Los días de la Tierra no duran exactamente lo mismo. Los científicos llevan décadas registrando pequeñas variaciones en su duración, a veces de apenas unos milisegundos. Son cambios diminutos y mayoritariamente imperceptibles, pero reciben bastante atención porque están directamente relacionados con la velocidad de rotación del planeta. El estudio de estas variaciones puede revelar lo que ocurre tanto en la superficie de la Tierra como en sus regiones más profundas.
Los cambios en la velocidad de rotación del planeta y, por tanto, en la duración de los días, pueden tener varias causas. La atmósfera y los océanos pueden acelerar o frenar ligeramente la rotación terrestre; los grandes terremotos pueden redistribuir parte de la masa del planeta y hasta el derretimiento de hielo continental puede modificarla al desplazar enormes cantidades de agua hacia los océanos.
En escalas de varias décadas, parte de estas variaciones parece originarse mucho más abajo, en el interior de la Tierra. Bajo el manto rocoso se encuentra el núcleo externo, una gigantesca capa de metal líquido que está en constante movimiento. Cuando esos flujos cambian, también pueden alterar ligeramente la velocidad con la que gira el resto del planeta.
El problema es que todavía no está del todo claro cómo se transmiten esas fuerzas de una región a otra. La fricción directa entre el núcleo y el manto parece ser demasiado débil, así que identificar los “engranes” capaces de conectarlos ha sido uno de los desafíos de la geofísica del interior terrestre.
Un nuevo estudio publicado esta semana en Nature cree haber identificado uno de esos “engranes” ocultos. Su propuesta es que los cambios en la rotación terrestre surgen de un tira y afloja entre fuerzas que actúan en las profundidades del planeta. La gravedad vinculada al núcleo interno empujaría la rotación en una dirección, mientras otras interacciones entre el núcleo y el manto se opondrían a ella. El resultado de esa competencia, acumulado durante décadas, serían pequeñas aceleraciones y desaceleraciones del planeta.
La idea parte de que el núcleo interno no gira exactamente al mismo ritmo que el resto del planeta. Esa diferencia puede hacer que quede ligeramente desalineado respecto a ciertas irregularidades de masa en el manto. Cuando eso ocurre, la gravedad intenta devolverlo a una posición de equilibrio y genera un efecto gravitacional capaz de influir, aunque sea de forma minúscula, en la rotación del manto y de la superficie terrestre.

