Es de tarde en Santo Domingo Xenacoj, en el corazón del altiplano de Guatemala y la escuela pública del municipio vibra con estudiantes de la etnia Maya Kaqchikel.
En el primer piso, adolescentes de entre 13 y 17 años aprenden a diferenciar las partes de la célula en los microscopios, mientras en el segundo piso resuelven ecuaciones de sumas y restas de números complejos.
Conocimientos en los que Guatemala se rajó y quedó de última en América Latina, en los resultados de las recientes pruebas internacionales PISA, enfocadas en evaluar a jóvenes de 15 años en lectura, ciencias y matemáticas. De los 760.000 estudiantes evaluados por la OCDE -la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico-los de Guatemala terminaron en el puesto 84 de 91 en el mundo.
En las aulas de esta escuela de indígenas maya se observa una clara mayoría de estudiantes mujeres, vestidas con su indumentaria icónica con el corte (falda) y el huipil (blusa) de múltiples colores y formas geométricas tejidas a mano que simbolizan la orografía, los animales y las flores. Los varones portan un uniforme clásico colegial. Según los datos de la institución, de los 180 estudiantes de entre 13 y 17 años, 107 son mujeres y 73 son hombres.
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Una de las estudiantes es Rosa Ecot, quien a sus 17 años trabaja en horario matutino en una maquila textil, produciendo pantalones, para ganar un salario que le permita pagar su cuota de estudios. Como ella, todas sus compañeras también trabajan en otros sectores como el campo, la siembra de flores, aunque lo predominante es el tejido.
De acuerdo con el Ministerio de Educación, la inmensa población maya, en un país donde los pueblos originarios -Maya, Xinca y Garífuna- superan el 50 % del censo, sufre mayor deserción escolar por vivir en condiciones de pobreza y preferir dedicarse completamente al trabajo. Una realidad que confirma la rectora de la institución, Mildred Chuc, con la cifra de 13 estudiantes en 2026 que abandonaron la escuela, para irse a trabajar en talleres mecánicos.
Pero Rosa no planea desertar. Eso sí, al llegar a estudiar en las tardes, suele bostezar una y otra vez: “Pues vengo ya muy cansada, y en unos períodos pues mi cuerpo ya no da, me quedo como queriendo dormirme y ya no pongo tanta atención”.
Aunque Rosa es de las estudiantes más destacadas en las ecuaciones de sumas y restas de números complejos, así como en física fundamental, el promedio del país retrocedió en los resultados de las pruebas PISA.
En matemáticas, Guatemala obtuvo solo 334 puntos, el más bajo de la Latinoamérica. Significa que el 92 % de sus estudiantes de 15 años no alcanzó el nivel mínimo de competencia. Valga aclarar que ningún otro país latinoamericano alcanzó el promedio mínimo de la OCDE, de 463 puntos en matemáticas. El mejor de la región fue Uruguay, con 405 puntos, muy lejos del mejor el mundo, Macao, con 572 puntos, seguido de Singapur (563) y China (560).
A sabiendas que, en esta escala de evaluación, 20 puntos equivalen aproximadamente a un año de escolaridad, la brecha entre el promedio de los estudiantes latinoamericanos y los estudiantes asiáticos es de unos 5 años. Es decir, un joven promedio de 15 años de América Latina posee las competencias en matemáticas que un alumno asiático domina a los 10 u 11 años de edad.
Para la maestra de matemáticas de esta escuela maya, Fabiola Tomás Xoquic, el caso guatemalteco está intrínsecamente asociado a los factores económicos: “porque tenemos estudiantes que vienen de trabajar de una jornada en que no almorzaron bien, vienen desconcentrados, y sí se ve un desnivel que como docentes no podemos suplir”.
El caso de las mujeres en un país culturalmente machista
A sus 18 años, Nohemí Chigüinchón sueña con estudiar criminología: “Me gustaría ver cadáveres descompuestos y cosas así”. Lo manifiesta con destornillador en mano, mientras fabrica un circuito de electricidad para encender cuatro bombillas, con la algarabía de fondo de una escuela pública en el municipio de San Lucas Sacatepéquez, en cercanías a Ciudad de Guatemala.
A Nohemí le falta un año para terminar su bachillerato, y aspira a entrar a la universidad cuando tenga 21 años. Según ella, el problema de la educación en Guatemala está relacionada con la calidad de algunos docentes: “Siéndole sincera, tanto maestros y directores necesitan un poco más de organización, y lo que sí falta más es inglés. Personalmente tuvimos una maestra de inglés que literalmente entraba al salón y solo ponía todo en el pizarrón y no explicaba nada, entonces ¿cómo íbamos a entender?”
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Al igual que Rosa, Nohemí es de las estudiantes más aplicadas. Aunque ella no pertenezca a la etnia maya kaqchikel, defiende el rol de su género en la educación: “La generación de mujeres ha cambiado mucho desde ya no se deja llevar por lo que dice el hombre, la mujer ahora tiene más autoestima, más sentido de decidir sobre ella, porque antes eran amas de casas y literalmente recibían órdenes ya sea del esposo o del jefe”.
Para la experta en neuroeducación y pedagogía innovadora, Beatriz Erazo, actual decana de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Mesoamericana, el rezago de las mujeres en Guatemala adolece a la cultura machista del país. Luego de haber entrevistado a numerosas familias de escasos recursos le respondían:
“No mando a las niñas porque para qué, si ellas se van a casar y ellas van a tener que cuidar del hogar y de los hijos”.
Sin embargo, de acuerdo con estudios del Banco Mundial y ODI Global, en Guatemala actualmente hay más mujeres que finalizan sus estudios de bachillerato con una tasa del 51% versus una del 48% para los varones, en parte porque muchos de los varones solo están interesados en terminar la primaria. Para Erazo, la explicación es simple: “en las familias de escasos recursos, con que los adolescentes sepan leer y escribir, a los 12 y 13 años, es suficiente, y ya los mandan a trabajar”.
“En Guatemala no tenemos la cultura de la lectura”
Guatemala es un país donde se alcanza una tasa de analfabetismo del 18 %, lo que equivale a que más de 2.3 millones de guatemaltecos no sepan leer ni escribir. El problema es que quienes sí dominan este aspecto en el país, no necesariamente comprenden los textos y desarrollan un pensamiento crítico.
Así lo afirma la rectora Claudia Morales, directora del Instituto Nacional de Educación Básica donde estudia Nohemí: “Lamentablemente, lo que nos pasa en Guatemala es que no tenemos la cultura de lectura, entonces los jóvenes no tienen una comprensión lectora, porque no es que seamos malos, o que no sepamos, o como muchos nos dijeron, tontos, no es eso”.
El resultado de lectura de Guatemala en las pruebas PISA fue de 337 puntos. Para el Ministerio de Educación, el rezago educacional en lectura se debe a los años de la pandemia, donde los estudiantes estuvieron confinados, así como al mal uso de herramientas tecnológicas como celulares y tabletas. En contraste, el país que mejor desempeño tuvo en América Latina fue Chile, con 436 puntos, todavía muy por debajo de Singapur, el mejor del mundo con 535.
Uno de los grandes desafíos en esta materia, es que en Guatemala se hablan más 24 idiomas distintos al español, 22 mayas, uno Xinca y otro Garífuna, por lo que muchos estudiantes llegan con fuertes vacíos gramaticales en castellano. Ante esta crisis educativa guatemalteca, el actual Gobierno propone la formación de nuevos maestros, cambios curriculares y una profunda transformación digital.
Sin embargo, para la decana Erazo, el problema de la educación va más allá: “Está vinculado con la pobreza, la exclusión y la desigualdad de género y no basta únicamente con abrir más espacios de alfabetización”. Además, en su opinión y la de otros expertos en educación consultados por France 24, Guatemala debería potenciar su milenaria cultura ancestral perteneciente a la civilización maya, en donde la matemática, la astronomía y los calendarios fueron considerados de alta precisión científica y de inmenso aporte al conocimiento universal.

