Una cueva turística de Cataluña ocultó durante décadas 280 grabados de la Edad de Hielo

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Ubicado en Cataluña, al noreste de España, el sistema de cuevas de la Cova de la Font Major ha recibido por décadas a millones de turistas atraídos por su patrimonio geológico y los enigmáticos vestigios de ocupación humana prehistórica que alberga. Este atractivo se ha incrementado de manera excepcional tras la identificación de más de dos centenares de motivos de arte rupestre paleolítico, con una antigüedad aproximada de 26 000 años. El hallazgo resulta relevante porque esta región se consideraba prácticamente desprovista de expresiones artísticas de ese periodo.

El descubrimiento, realizado por arqueólogos del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA), sugiere que el territorio pudo albergar a una población más numerosa durante el Paleolítico de lo que se estimaba anteriormente. Los especialistas también plantean que sus habitantes pudieron desarrollar una tradición artística propia.


Arte rupreste mesoamérica

“Las comunidades indígenas de Estados Unidos y México pueden relacionar las historias representadas en estas imágenes con sus propias cosmologías”, según los autores de este nuevo estudio.


La Cova de la Font Major cuenta con más de 3 kilómetros de pasadizos subterráneos y ha sido ocupada en diferentes momentos de la historia humana. Desde hace aproximadamente 70 años permanece abierta al público y funciona como museo desde la década de 1990.

Sin embargo, como describe la investigación publicada en la revista Antiquity, los grabados pasaron inadvertidos hasta 2019 debido a la escasa visibilidad, la falta de luz y la presencia de intervenciones de épocas más recientes.

En aquel año, durante una excavación planificada, Josep Maria Vergès Bosch, arqueólogo del IPHES-CERCA, encontró algunos grabados prehistóricos ocultos entre grafitis posteriores. Tras ampliar la investigación en torno a estos primeros hallazgos, los especialistas documentaron un total de 280 expresiones de arte prehistórico que, según estiman, datan de la Edad de Hielo.

“Durante más de seis décadas, los visitantes pasaron justo delante de las superficies grabadas —llegando incluso, en algunos casos, a inscribir nombres y fechas sobre ellas— sin percatarse de que las figuras tenían un origen paleolítico”, señaló Josep Maria Vergès Bosch, arqueólogo del IPHES-CERCA y coautor del estudio.

Animales, movimiento y un legado cultural desconocido

De los grabados descubiertos en la cueva, 55 representan animales. Esta cantidad convierte al sitio en el tercer conjunto de arte rupestre paleolítico más importante de la fachada mediterránea de la península ibérica, si se toma como referencia el número de figuras animales.

Entre las representaciones analizadas se identificaron las figuras de un caballo, un oso y un uro, antepasado del ganado doméstico. En muchos casos, según los autores del estudio, quienes realizaron las obras aprovecharon los relieves y las fisuras de las rocas como elementos de sus creaciones.

Los arqueólogos destacan que algunas de las pinturas parecen representar movimiento. Míriam Salas-Altès, investigadora del IPHES-CERCA y también coautora del trabajo, señala en una declaración retomada por Nature que casi 20 de las inscripciones podrían haber sido concebidas como “una película o una animación”.

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Grabados prehistóricos hallados en la Cova de la Font Major, en Cataluña, provincia de Tarragona.

Cortesía Antiquity

Los expertos aseguran que la cantidad, diversidad y características del arte rupestre descubierto cuestionan la creencia de que las paredes de las cuevas de esta región eran poco adecuadas para realizar grabados. Además, los hallazgos sugieren que la población que habitó el lugar durante el Paleolítico pudo ser mucho más numerosa de lo que se creía.

“Contrariamente a lo que se pensaba, el noreste de la península ibérica conserva yacimientos de arte rupestre paleolítico de primer orden. El arte mediterráneo de Europa occidental se enriquece ahora con un conjunto que nos permite caracterizar mejor una tradición gráfica con identidad propia, diferenciada de la franco-cantábrica”, concluye Salas-Altès.