La guerra amenaza con reactivarse en la frontera entre Pakistán y Afganistán después de que unos 28 militantes islamistas murieran en una serie de ataques aéreos lanzados por las tropas paquistaníes en suelo afgano, según informó el gobierno de Islamabad el lunes 21 de septiembre.
Horas antes, funcionarios talibanes de Kabul denunciaron la muerte de al menos tres civiles durante la ofensiva nocturna de Islamabad.
"Se destruyeron con precisión tres objetivos, incluido un centro de entrenamiento de terroristas suicidas. También se destruyeron grandes cantidades de armas y munición almacenadas en estos centros y escondites", afirmó en un comunicado el Ejecutivo de Pakistán, que había advertido previamente de una posible operación militar como respuesta a un atentado contra sus fuerzas de seguridad el viernes.
En contraste, el portavoz adjunto de los talibanes, Hamdullah Fitrat, explicó que la ofensiva paquistaní impactó una casa en la provincia de Kunar, donde murieron tres miembros de una misma familia y otros cuatro resultaron heridos.
El funcionario añadió que otros dos lugares fueron bombardeados en la provincia de Paktika, donde una tienda y una vivienda desocupada quedaron destruidas, sin ninguna víctima reportada.
Un funcionario paquistaní, citado por la agencia Reuters bajo anonimato, validó que los ataques se produjeron en las provincias afganas de Paktika y Kunar, mientras que la Misión de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) confirmó en X que "un hombre, una mujer y una niña murieron y cuatro resultaron heridos en aparentes ataques aéreos" en la provincia afgana de Kunar.
"Reiteramos nuestro llamamiento al respeto del derecho internacional humanitario para prevenir bajas civiles", instó la UNAMA, que ha documentado casi 500 civiles afganos muertos y más de 1.200 heridos desde octubre de 2025.
El Ministerio de Defensa de Afganistán condenó "en los términos más enérgicos" los ataques, que interpretó como "una clara violación de la soberanía nacional y la integridad territorial", mientras que el Ministerio de Asuntos Exteriores convocó al encargado de negocios de Pakistán en Kabul y presentó una protesta formal por los ataques.
Una respuesta anunciada
El Ministerio de Información de Pakistán advirtió el sábado de una posible ofensiva contra militantes en Afganistán como represalia por el atentado mortal del viernes en un complejo policial en la ciudad de Kohat.
Los hechos fueron perpetrados por un atacante suicida que chocó un vehículo cargado de explosivos cerca de la mezquita del complejo. Acto seguido, ocho hombres armados irrumpieron en el recinto y desencadenaron un tiroteo que se prolongó por 20 horas.
Aunque inicialmente se reportaron 21 fallecidos, la mayoría policías, y más de un centenar de heridos, el número de víctimas aumentó a 50, según informó este lunes a la agencia EFE Ghulam Jaffar, un oficial de policía de Kohat.
El ataque fue reivindicado por el grupo islamista Shura Ittehad-ul-Mujahideen, una milicia local vinculada al Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) o los talibanes paquistaníes, liderada por el líder tribal y comandante militar Hafiz Gul Bahadur.
Además, seis miembros de las fuerzas de seguridad paquistaníes, entre ellos dos oficiales del ejército, murieron en otro tiroteo el domingo con militantes en Hangu, un distrito de la provincia noroccidental de Khyber Pakhtunkhwa.
Pakistán sufre el asedio de varios grupos militantes desplegados en la frontera con diferentes bases de apoyo e ideologías distintas, pero que comparten la rivalidad con el gobierno de Islamabad.
¿Vuelve la guerra a la frontera?
La ofensiva paquistaní en suelo afgano amenaza con detonar la frágil tregua de los últimos tres meses entre los países vecinos. Zabihullah Mujahid, el portavoz principal del gobierno talibán, adelantó que Kabul "responderá de forma apropiada a esta agresión".
"Condenamos este ataque y opresión, considerándola una repetición de tales crímenes. Los círculos militares paquistaníes han vuelto a cometer este delito para desviar la atención de las deficiencias de seguridad de su país", escribió Mujahid en la red social X.
El conflicto entre ambas naciones se intensificó en febrero, cuando cientos de personas murieron en ataques aéreos, ofensivas con drones y fuego de artillería. El incidente más grave se produjo un mes después, cuando más de 400 personas murieron en un ataque aéreo paquistaní sobre Kabul, que, según los talibanes afganos, tenía como objetivo un centro de rehabilitación de drogodependientes.
Islamabad rechazó entonces los señalamientos al asegurar que atacó "con precisión instalaciones militares e infraestructura de apoyo terrorista".
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La asimetría en los arsenales de ambos Ejércitos es evidente. La Fuerza Aérea paquistaní cuenta con 422 aviones de combate y más de 260 helicópteros, según datos del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, con sede en Londres, mientras que Afganistán, que no tiene aviones de combate, posee seis aeronaves y 23 helicópteros, además de drones que se han utilizado anteriormente en combates con Pakistán.
Las relaciones entre los antiguos aliados han sido tensas durante años, ya que Islamabad acusa a Kabul de dar refugio a militantes que perpetran ataques transfronterizos. Sin embargo, el gobierno de Afganistán niega que brinde cobijo a los insurgentes y sostiene que la militancia es un problema interno de Pakistán.
"El Emirato Islámico rechaza categóricamente, una vez más, las acusaciones de que los recientes incidentes de seguridad en Pakistán tengan su origen en territorio afgano", insistió este lunes el Ministerio de Defensa de Kabul en un comunicado.
Con Reuters, AP y EFE
