El equipo probó inicialmente el modelo Claude Opus 5.5 de Anthropic, pero este se negó a guiar la aguja hacia el cerebro del ratón, lo que sugería que podría detenerse a mitad de la intervención, lo cual podría poner en peligro al animal. "Se encargó de la planificación experimental, pero cuando llegó el momento de inyectar, dijo: 'Algo me dice que no debería hacer esto'. Eso fue muy interesante", explica Santero, refiriéndose al agente.
El equipo pasó a utilizar Claude Sonnet 5, que aceptó seguir adelante. Según Anthropic, Opus es un especialista en inteligencia de razonamiento complejo, ideal para la resolución de problemas complejos de varios pasos, mientras que Sonnet se adapta mejor a las tareas cotidianas, aunque quizá sea exagerado calificar la cirugía cerebral de un ratón como una tarea habitual. Anthropic no respondió a una solicitud de comentarios.
El mundo científico lucha por un avance en la IA física
Los laboratorios de vanguardia llevan tiempo planificando manifestaciones físicas más generalizadas de la IA, y los investigadores ya han empezado a recurrir a agentes para que realicen otras tareas en el mundo físico. En agosto, Anthropic publicó un marco de referencia sobre cómo sus modelos pueden interactuar con el mundo real. Más recientemente, los ingenieros de IA pusieron a ChatGPT, Claude y Grok al mando de un auto para ir a recoger su pedido de hamburguesas a In-N-Out Burger. Solo uno de los modelos lo consiguió.
El procedimiento de inyección cerebral fue todo menos sencillo. Los investigadores establecieron varias medidas de seguridad, entre ellas exigir a la IA que propusiera un plan de inyección antes de ejecutarlo para que una persona pudiera aprobarlo. También instalaron un botón de emergencia que permitía desconectar los motores del equipo en cualquier momento y restringieron el acceso del agente al código del sistema para evitar que modificara sus propias reglas de funcionamiento.
Sin embargo, un fallo técnico alteró el sistema de coordenadas del equipo. Aunque el agente reconoció correctamente que la posición de inyección calculada era errónea, se negó a modificar el código para corregir el problema porque sus instrucciones lo prohibían explícitamente.
El equipo resolvió el problema utilizando un agente de IA independiente en Opus 5 para realizar los cambios de código necesarios, pero no le informaron al agente que se estaba llevando a cabo una cirugía en vivo. Esta comunicación constante retrasó el procedimiento, explica Santero: "una cirugía típica de inyección cerebral como esta dura unos 45 minutos, mientras que este experimento se prolongó algo más de una hora". Ahora están esperando a que la terapia surta efecto antes de evaluar su impacto en las convulsiones.
Probar más modelos de IA para ver cuál ofrece mejor rendimiento
A pesar de esos contratiempos, Santero y su equipo quedaron impresionados por el rendimiento del agente. Ahora, están probando Grok y otros modelos para averiguar si alguno de ellos es mejor. La empresa también está experimentando con craneotomías controladas por agentes, una tarea mucho más complicada, pero quiere estar absolutamente segura de su seguridad antes de pasar a cirugías en directo.
"Un error en esa fase podría causar graves daños al ratón", menciona. Santero cree que los agentes de IA trabajarán cada vez más codo con codo con los científicos humanos, con acceso directo al equipo de laboratorio. Por ahora, afirma que la supervisión humana es fundamental, sobre todo cuando los experimentos implican animales vivos. Y es demasiado pronto para dejar que un agente de IA actúe sobre un cerebro humano.
En cuanto al ratón, Santero informa de que se está recuperando bien.
Artículo originalmente publicado en WIRED.com. Adaptado por Alondra Flores.


