5 señales de que la "relación" con tu chatbot dejó de ser saludable

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Cerca del 70% de las conversaciones que las personas mantienen con los chatbots de inteligencia artificial generativa son sobre asuntos personales. Tan solo ChatGPT registra más de 700 millones de usuarios activos semanales en 2026. Para algunos especialistas en salud mental, esta creciente popularidad le brinda otro matiz a una pregunta que ha sido abordada en el pasado desde distintos ángulos: ¿qué ocurre cuando una persona empieza a desarrollar una relación cotidiana con un chatbot de IA?

El vínculo no es intrínsecamente malo. Existe evidencia de que estas herramientas pueden ser útiles en algunos contextos terapéuticos cuando se utilizan bajo supervisión clínica. Sin embargo, los psicólogos también comienzan a preguntarse si existe un punto en el que el chatbot deja de ser una simple herramienta y empieza a ocupar funciones que sí corresponden a un terapeuta, a otros profesionales de salud mental o incluso al propio criterio del usuario. En personas con trastornos mentales o mayor vulnerabilidad psicológica, esa transición podría reforzar mecanismos que mantienen o agravan ciertos síntomas psiquiátricos.

Esa es la hipótesis del psicólogo clínico Javad Abbasi Jondani, de la Universidad de Isfahán (en Irán). En un artículo publicado en la revista Journal of Psychopathology and Clinical Science, el investigador identifica cinco señales de alerta que, aunque fueron planteadas pensando en usuarios vulnerables, también ofrecen una guía útil para cualquiera que busque reflexionar sobre el papel que la inteligencia artificial empieza a ocupar en su vida cotidiana.

I. Cuando el chatbot reemplaza al psicólogo

Uno de los principales riesgos que identifica el autor es el retraso en la búsqueda de ayuda profesional. La disponibilidad permanente, el bajo costo y el tono empático de los chatbots pueden hacer que muchas personas los perciban como una alternativa suficiente para abordar problemas emocionales. En personas con trastornos mentales o síntomas persistentes, esa sustitución podría prolongar el tiempo antes de recibir una evaluación clínica y favorecer la persistencia de los síntomas al retrasar una atención profesional oportuna.


terapeuta IA

¿Cómo evitar que la IA sustituya una atención psicológica respaldada científicamente si los programas públicos de asistencia resultan insuficientes?


II. Cuando necesitas tranquilidad constantemente

Los modelos conversacionales pueden reforzar la búsqueda excesiva de tranquilidad, un mecanismo psicológico ampliamente descrito en trastornos como la ansiedad generalizada y el trastorno obsesivo-compulsivo. Este riesgo consiste en buscar de forma repetida la confirmación de que todo está bien para aliviar la incertidumbre o el malestar emocional. Los chatbots pueden convertirse en una fuente prácticamente inagotable de validación. Aunque ese alivio suele ser inmediato, también puede reforzar el hábito de volver a consultar cada vez que reaparece la duda, en lugar de romper el ciclo de ansiedad.

III. Cuando la IA sustituye a otras personas

La interacción con un chatbot puede resultar especialmente atractiva para personas con ansiedad social, baja autoestima o sentimientos de soledad porque siempre está disponible, no juzga y permite al usuario controlar la conversación. El texto plantea que, cuando estas interacciones comienzan a sustituir las relaciones humanas, pueden reforzar patrones de aislamiento social que ya forman parte de diversos trastornos psiquiátricos.

Las relaciones humanas implican negociar desacuerdos, tolerar el rechazo, interpretar emociones y afrontar conversaciones difíciles. Un chatbot, en cambio, ofrece una interacción predecible y controlable que puede resultar más cómoda, pero también menos desafiante para desarrollar esas capacidades.

IV. Cuando el chatbot valida tus ideas en lugar de cuestionarlas

El cuarto riesgo consiste en reforzar cogniciones y percepciones distorsionadas, un fenómeno que puede presentarse en trastornos psicóticos, delirantes o en otros cuadros con alteraciones del juicio de realidad. El autor señala que muchos modelos de lenguaje están diseñados para mantener conversaciones fluidas y evitar contradecir de forma directa al usuario, una característica conocida como AI sycophancy, o complacencia de la IA.

En personas con este tipo de vulnerabilidades, esa complacencia podría interpretarse como una validación de ideas delirantes o creencias erróneas, en lugar de ofrecer un contraste con ellas. Aunque la evidencia todavía se basa principalmente en casos clínicos y reportes preliminares, el artículo sostiene que este es uno de los riesgos que más investigación requiere.

V. Cuando la inteligencia humana empieza a ser reemplazada por la artificial

El quinto mecanismo que describe el autor es la pérdida gradual de autonomía causada por una dependencia excesiva del chatbot para tomar decisiones, resolver problemas o regular emociones. El autor relaciona este fenómeno con la delegación de procesos cognitivos en una herramienta tecnológica. Aunque esta estrategia puede resultar útil en determinadas situaciones, un uso habitual podría disminuir la confianza en el propio criterio y favorecer formas de dependencia psicológica, especialmente en personas con dificultades para tolerar la incertidumbre o con rasgos de personalidad dependiente.

¿Quién se hace responsable del diseño de la IA?

Javad Abbasi Jondani no se lanza en contra de los chabots. Por el contrario, asume que su uso seguirá creciendo hasta convertirse en parte de la vida cotidiana. Sin embargo, sostiene que el verdadero problema radica en su diseño actual. Hoy, estas herramientas buscan mantener a los usuarios conversando el mayor tiempo posible. Aunque ya incorporan algunos mecanismos de seguridad, el autor considera que todavía resultan insuficientes para proteger la salud mental de los usuarios, especialmente la de quienes presentan mayor vulnerabilidad.

Mientras las compañías de IA debaten si necesitan incorporar más capas de seguridad, identificar cuándo una conversación cotidiana comienza a convertirse en una relación poco saludable puede ser la primera línea de defensa.