Sergio Vázquez, oncólogo: «Con una pastilla se consiguen supervivencias superiores a ocho años en cáncer de pulmón»

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MADRID, ESPAÑA/ AGENCIA ABC.— El cáncer ya no es una enfermedad única. Bajo este nombre, hoy sabemos que coexisten diversos tipos de tumores que se caracterizan por alteraciones moleculares diferentes. 

Es gracias a la oncología de precisión que actualmente podemos identificar muchas de esas alteraciones y administrar tratamientos acordes a la biología no solo de cada paciente, sino también de cada cáncer. 

En el marco del VIII Simposio Nacional de Oncología de Precisión, que se llevó a cabo en Vigo esta semana, hablamos de los últimos avances en estas terapias y lo que significan para los pacientes con el doctor Sergio Vázquez Estévez, Jefe del Servicio de Oncología Médica en el Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA), de Lugo, y uno de los coordinadores científicos del evento.


—¿En qué punto se encuentra hoy la oncología de precisión?

—Lo que ha ido evolucionando es el conocimiento científico. Comprendemos cada vez mejor las vías por las que determinados tumores se desarrollan y crecen, proliferan y dan lugar a metástasis. Hemos desarrollado fármacos para bloquear estas vías. Incluso, sabemos cada vez más sobre los mecanismos de resistencia o de escape de esos tumores después de un tratamiento inicial. Y todo ello se hace fundamentalmente gracias a la secuenciación. Tenemos mapas moleculares de los tumores y de su progresión que nos permiten saber perfectamente lo que está pasando y tomar las decisiones más adecuadas en cada momento.

—¿Cómo está avanzando Galicia en este sentido?

—El Ministerio de Sanidad ha sacado una cartera de biomarcadores para financiar, pero los pagadores son los sistemas autonómicos de salud. Ahora estamos trabajando en trasladar ese catálogo a nuestra sanidad asistencial y transformarlo en prestaciones financiadas por el sistema autonómico. El segundo paso será crear la estrategia diagnóstica. Establecer una serie de centros de referencia donde se haga el diagnóstico, se determinen esos biomarcadores de manera rápida y con una alta calidad para que, cuando tengamos delante al paciente en la consulta, ya contemos con el mapa molecular de su enfermedad y podamos tomar decisiones terapéuticas lo más adecuadas posibles. De hecho, ya está funcionando en estos momentos un comité molecular de tumores a nivel central, en el que participan las entidades sanitarias y se toman decisiones sobre esto. Se utiliza para todos los casos que son un poquito complejos. Este fue el primer paso.

—¿Qué significa esto para los pacientes que tienen un tumor?

—Lo que conseguimos es fundamentalmente una mayor eficacia, al determinar qué tratamiento es más adecuado en cada paciente, para cada tumor y en cada momento de la evolución de su enfermedad. Tenemos un mayor conocimiento para entender cómo va a responder ese tumor.

—Ese nivel de precisión implica realizar pruebas complejas. ¿Está preparado el sistema sanitario para asumirlo a nivel masivo?

—Es que es imprescindible. No podemos tomar decisiones a ciegas, con lo cual, cueste lo que cueste, hoy en día no se puede tratar un cáncer, o al menos, en la mayoría de los casos, sin tener previamente ese mapa molecular de las alteraciones genéticas. 

Además, esta es una manera de optimizar los recursos que tenemos. Si damos el tratamiento más eficaz, se van a beneficiar tanto el paciente como el sistema. Yo creo que lo más problemático es el acceso a la innovación terapéutica, a los fármacos que son caros. 

Comprar una máquina no es lo que cuesta más dinero, el problema es el gasto continuo en fármacos. Pero afortunadamente, en Galicia no tenemos tantos problemas en este sentido como en otras comunidades. Tenemos un acceso rápido a este tipo de fármacos.

—¿Qué tipos de cáncer representan a día de hoy un reto para la oncología de precisión?

—En este momento, el cáncer de páncreas es uno de los que suponen un mayor reto. En otros tumores digestivos sí que se ha avanzado, pero en este, absolutamente nada. Incluso, en tumores en los que no teníamos ningún biomarcador, como los glioblastomas multiformes, que son tumores cerebrales, ahora ya tenemos algunos. 

En contraste, en el cáncer de pulmón está muy desarrollada esta tecnología. En el 50 % de los casos, los pacientes con cáncer de pulmón metastásico tienen algún tipo de alteración molecular que nos permite actuar desde la oncología de precisión. 

Estamos hablando de cánceres en los que con una pastilla, un tratamiento dirigido, se consiguen supervivencias por encima de los ocho o nueve años, incluso con metástasis cerebrales. Pero todo esto ha cambiado muchísimo y no solo estamos haciendo oncología de precisión con la introducción de biomarcadores y tratamientos sistémicos, sino con la mejoría de las técnicas de radioterapia, los tratamientos locales o la mejoría de las técnicas quirúrgicas. Todo esto nos está ayudando a que los pacientes cada vez vivan más, tengan más esperanza de vida y tengan una mucha mejor calidad de vida.

—Las terapias con linfocitos T se están convirtiendo en algunas de las más prometedoras en oncología. ¿Cómo funcionan?

—Actúan sobre anticuerpos. Las T-cell engagers son unas moléculas grandes que se unen, por un lado, a los linfocitos T, que son células encargadas de defendernos y que cuando hay un cáncer están más cansadas o inactivas. Por otro lado, se unen también a las células tumorales, estimulando a los linfocitos T para facilitar su acción sobre el tumor. 

Esto permite la destrucción de células tumorales de una manera absolutamente precisa. Es un mecanismo de acción innovador y que está empezando a ser desarrollado en cáncer microcítico de pulmón y en melanoma. Son fármacos tóxicos y hay que saber manejarlos, pero las pruebas son muy prometedoras.

—¿Qué consejos daría en cuanto a la prevención del cáncer?

—La prevención primaria es importantísima. Y estoy hablando no solo del tabaquismo o del alcohol, sino de una buena dieta mediterránea o atlántica, que evita los productos ultraprocesados. También es importante el ejercicio físico. Está demostrado que mejora las vidas de los pacientes con cáncer. Cada vez hay más cánceres en pacientes jóvenes, menores de 50 años, y es debido fundamentalmente a estos factores del estilo de vida. Hay que evitar la vida sedentaria, potenciar el ejercicio físico, protegerse frente a las infecciones y cuidar el medio ambiente. Pero también es importante la prevención secundaria y en este sentido hay que acudir a los cribados cuando nos llaman.

—¿Cómo es la adherencia a estos cribados en nuestra comunidad?

—En Galicia, sobre todo en los programas que ya están demostrados y que se usan de manera habitual, como el cribado de mama, de cérvix o de colon, es muy buena. También tenemos dos programas piloto en Galicia, que son el de cáncer de pulmón y el de próstata, y la adherencia también está siendo muy alta.

—Cada vez más personas se verán afectadas por algún cáncer en los próximos años. ¿Podrán tener una mejor calidad de vida estos pacientes?

—Lo que estamos viendo nosotros es que los pacientes, con los tratamientos que hacemos, viven cada vez más y con una mejor calidad de vida. Tienen una mayor esperanza de vida. Tenemos cada vez más pacientes en la consulta que consiguen cronificar la enfermedad. Son pacientes que tienen otras múltiples complicaciones, muchas veces ni siquiera relacionadas con el cáncer. Estamos hablando de largos supervivientes de cáncer y el sistema sanitario tiene que reconocer que están ahí e impulsar el tratamiento de las complicaciones que estos pacientes puedan tener. Aquí es muy importante el rol de la atención primaria.