del titular del instituto de estadísticas tensionan la confianza en los datos y ponen presión sobre el Gobierno.
El dato mensual de la inflación en Argentina fue el nivel más alto desde agosto pasado y encadenó cinco meses consecutivos de subidas, informó este martes 10 de febrero el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
El dato de 2,9% representa un leve incremento frente al 2,8% de diciembre y se distancia sustancialmente del 1,9% registrado en agosto del año pasado, cuando el proceso de desinflación parecía más constante.
El avance de los precios estuvo impulsado principalmente por los rubros de alimentos y bebidas, restaurantes y hoteles, en un contexto de recomposición de tarifas y ajustes relativos que continúan impactando el bolsillo de los argentinos, aunque en menor velocidad.
“Consolida una tendencia a la aceleración que arranca en agosto, no es un buen número”, señaló a la AFP la economista Elisabet Bacigalupo, de la consultora ABECEB. La especialista subrayó que la inflación interanual también muestra señales de repunte desde hace dos meses, pese a seguir en niveles significativamente más bajos que los observados en años recientes.
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Sin embargo, en las calles hay opiniones encontradas, mientras algunos aseguran que todavía ven un reto alto en cómo se mueven los precios en el país, otros consideran que pese a las recientes alzas, el camino por recorrer para ahogar la inflación es cada vez menor.
"Creo que, en general, las cosas mantienen sus precios. Lo digo desde mi posición como tendero y también como consumidor. Algunas cosas mantienen más sus precios, otras menos. No se ven muchos ajustes de precio; algunas listas de precios cambian. Así que, bueno, creo que las cosas van más o menos por buen camino”, dijo a la agencia Reuters Mirta Andrasmik, una tendera de Buenos Aires.
Polémica por medición de la inflación
El dato llega en un momento de tensión institucional para el Indec, luego que la semana pasada renunciara su titular, Marco Lavagna, quien estuvo en desacuerdo con la decisión del Gobierno de postergar la implementación de un nuevo método de medición del índice de precios, elaborado con asistencia del Fondo Monetario Internacional y basado en una actualización de la canasta de consumo.
Actualmente, el IPC se calcula con ponderaciones derivadas de encuestas de gasto de más de dos décadas, que ya no reflejan los patrones de consumo de los hogares argentinos.
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El nuevo índice estaba previsto para entrar en vigor a mediados de 2025 y, según explicó el ministro de Economía, Luis Caputo, Lavagna aspiraba a publicar el dato de enero bajo esa nueva metodología.
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Sin embargo, el presidente Javier Milei y su equipo económico consideraron que el cambio debía realizarse una vez que el proceso de desinflación estuviera “totalmente consolidado”.
La decisión y la salida abrupta de Lavagna impactaron en la percepción pública sobre la independencia y credibilidad de las estadísticas oficiales, pero también crecieron las dudas sobre los exitosos resultados inflacionarios de la Administración de Milei, pues aunque los datos de IPC que registra hoy Argentina son mucho menores que los que se veían en el Gobierno del izquierdista Alberto Fernández, la crisis económica no se estabiliza del todo en las calles del país del Cono Sur. Otros, están de acuerdo con el argumento de Milei para no implementar el nuevo formato de medición:
“Y creo que, bueno, Lavagna quiere ser honesto con lo que hace, y el presidente (Javier Milei) quiere mantener la continuidad para que las cosas sean comparables, porque si en medio cambiamos, medimos en yardas y luego en pulgadas y sumamos y restamos, Recibimos cualquier cosa”, aseguró el trabajador independiente Atilio Rugomyi, a la agencia Reuters.
Sin embargo, aunque las críticas son fuertes para el Gobierno, algunos analistas aseguran que la adopción del nuevo método no habría arrojado una inflación más alta sino que, en cambio, podría haber sido levemente menor.
Pese a la aceleración reciente, la inflación muestra una fuerte desaceleración en perspectiva histórica. Tras cerrar 2023 en el 211,4% interanual, luego de la devaluación inicial del peso bajo el nuevo Gobierno, el indicador cayó al 31,5% en 2025, su nivel más bajo en ocho años, antes de repuntar nuevamente en el arranque de 2026.
Con información de AFP y Reuters.
