"No me rodeo de gente que apoye a Trump. Es un límite muy estricto que me he impuesto". A sus 21 años, Jaelyn Sarabia aplica este principio incluso en su propia familia, de origen mexicano. En la zona oeste de Phoenix, donde vive, esta estudiante de Ciencias Políticas ha dejado de hablar con su tía, quien votó a Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2024.
Hoy en día, su tía se arrepiente de su elección, cuenta ella. "Se queja de la Administración y de todo lo que ocurre a su alrededor". Es panadera y esperaba que el presidente republicano mejorara la economía. Pero los gastos de su negocio han aumentado con los aranceles. Lo mismo le ocurre a su marido, fontanero, que tiene que desplazarse en coche con frecuencia para trabajar. "El coste de la gasolina supone un gasto realmente importante para ellos".
La madre de Jaelyn, América Prieto, de 40 años, también está preocupada por las divisiones que el voto a Trump pueda provocar en su familia. Nacida en México, llegó a Estados Unidos de niña, junto con sus padres y su hermana. Obtuvo la nacionalidad estadounidense hace solo tres años y vota a los demócratas. Pero prefiere evitar las discusiones políticas en su hogar. "Cuando los temas de inmigración afectan a nuestra propia familia, al final nos afectan a todos. Pero cada uno es libre de votar a quien quiera".
Su hija, por su parte, no consigue distanciarse tanto. "Como inmigrante de primera generación, esto me entristece mucho. Me parte el corazón ver a todas esas familias separadas y ver que hay gente que apoya los métodos utilizados", se lamenta Jaelyn, refiriéndose a las operaciones de la policía federal de inmigración, el ICE.
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En las calles de Phoenix, el miedo a hablar
En el condado de Maricopa, que abarca Phoenix y sus alrededores —donde un tercio de los habitantes son hispanos—, hablar de política no siempre es fácil. En la calle, las negativas se suceden. Varios comerciantes prefieren guardar silencio, por miedo a las repercusiones en su entorno familiar o en su comunidad.
Un restaurador que vota a Trump acepta hablar con nosotros, pero no públicamente: quiere ver primero cómo se desarrollan los próximos dos años, sin tener que dar explicaciones sobre su elección ante los medios de comunicación. Otros comerciantes nos confían su preocupación: algunos propietarios del barrio han sido desalojados y sus negocios han cerrado. Temen correr la misma suerte.
La tensión es palpable a pocas semanas de las elecciones de mitad de mandato, que se celebrarán el 3 de noviembre. En las últimas votaciones presidenciales de 2024, Donald Trump obtuvo el 46 % de los votos de los electores latinoamericanos, frente al 32 % de 2020. Nunca antes un candidato republicano a la presidencia había obtenido un resultado tan alto entre esta población, tradicionalmente más favorable a los demócratas.
Desde entonces, la tendencia parece haberse invertido. La popularidad de Donald Trump entre los votantes latinoamericanos se sitúa en solo un 27 %, según una reciente encuesta de 'NBC News' y 'Telemundo'.
El endurecimiento de la política migratoria es el principal motivo de las críticas. Desde su regreso al poder, Trump ha multiplicado las medidas destinadas a expulsar a las personas en situación irregular, en particular a los latinoamericanos. Las operaciones del ICE, llevadas a cabo sobre todo en lugares de trabajo, colegios y barrios residenciales, suscitan inquietud.
Dos tercios de los votantes latinoamericanos consideran que las políticas de deportación han ido demasiado lejos y tres cuartas partes desaprueban la gestión de la economía y del coste de la vida por parte de la Administración Trump, según esa misma encuesta.
Pero dar la espalda al presidente no significa necesariamente volver a apoyar a los demócratas. Para intentar recuperar el contacto, el partido multiplica las acciones sobre el terreno y sale al encuentro de los vecinos, puerta por puerta.
"Todo cuesta más"
En Mesa, una ciudad de las afueras al este de Phoenix, una veintena de voluntarios se reúnen en la sede de campaña del distrito 9. En las paredes, un cartel anuncia: «No hate, immigrants are welcome here» («Sin odio, los inmigrantes son bienvenidos aquí»).
El ambiente es animado. Los jóvenes charlan con activistas más experimentados. Algunos son latinos, otros no. Se intercambian instrucciones, se da la bienvenida a los nuevos voluntarios y se hacen fotos. En breve, el grupo deberá dispersarse por las calles para hacer campaña puerta a puerta.
"Cuando nos encontramos con latinoamericanos que han votado a Trump, les decimos, en cierto modo, que lo sentimos", explica Jacob Martínez, candidato demócrata a la Cámara de Representantes de Arizona.
"Aunque hace dos años pensaban que Trump iba a ser el salvador y a enderezar la situación, ahora todo va peor, todo cuesta más, y están dispuestos a exigir explicaciones".
Alberto Flores, candidato demócrata de otro distrito de la ciudad, considera que su partido también debe reconocer sus propios errores. "Tengo la impresión de que, muy a menudo, el bloque electoral latino queda relegado a un segundo plano. Solo se ponen en contacto con nosotros cuando se acercan las elecciones", lamenta.
Él mismo recurre a su historia familiar para entablar el diálogo. "Nací y crecí aquí. Mis padres son inmigrantes mexicanos. Cuando los vecinos me ven, se identifican conmigo". Sobre el terreno, da prioridad a las conversaciones en español con los votantes hispanohablantes. Pero, aunque la cercanía cultural puede facilitar la conversación, no basta para ganarse el apoyo.
Francesco Contreras, organizador de la campaña en Mesa, lo sabe. "La política se ha vuelto tan impersonal. Todo se reduce a lo que se ve en la televisión. Por eso es fundamental estar presente sobre el terreno y hablar con la gente", opina.
No obstante, reconoce que los demócratas tienen trabajo por delante para recuperar la confianza de algunos votantes. "La mayoría de las veces, la gente tiene razones muy legítimas para estar decepcionada [con los demócratas, nota del editor]. Intento explicarles que nuestros candidatos encarnan los valores que ellos defienden".
"El Partido Demócrata no entiende la psicología de los votantes latinos"
Una vez terminadas las conversaciones y las fotos, los activistas se dividen en parejas, con folletos en la mano. A pocas calles de la sede, Jacob Martínez y Lorena Austin, diputada demócrata saliente, se detienen ante una casa rodeada de árboles centenarios. Llaman a la puerta. Agustín Gastelum acaba de terminar de preparar la cena con sus dos hijas. Acepta charlar.
"Durante mucho tiempo, tenía valores conservadores y pensaba que era republicano", cuenta este hombre de cuarenta y tantos años, que vive en el barrio desde que tenía cinco. Nacido en el estado mexicano de Sonora, vivió durante mucho tiempo sin estatus legal antes de obtener los papeles que le permitieron votar por primera vez en 2016.
Desde entonces, en ocasiones ha apoyado a candidatos de ambos bandos en las elecciones locales. En las presidenciales, siempre ha votado a los demócratas. La inmigración sigue siendo una de sus principales preocupaciones. Agustín cuenta que perdió su permiso de residencia a los 19 años, cuando intentaba pasar de un estatus temporal a una regularización permanente. Un error en su expediente provocó que se rechazara su solicitud.
Explica que no sabía que podía recurrir esa decisión. "Cuando la gente dice 'hay que seguir las reglas al pie de la letra', lo siento, pero no hay una solución fácil cuando llevas mucho tiempo aquí", resume, refiriéndose al coste y la complejidad de los trámites administrativos. "Mi familia no tenía medios para pagarse un abogado".
Agustín afirma sentir empatía por las personas que hoy viven sin estatus legal. "No son los delincuentes que se describen en los medios de comunicación. Son personas trabajadoras y honestas que han venido a aportar sus conocimientos y su alma para hacer de este país un lugar mejor", afirma.
Agustín, sin embargo, no se anda con rodeos con los demócratas. "No creo que el Partido Demócrata entienda la psicología de los votantes latinos", lamenta, con lágrimas en los ojos. Le preocupa especialmente la eficacia de los republicanos sobre el terreno y su capacidad para influir en los votantes menos informados.
"Veo los mensajes engañosos que difunden y me dan miedo. Los republicanos pueden ser extremadamente manipuladores con las personas que no están muy bien informadas. Y creo que los demócratas no prestan suficiente atención a esto".
En las calles de Mesa, los voluntarios siguen haciendo campaña puerta a puerta. Presentan a los candidatos, explican sus programas e intentan entablar conversación con los vecinos. Pero, ¿están dispuestos a volver a confiar en los demócratas aquellos que les dieron la espalda en 2024? Decepcionados por ambos partidos, algunos podrían incluso optar por no votar.

