¿Es posible rejuvenecer células envejecidas de forma segura? Durante años, la ciencia ha buscado responder a esta pregunta mediante la reprogramación celular parcial. Esta técnica, que se perfila como una de las rutas más prometedoras para revertir el envejecimiento, será probada por primera vez en humanos este mismo año. El avance podría no solo abrir nuevas vías para tratar enfermedades relacionadas con la edad, sino también replantear el concepto mismo de vejez.
Está previsto que la startup Life Biosciences sea la primera en ensayar la reprogramación celular parcial en humanos, con el objetivo de tratar trastornos del nervio óptico mediante la introducción controlada de genes.
Las primeras pruebas se basarán en el trabajo de Yuancheng Ryan Lu, genetista del Instituto Whitehead de Cambridge, Massachusetts. Hace siete años, el especialista logró regenerar hasta el 75% de las células de la retina en ratones al introducir tres genes específicos capaces de devolver a las células adultas a un estado más joven y flexible. Este enfoque se replicará ahora en 12 pacientes con glaucoma, con el fin de evaluar la seguridad y la eficacia del procedimiento para recuperar funciones del nervio óptico.
La base conceptual de este campo de investigación se remonta al descubrimiento de las células madre pluripotentes inducidas (iPS) hace dos décadas. En 2006, Shinya Yamanaka, biólogo de la Universidad de Kioto y ganador del Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2012, identificó cuatro factores de transcripción capaces de reprogramar células adultas a un estado pluripotente similar al embrionario. Este hallazgo permitió desarrollar las iPS, que hoy se investigan en terapias regenerativas para tratar afecciones como la insuficiencia cardíaca grave y la enfermedad de Parkinson.
Cuatro años más tarde, un equipo liderado por Prim Singh, de la Escuela de Medicina de la Universidad Nazarbayev (en Astaná, Kazajistán) propuso que estos factores podrían emplearse de manera parcial y temporal para rejuvenecer células sin que pierdan su identidad. La estrategia consiste en activar de forma breve los genes que codifican dichos factores y desactivarlos antes de que la célula complete su reinicio.
El campo recibió un nuevo impulso hace una década, cuando un trabajo encabezado por Juan Carlos Izpisúa Belmonte, entonces investigador del Instituto Salk de Estudios Biológicos en La Jolla (California), demostró que la activación cíclica de los factores de Yamanaka en ratones podía prolongar la vida en modelos con envejecimiento acelerado, además de mejorar la regeneración de tejidos como el músculo y el páncreas. Desde entonces, diversos estudios han documentado efectos comparables, como el rejuvenecimiento de la piel, la mejora en la regeneración muscular, la recuperación cardíaca tras lesiones e incluso avances en la memoria al intervenir en el cerebro envejecido.
En términos biológicos, la reprogramación celular parcial actúa sobre el epigenoma, es decir, sobre los marcadores químicos que regulan la expresión genética sin modificar la secuencia del ADN. Tradicionalmente, el envejecimiento se ha vinculado con alteraciones en estas marcas. Investigaciones recientes sugieren que los factores de Yamanaka pueden revertir parte de estos cambios en modelos animales, al restaurar patrones epigenéticos y mejorar funciones cognitivas. Esta hipótesis refuerza la idea de que envejecer no solo implica acumular daño, sino también perder información epigenética.
Millonarias inversiones para rejuvenecer las células
El potencial de esta técnica no ha pasado desapercibido fuera del ámbito académico. Inversores relevantes del sector tecnológico han destinado recursos significativos para impulsar empresas enfocadas en la reprogramación celular. Yuri Milner, cofundador de Mail.Ru Group, lideró una inversión de 3,000 millones de dólares para crear Altos Labs, una compañía centrada en este campo.
En una línea similar, Sam Altman, CEO de OpenAI, ha invertido en Retro Biosciences, una firma dedicada a la investigación en longevidad. Ambas compañías han desarrollado modelos de inteligencia artificial que podrían contribuir a aumentar la esperanza de vida humana en aproximadamente 10 años, de acuerdo con un reporte de MIT Technology Review. Este proyecto representa una de las primeras incursiones de estas iniciativas en el análisis de datos biológicos a gran escala.

