El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó el lunes 31 de agosto con golpear a Irán "con dureza" después de que ambos adversarios intercambiaran ataques por primera vez en semanas. Mientras, su secretario del Tesoro prometió mantener una campaña de presión destinada a paralizar la economía de Teherán.
Tras seis meses de guerra, los enemigos siguen en un punto muerto de negociación: Irán mantiene cerrado el estratégico estrecho de Ormuz y Estados Unidos persiste en su contra-bloqueo naval de los puertos iraníes.
El domingo, Estados Unidos llevó a cabo ataques contra una isla iraní en el estrecho de Ormuz, a lo que Teherán respondió rápidamente impactando objetivos militares estadounidenses en Oriente Medio.
Este intercambio avivó los temores de un retorno a las hostilidades a gran escala, y el presidente estadounidense prometió responder.
"Vamos a darles duro", afirmó Trump, según un reportero de 'Fox News' que habló con él brevemente. "Habrá una respuesta".
Estados Unidos afirmó que había atacado posiciones de lanzacohetes iraníes en la isla de Larak para impedir que Teherán colocara minas en esa importante ruta marítima.
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Irán respondió con ataques con misiles y drones dirigidos hacia Jordania y los Emiratos Árabes Unidos, alegando que tenían como objetivo a las fuerzas estadounidenses presentes en esos países. No obstante, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, hizo un llamamiento al diálogo más tarde ese mismo lunes.
"Seguimos esforzándonos por encontrar una vía de acuerdo y entendimiento, y creemos que continuar la guerra no redunda ni en nuestro interés ni en el de la región", declaró en una cumbre celebrada en Kirguistán, y añadió que "la solución a los problemas actuales es el diálogo y también la cooperación".
Los medios estatales informaron que tres personas murieron en el ataque estadounidense contra Larak y que varias más resultaron heridas.
La poderosa Guardia Revolucionaria iraní afirmó que el ataque con misiles balísticos dirigido contra dos bases aéreas en Jordania causó "graves daños".
Sin embargo, Trump declaró a 'Fox' que todos los misiles lanzados contra las fuerzas estadounidenses habían sido derribados, salvo uno que se determinó que no suponía ninguna amenaza. El Ejército jordano sostuvo que había interceptado ocho misiles, sin precisar su origen.
Irán también afirmó que había atacado a personal estadounidense en una base aérea de los Emiratos Árabes Unidos y que había derribado un dron del país norteamericano sobre el estrecho de Ormuz.
Abu Dabi aseguró haber interceptado un dron sobre las aguas del país, pero señaló de "infundadas" las versiones de que la base aérea de Al Minhad hubiese sido objeto de un ataque.
La Guardia Revolucionaria dijo que había derribado un segundo dron estadounidense sobre el estrecho de Ormuz el lunes por la tarde; y el mando central de las fuerzas armadas iraníes reiteró la advertencia a sus vecinos de la región de que no permitieran a Washington utilizar su territorio para llevar a cabo ataques.
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"Seguiremos ejerciendo presión" económica
El intercambio de disparos se produjo tras semanas de relativa calma, en las que la Administración Trump ha dado recientemente un giro hacia la "guerra económica".
A primera hora del lunes, Trump había calificado a Irán de "nación fallida", afirmando en las redes sociales que su ejército estaba diezmado, que sus finanzas se desmoronaban "y que su liderazgo se encuentra en un caos total".
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, se comprometió a mantener la presión económica.
"Vamos a seguir ejerciendo presión, y ya hemos mantenido conversaciones muy positivas al respecto", declaró Bessent a los periodistas en una reunión del G-20 celebrada en Carolina del Norte.
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Afirmó que el punto de inflexión en la campaña de presión podría producirse "en cuestión de semanas o meses".
Irán está ejerciendo a su vez presión económica mediante el bloqueo del estrecho de Ormuz, lo que ha agitado los mercados mundiales y ha provocado un aumento de los precios para los votantes estadounidenses en un año de elecciones de mitad de legislatura muy reñidas.
Una quinta parte del petróleo mundial transitaba por el estrecho antes de la guerra, que se desencadenó tras una oleada sorpresa de ataques estadounidenses e israelíes contra Irán el 28 de febrero.
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El punto álgido del estrecho de Ormuz
A pesar de que el tráfico sigue restringido seis meses después, Trump ha afirmado que su Armada tiene "control total" del estrecho, y Washington anunció la semana pasada que había completado la retirada de explosivos de la vía navegable.
Irán, sin embargo, insiste en que es quien controla la ruta marítima. La Guardia Revolucionaria afirmó el lunes que un petrolero "rebelde" se incendió cerca del estrecho tras chocar contra dos minas mientras intentaba transitar por una "ruta ilegal".
El Ejército estadounidense calificó esta afirmación de "desinformación" y afirmó: "Ningún barco ha chocado contra minas en el estrecho de Ormuz".
Los mediadores llevan meses intentando negociar el fin de la guerra, pero una tregua anterior y un memorando de entendimiento fracasaron.
Los ataques esporádicos se reanudaron, pero finalmente fueron remitiendo, y el último embate de Estados Unidos contra Irán tuvo lugar el 29 de julio.
Un portavoz del secretario general de la ONU, António Guterres, calificó el último intercambio de disparos de "muy lamentable" tras semanas de calma, e instó a volver a la vía diplomática.
Irán ha estado intentando recientemente presionar al adversario para que vuelva al acuerdo anterior, y el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, declaró el lunes a la televisión estatal que "la solución es totalmente clara y sencilla: Estados Unidos debe volver a cumplir sus compromisos".
"En ese caso, todo podrá volver a encarrilarse", afirmó.
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Con AFP
