Zombie filler: inyectarse grasa de gente muerta es la nueva tendencia en la medicina estética

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En redes sociales y medios de comunicación han circulado reportes de una peculiar tendencia en la médicina estética conocida como “zombie filler”. La etiqueta puede ser tachada de sensacionalismo, ya que a final de cuentas es solo un tipo de trasplante, solo que en lugar de ser un riñón, una cornea o un corazón, es grasa. En términos algo crudos, el procedimiento es descrito como la extracción de grasa corporal de cadáveres humanos para inyectárselo a pacientes que, por lo general, tienen como objetivo el rejuvenecimiento estético. ¿Realmente se comercializa algo semejante? Y de ser así, ¿es un procedimiento seguro? ¿Cuánto cuesta? ¿Qué hay de la ética? ¿Y por qué alguien se sometería a un tratamiento que suena tan escabroso?

En primer lugar, el procedimiento existe y no es tan nuevo como parece, lleva al menos una década en el mercado, pero en el pasado era un tratamiento sumamente costoso, por el que se llegaba a pagar cientos de miles de dólares. Además, no había necesidad de recurrir a medidas tan extremas cuando ya existe el lipofilling autólogo. En el lipofilling, el cirujano plástico extrae la grasa de tu cuerpo mediante liposucción y te la vuelve a inyectar en otra parte del cuerpo. Es un 2×1 porque eliminas grasa de las zonas corporales donde no quieres tener grasa, y esta la aprovechas para aumentar o recuperar volumen donde sí puedes anhelarlo, como glúteos, mamas, cadera, rostro.

El factor Ozempic

El llamado zombie filler resurge como respuesta a otra tendencia, sobre todo entre los ricos y famosos, como en Hollywood, donde la apariencia física es parte del curriculum y los estándares de belleza solo pueden ser alcanzados con ayuda del cirujano plástico. El boom de los fármacos GLP-1, como Ozempic y Wegovy, ha sido impulsado por gente que quiere bajar de peso fácil y rápido, pero estos medicamentos son tan efectivos que luego hacen que pierdas volumen en partes como las sienes del rostro, haciendo que el semblante adquiera una apariencia más envejecida. Sin grasa de donde extraer para un lipofilling convencional, el cliente puede elegir opciones temporales de filler, como ácido hialurónico, o un trasplante de tejido adiposo, que da la impresión de ser más “natural”.

Trasplante de grasa

Aquello que le dicen zombie filler no es tan monstruoso como suena. En realidad, suele empezar con un producto, como alloClae o Renuva, que utiliza tejido adiposo procedente de donantes fallecidos. El tejido adiposo es un tipo de tejido formado principalmente por células que almacenan grasa y que sirven como reserva de energía y aislante térmico, entre otras funciones metabólicas y hormonales (¡la grasa es muy útil!). En efecto, ese tejido no se inyecta simplemente “tal cual”, a la Frankenstein, sino se procesa para eliminar células y material genético, se somete a controles y se convierte en una especie de matriz biológica que puede actuar como soporte para la regeneración y reparación de los tejidos, ayudando a recuperar volumen.

Ahí aparece el atractivo potencial del tejido adiposo de donante: permite disponer de un material biológico sin necesidad de extraer grasa del propio paciente. Encima de eso, el costo ya no es tan elevado como en el pasado. Un tratamiento con alloClae suele costar entre unos 5,000 y 13,000 dólares (el costo depende de los objetivos y la cantidad de producto necesaria). ¿Pero qué tan seguro y eficaz resulta el procedimiento a largo plazo?

Interrogantes éticas y de seguridad

Si los consumidores de los GLP-1 nunca se han hecho esta pregunta en el pasado sobre estos fármacos, cuyos efectos a largo plazo aún se desconocen, es lógico asumir que tampoco se harán esa pregunta sobre trasplantes de tejido adiposo. Pero al tratarse de una biotecnología relativamente nueva, la comunidad científica debe abordar esas cuestiones sin mayor demora, ya que el mercado de la medicina estética continúa creciendo a un ritmo acelerado.

Entre las cuestiones que deben estudiarse están la duración del efecto, la respuesta inflamatoria, la aparición de nódulos o irregularidades y las posibles complicaciones relacionadas con la localización del implante.

También existen interrogantes éticos. Una persona da su consentimiento a donar sus órganos a beneficio de la ciencia o para salvar la vida de otros, ¿pero para fines estéticos? El uso de tejidos humanos procedentes de personas fallecidas exige sistemas rigurosos de consentimiento, selección de donantes, trazabilidad y procesamiento. Que un tejido pueda utilizarse legalmente en determinadas circunstancias no significa que todas las preguntas éticas sobre su empleo en la medicina estética o el mercado cosmético estén resueltas.