Aunque su nombre no aparece en la papeleta electoral del próximo 3 de noviembre, Donald Trump se ha convertido en el protagonista de la campaña política de las midterms, que servirán no solo para renovar la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, sino también como un examen a la gestión del presidente a medio camino de su mandato.
Desde que juró el cargo como presidente el 20 de enero de 2025, el republicano ha ordenado una guerra contra Irán, una ofensiva arancelaria mundial, una operación para derrocar al líder chavista Nicolás Maduro, una cruzada contra los órganos multilarerales globales —desde la ONU hasta la OTAN—, un programa para pulverizar los objetivos climáticos, un recorte abrupto de las entidades gubernamentales y una persecución contra los migrantes en situación irregular.
Después de todo ello, los votantes deberán elegir si apoyan al Partido Republicano, lo que daría más margen de maniobra al presidente para continuar con sus políticas, o si respaldan al Partido Demócrata, que llega a las urnas con el antitrumpismo en el ADN de su campaña.
Trump deberá remar contra la corriente de la historia, ya que el partido gobernante de turno pierde en promedio 27 escaños en la Cámara de Representantes y 3 en el Senado, según un recuento de The American Presidency Project, de la Universidad de California, que tiene en cuenta todas las midterms entre 1934 y 2022.
Las elecciones de mitad de mandato "han sido históricamente una especie de boleta de evaluación de la gestión del Gobierno", según Maria Isabel Puerta, profesora de Ciencia Política en Valencia College y doctora en Ciencias Sociales.
En palabras del analista político Rodrigo Balvanera, son una herramienta "para que los electores cobren los errores que ha cometido el Ejecutivo a través de las elecciones legislativas". Balvanera destaca a France 24 que las únicas votaciones intermedias que ha ganado un partido gobernante en las últimas décadas fueron las de 2002, cuando los republicanos obtuvieron ocho escaños más en la Cámara de Representantes y dos más en el Senado.
"Fueron elecciones muy atípicas porque estaban muy recientes los atentados terroristas del 11S y, por tanto, la mayoría de la gente apoyó a George Bush en sus decisiones, sobre todo en política exterior", explica el analista.
El único antecedente similar ocurrió bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt en 1934, cuando los demócratas sumaron nueve escaños en cada cámara, mientras que bajo la Administración de Bill Clinton, los demócratas aumentaron cuatro escaños en la Cámara de Representantes, pero se mantuvieron igual en el Senado.
Bajo este precedente, el resultado de las elecciones del 3 de noviembre debería interpretarse en función de la ventaja que saquen los demócratas a los republicanos antes que en una victoria simple, con especial incidencia en el Senado, donde el partido opositor necesita aumentar cuatro curules para dominar ese órgano.
En la Cámara de Representantes, las encuestas muestran una tendencia más clara que da por sentado el regreso a una mayoría demócrata. De momento, el Partido Republicano mantiene una mayoría en ambas cámaras del Congreso.
La economía bajo escrutinio en las urnas
"La economía, la inflación, el costo de la vida y los altos precios de los combustibles son los principales problemas de la mayoría de los ciudadanos en este país", señala a France 24 la politóloga Maria Isabel Puerta desde Orlando (Florida), amparada en encuestas recientes como las de la agencia AP-NORC o el Pew Research Center, que estiman que más del 80 % de los votantes consideran la economía como una de las preocupaciones más importantes.
"La mayoría de ciudadanos vota con la cartera", sintetiza Rodrigo Balvanera, antes de señalar que el grueso de estos sufragantes "no entran a los periódicos a leer los datos macroeconómicos, sino que buscan atajos mentales, como el precio de la gasolina", siempre presente en los letreros luminosos y cambiantes de las carreteras estadounidenses.
El analista menciona "dos decisiones de política pública" de la Administración Trump que han afectado el precio de la gasolina: la guerra en Irán —y el consecuente cierre del estrecho de Ormuz— y las tarifas o aranceles impuestos por el republicano, "que han tenido un efecto inflacionario".
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Trump parece consciente del peso que tiene el costo de vida en las urnas, ya que en las últimas semanas ha ejecutado múltiples intentos por abaratar el combustible. El mandatario ha presionado a Ucrania para que cese los ataques contra las refinerías de petróleo rusas y ha firmado un acuerdo con el presidente Vladmimir Putín —pese a las sanciones impuestas por Occidente por su invasión a Ucrania— para la liberación de 300.000 toneladas de diésel.
El precio de la gasolina en EE. UU. ha pasado de cotizarse a 3 dólares por galón al comienzo del Gobierno de Trump a los 4,3 dólares en la antesala de las midterms.
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Una política migratoria controversial pero útil para los republicanos
La persecución y deportación de migrantes en situación irregular constituyeron una de las estampas más representativas del comienzo de la Adminitración Trump. Las imágenes de las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que mostraban agentes enmascarados arrestando a migrantes en los barrios, tribunales o zonas industriales, se viralizaron a través de la prensa y las redes sociales.
Esta situación provocó una tensión social insostenible que derivó en múltiples incidentes de violencia armada, en los que incluso ciudadanos estadounidenses murieron a manos del Estado, como la escritora y madre Renée Nicole Good o el enfermero Alex Pretti, cuyos asesinatos causaron una ola de indignación y protestas en Minneapolis (Minnesota).
Desde entonces, la labor del ICE ha sido mucho más discreta, aunque no por ello menos efectiva. En agosto de 2026, este órgano rompió un récord de arrestos con casi 51.000 —1.600 cada día— gracias a las alianzas con instituciones locales de seguridad.
Al margen de la condena nacional y global por la violencia policial del ICE, "las encuestas muestran que los temas en los que mejor aprobados están los republicanos están vinculados con la migración", explica el analista Rodrigo Balvanera, en alusión a sondeos como el de Harvard CAPS/Harris publicado en septiembre o la medición de AP publicada en octubre, que revelan que cerca de la mitad de la población aprueba la gestión en seguridad fronteriza del Gobierno Trump.
Eso sí, aunque la política migratoria de Trump puede movilizar a la base del electorado del Partido Republicano, ese entusiasmo parece reducirse en los ciudadanos extranjeros que respaldaron al movimiento MAGA en las elecciones presidenciales de 2024, según advierten los analistas.
"Uno de cada cuatro votantes latinos que eligieron a Trump hace dos años se arrepiente de haber votado por él", remarca Balvanera, tal como lo evidencia una encuesta publicada en mayo por UnidosUS, una organización que defiende los derechos civiles de la población latinoamericana en EE. UU.
Los demócratas quieren capitalizar esta desilusión de los migrantes que apoyaron a Trump en las presidenciales. En Arizona, donde un tercio de la población es de raíces hispanas, la oposición ha multiplicado las acciones de campaña puerta a puerta para captar el respaldo del voto latino.
"Los votantes latinos son el electorado que más creció en los últimos dos años, principalmente por los nuevos votantes jóvenes", destaca Balvanera.
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El rumbo del Partido Republicano
Si las elecciones de mitad de mandato son vistas como un termómetro del respaldo ciudadano a la gestión de Donald Trump, los resultados pueden moldear la estrategia del Partido Republicano con vista a las elecciones presidenciales de 2028.
Los analistas consultados por France 24 coinciden en que "Trump ha entrado en la fase del lame duck [o pato cojo, en español]", un término usado en política estadounidense para describir el debilitamiento que sufre un mandatario en la recta final de su periodo.
"Luego de las elecciones, veremos cómo quienes aspiran a liderar el Partido Republicano comienzan a desmarcarse de Trump, algo que pocos están haciendo en este momento", vaticina la politóloga Maria Isabel Puerta.
En la misma línea, Rodrigo Balvanera, quien también habla del presidente como un pato renqueante, no duda que "si a Trump le va mal en las elecciones intermedias, veremos a [el secretario de Estado] Marco Rubio o a [el vicepresidente] JD Vance, e incluso a líderes locales como Ron de Santis, tratar de lanzar mensajes diferentes a los de Trump rumbo a las elecciones de 2028″.
La medición de la aprobación de Trump en su segundo mandato dibuja una pendiente descendente y sostenida: comenzó cerca del 47 % en enero de 2025 y alcanzó mínimos de 36 % en octubre según Gallup, del 32 % según Reuters o del 31 %, según datos del Pew Research Center.
Este debilitamiento de la imagen de Trump se vería reforzado por una posición más dominante de los demócratas en el Legislativo.
"Si los demócratas ganan la mayoría en la Cámara de Representantes, como todas las encuestas predicen, pueden limitar el dinero que se le da al Pentágono para la guerra en Irán", ejemplifica Puerta para evidenciar una de las posibles limitaciones a la Casa Blanca que podría imponer la oposición si recupera el control de la Cámara Baja o de ambas cámaras. En cualquiera de esos escenarios, está garantizada una mayor fiscalización del Legislativo sobre las acciones ordenadas desde el Despacho Oval.
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Con un gobierno tan disruptivo como el del magnate republicano, el antitrumpismo ha emergido como una de las principales estrategias de campaña del Partido Demócrata. El 62 % de los votantes que se declararon entusiasmados por sufragar el 3 de noviembre quieren expresar su oposición a Trump, según una encuesta de Reuters e Ipsos del 8 de octubre.
"La mayoría dice estar dispuesta a votar en contra del Partido Republicano, no a favor del Demócrata, y eso es una advertencia seria. Los Demócratas tienen ese desafío y deben resolverlo si quieren ganar en 2028″, destaca Puerta.
No obstante algunos demócratas han comenzado a entender que "lo que gana elecciones es tener un plan económico", defiende Balvanera, quien recuerda las victorias demócratas en los comicios locales de Nueva York o California. "El ejemplo más claro es el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quien basó su campaña en el affordability —costo de la vida— y fue un mensaje ganador".

