Por Dr. Luis Faringthon Reyes
En República Dominicana con una población elevada en diabéticos que supera aproximadamente el 12%, esta enfermedad sigue avanzando de forma silenciosa, pero sus consecuencias son cada vez más visibles. Una de las más devastadoras es la amputación de extremidades.
Cada amputación representa mucho más que una intervención quirúrgica. Es un cambio radical en la vida de un paciente y su familia. Es el paciente que pierde su independencia, que ve limitadas sus oportunidades laborales, que enfrenta un impacto emocional profundo, pero lo más alarmante es que muchas de estas amputaciones pudieron evitarse.
La historia casi nunca comienza en el quirófano. Empieza con una pequeña herida en el pie, muchas veces indolora por el daño nervioso provocado por diabetes descompensada. Continúa con infecciones mal controladas o problemas de circulación que no se detectan a tiempo. Y termina, lamentablemente, cuando ya no hay opciones para salvar la o las piernas.
Cerca del 80% de las amputaciones por pie diabético, se podrían prevenir con un tratamiento adecuado, precoz y atenciones básicas de la enfermedad vascular y control glucémico. Además, se calcula que solo una de cada diez personas amputada se rehabilita, y que el 30% usa prótesis. Pero, su adquisición es limitada por el costo.
Recordar por encima de 20% pacientes amputados serán candidatos a una amputación contralateral. La mortalidad en pacientes amputados por pie diabético a 5 años del 70%. La diabetes mellitus es responsable de entre el 25% y el 90% de las amputaciones no traumáticas. Estas ocurren aproximadamente cada 20 segundos, lo que representa cerca de un millón de personas amputadas cada año.
Pero lo más importante para prevenir el desarrollo de la diabetes y sus complicaciones es la educación. “Un óptimo control la enfermedad permite mantener la glucosa sanguínea en niveles normales, mejorar la calidad de vida del paciente, y reducir las posibilidades de generar complicaciones.
Cabe recordar que una diabetes mal tratada o descontrolada puede tener efectos mortales y dolorosos como la amputación de un miembro inferior, pérdida de la visión, daño renal y trastornos cardíacos, entre otros. Por lo que supone visitas regulares a los especialistas incluyendo al cirujano vascular.
