El documento no plantea una estrategia conjunta para abandonar el Reino Unido ni establece un calendario para futuros referendos. De hecho, sus propios firmantes reconocieron que mantienen diferentes posiciones constitucionales y que cada nación deberá avanzar según sus propias circunstancias.
Sin embargo, la reunión tiene un fuerte valor político y simbólico. Por primera vez, los líderes de los tres territorios pertenecen a partidos independentistas o, en el caso de Irlanda del Norte, favorables a la reunificación con la República de Irlanda. Al mismo tiempo, la discusión se produce en un contexto marcado por el crecimiento de los debates sobre la autodeterminación y la renovada discusión sobre el futuro constitucional del Reino Unido.
Estas son las cinco claves para entender el alcance de esta nueva alianza.
1. Un frente común alrededor del derecho a decidir
El punto central del acuerdo firmado en Cardiff es la autodeterminación. Los partidos independentistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte proclamaron en el memorando su "derecho a la autodeterminación" y sostuvieron que "ningún gobierno en Londres tiene derecho a bloquear la democracia".
El documento fue firmado por John Swinney, líder del Partido Nacional Escocés (SNP); Rhun ap Iowerth, del partido galés Plaid Cymru, y Michelle O’Neill, del Sinn Féin norirlandés. También participó Mary Lou McDonald, presidenta del Sinn Féin y líder de la oposición en la República de Irlanda.
Aunque los cuatro dirigentes participaron en la cumbre como líderes políticos y no necesariamente en representación de sus respectivos gobiernos, la reunión es un cambio en la manera de plantear las relaciones entre las naciones que integran el Reino Unido.
El mensaje común es que Westminster no debería tener la última palabra sobre el futuro constitucional de Escocia, Gales o Irlanda del Norte. El primer ministro galés, Rhun ap Iorwerth, sostuvo que un número creciente de personas considera que el sistema político centralizado ya no funciona y defendió que el poder debe estar más cerca de las comunidades.
Swinney, por su parte, afirmó que los líderes estaban unidos por el principio de autodeterminación y consideró que las conversaciones representaban un momento importante dentro del debate sobre el futuro del Reino Unido.
El memorando, sin embargo, evita presentar a los tres territorios como un bloque con una única estrategia. Por el contrario, reconoce expresamente que existen "diferentes posturas constitucionales" entre ellos y establece que "cada nación determinará su propio futuro a su manera y en su tiempo".
Esta precisión resulta especialmente importante porque las aspiraciones de cada territorio no son idénticas. Escocia busca la independencia del Reino Unido; en Irlanda del Norte, el Sinn Féin defiende la reunificación con la República de Irlanda; mientras que en Gales el independentismo tiene una fuerza menor, aunque los textos señalan que ha crecido en los últimos años.
Por eso, más que la creación de un movimiento independentista único, el acuerdo constituye una alianza política basada en una idea compartida: que las naciones que integran el Reino Unido deben poder decidir su futuro.
El propio lenguaje utilizado por los firmantes apunta a una transformación. "El tiempo de Westminster llega a su fin", afirma el memorando, antes de proponer una alternativa basada en "naciones que trabajan juntas como iguales, comparten ideas, experiencias y construyen relaciones basadas en el respeto mutuo".
La declaración evita así formular una ruptura inmediata y plantea en cambio una nueva arquitectura política en la que las distintas naciones tengan mayor capacidad para decidir sobre sus propios asuntos.
2. Escocia vuelve a poner sobre la mesa un referéndum
La situación de Escocia tiene un antecedente decisivo: el referéndum de independencia de 2014.
En aquella votación, los escoceses rechazaron la posibilidad de separarse del Reino Unido por un 55% frente a un 45%. La participación alcanzó casi el 85%, el nivel más alto registrado en Gran Bretaña en más de medio siglo.
El resultado permitió mantener la unión entre Escocia, Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, pero no cerró la cuestión independentista. Casi la mitad de los votantes respaldó entonces la separación y el movimiento nacionalista consiguió consolidar una movilización política que, según sus activistas, continuaría después de la derrota.
Alex Salmond, entonces primer ministro escocés y líder de la campaña del "Sí", anunció su dimisión tras el resultado, pero sostuvo que el movimiento independentista tenía futuro. "Mi tiempo como líder está a punto de terminar, pero para Escocia la campaña continúa y el sueño nunca morirá", afirmó.
La derrota de 2014 tampoco fue el final de las demandas de mayor autonomía. Durante la campaña, los dirigentes británicos habían prometido transferir nuevas competencias a Escocia en áreas como impuestos, gasto público y bienestar social si los ciudadanos rechazaban la independencia.
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David Cameron sostuvo entonces que, del mismo modo que Escocia tendría mayor poder sobre sus asuntos, los ciudadanos de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte deberían tener una mayor participación en los propios.
Más de una década después, el debate vuelve a adquirir fuerza. Según Nicola McEwen, directora del Centro de Políticas Públicas de la Universidad de Glasgow, citada por la agencia AP, el apoyo a la independencia escocesa ha aumentado desde el Brexit, proceso mediante el cual el Reino Unido abandonó formalmente la Unión Europea en enero de 2020 después del referéndum celebrado en 2016.
El líder del SNP, John Swinney, considera que si el Gobierno británico autorizara una nueva consulta, los escoceses votarían esta vez a favor de la independencia.
Precisamente por eso, el referéndum constituye uno de los principales puntos de tensión entre Edimburgo y Westminster. Swinney reclamó públicamente una nueva votación, mientras que el Gobierno británico ha mantenido una posición contraria.
La discusión incluso adquirió un nuevo matiz después de que Andy Burnham afirmara ante el Parlamento que permitiría una votación si existía un "claro consenso" en Escocia. Posteriormente, sin embargo, envió una carta a Swinney en la que afirmaba que la consulta estaba "prohibida".
El memorando firmado en Cardiff no incluye la palabra "referéndum". La ausencia parece deliberada: el acuerdo busca construir un marco de cooperación más amplio entre los nacionalistas sin comprometer a los tres territorios con un mismo calendario.
Pero después de la firma, Swinney y Michelle O’Neill sí reclamaron referendos para sus respectivos territorios. Rhun ap Iowerth, en cambio, evitó pronunciarse sobre el calendario de una eventual consulta en Gales.
3. Irlanda del Norte tiene un camino constitucional diferente
El caso de Irlanda del Norte es distinto al de Escocia y Gales porque la discusión no gira alrededor de la creación de un nuevo Estado independiente, sino de la posibilidad de abandonar el Reino Unido para formar parte de una Irlanda unificada.
La cuestión tiene sus raíces en la división de la isla de Irlanda. Cuando Irlanda obtuvo su independencia de Gran Bretaña hace un siglo, una región de seis condados del norte permaneció dentro del Reino Unido.
Desde entonces, Irlanda del Norte quedó marcada por la división entre dos grandes comunidades. Los nacionalistas, mayoritariamente católicos, defendían la unión con el resto de Irlanda, mientras que los unionistas, mayoritariamente protestantes, querían mantener la pertenencia al Reino Unido.
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Las tensiones desembocaron a finales de la década de 1960 en “Los Problemas”, un período de tres décadas de violencia que involucró a grupos paramilitares de ambos bandos y a tropas británicas. El conflicto dejó unos 3.600 muertos en atentados, tiroteos y otros ataques.
El Acuerdo de Viernes Santo de 1998 puso fin en gran medida a la violencia y estableció un marco para gestionar las diferencias políticas y de identidad de Irlanda del Norte. El acuerdo permitió que sus habitantes se identificaran como irlandeses, británicos o ambas cosas.
También dejó abierta la posibilidad de una futura reunificación. Según los textos proporcionados, el acuerdo contempla una votación sobre la unión con la República de Irlanda si las encuestas indican que probablemente sería aprobada. El Gobierno británico considera que ese umbral todavía no se ha alcanzado y, además, Irlanda tendría que aprobar el cambio mediante otro referéndum.
Michelle O’Neill, primera ministra de Irlanda del Norte y dirigente del Sinn Féin, sostiene que el cambio constitucional está cobrando impulso. Durante la presentación del acuerdo, afirmó que Westminster no podrá detener lo que describió como una marea imparable de cambios.
Su participación en la cumbre, sin embargo, provocó críticas desde el sector unionista. Emma Little-Pengelly, viceprimera ministra de Irlanda del Norte y miembro del Partido Unionista Democrático, acusó a O’Neill de "instrumentalizar" su posición como primera ministra al firmar el acuerdo.
O’Neill respondió: “Se trata de un cambio histórico que está ocurriendo a nuestro alrededor”.
4. Trump opina sobre la reunificación irlandesa
El presidente estadounidense, Donald Trump, introdujo un nuevo elemento en la discusión al expresar públicamente su respaldo a una Irlanda unificada.
Durante una visita a Irlanda, Trump afirmó que le "encantaría" que se produjera la reunificación y sostuvo que unir Irlanda del Norte con la República de Irlanda sería una de las opciones más lógicas.
"Tenemos Irlanda del Norte y tenemos Irlanda, y me parece que una de las combinaciones más lógicas de todos los tiempos es unirlas", dijo Trump.
Un día después volvió a insistir en esa posición, aunque marcó una diferencia respecto de Escocia. Cuando fue preguntado sobre la independencia escocesa, respondió: "Me preguntaste por Escocia. De eso no voy a hablar todavía. Lo dejaré para otro día".
Sus declaraciones generaron reacciones inmediatas entre políticos unionistas de Irlanda del Norte y Londres, mientras que desde Dublín se buscó rebajar la tensión.
El primer ministro irlandés, Micheál Martin, calificó algunas de las reacciones como una "reacción exagerada" y pidió mantener la calma. Al mismo tiempo, dejó claro que, aunque apoya la unidad irlandesa, considera que actualmente no existen condiciones para que una votación prospere.
"Apoyo la unidad, pero no la veo posible ahora mismo. He sido muy claro al respecto", declaró Martin a BBC News.
"Lo más probable es que si se celebrara una votación la semana que viene, tendría grandes dificultades para salir adelante."
El respaldo de Trump no modifica por sí mismo el procedimiento establecido para una eventual reunificación, pero coloca nuevamente la cuestión irlandesa en el centro de la conversación política. Y lo hace precisamente en el momento en que los nacionalistas de las tres naciones buscan coordinar sus posiciones frente a Westminster.
5. El Brexit, la descentralización y una posible nueva relación con Westminster
La quinta clave para comprender la coyuntura está en la pregunta de sobre qué tipo de Reino Unido podría sobrevivir a estas tensiones.
El proceso de descentralización de finales de la década de 1990 otorgó a Escocia, Gales e Irlanda del Norte determinados niveles de autonomía política y autogobierno mediante sus propios parlamentos. Inglaterra, en cambio, no recibió un parlamento propio equivalente.
A pesar de esa transferencia de competencias, Westminster mantuvo el control sobre asuntos nacionales y sobre los temas relacionados con Inglaterra. Las tensiones entre los gobiernos territoriales y el poder central continuaron.
En ese contexto, los nacionalistas sostienen que la descentralización no ha resuelto el problema fundamental: quién tiene derecho a decidir sobre el futuro político de cada nación.
El Brexit es una nueva dimensión en la discusión, dado que, el memorando firmado en Cardiff afirma explícitamente que "el Brexit dañó nuestras economías y limitó las oportunidades de nuestra gente".
Los firmantes también expresaron su voluntad de reconstruir sus vínculos con Europa: "Creemos en el futuro de nuestras naciones como pertenecientes a la Unión Europea, y queremos trabajar juntos para reconstruir y fortalecer estas relaciones europeas".
Por su parte, el Gobierno británico ha intentado restar importancia a la cumbre. El portavoz de Andy Burnham afirmó que el primer ministro está convencido de la unión y que su prioridad es reducir el coste de vida en lugar de concentrarse en los debates constitucionales.
“El Reino Unido da lo mejor de sí cuando la gente se une en torno a nuestros valores compartidos y la resolución de problemas, en lugar de la división”, dijo Tom Wells.
El propio Burnham sostuvo que su Gobierno está concentrado en aliviar la carga económica de los británicos "más que enredarse en debates constitucionales o futuros referéndums".
Sin embargo, la descentralización es precisamente uno de los ejes políticos de Burnham. Desde su llegada al cargo, ha convertido la transferencia de poder en un tema central, aunque su atención se ha concentrado principalmente en los gobiernos regionales de Inglaterra.
Con EFE, AP, Reuters y medios locales
