Lula gana las elecciones en Brasil, pero se enfrenta a un complejo panorama para gobernar

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“Aunque no seas partidario de Lula, lo que estaba en juego era la democracia frente a la extrema derecha”. En el barrio costero de Botafogo, en Río de Janeiro, Katia celebró el domingo la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva, mientras sus seguidores salían a las calles. 

“No podía quedarme de brazos cruzados”, declaró a France 24.

A sus casi 81 años, Luiz Inácio Lula da Silva desafió las previsiones al derrotar a su rival de extrema derecha, Flávio Bolsonaro, con un 51,7% de los votos frente a un 48,2%.

Tras quedar por detrás en la primera vuelta, la campaña de Lula intensificó sus esfuerzos para llegar a los votantes jóvenes e indecisos.

“La sensación de urgencia generada por haber quedado en segundo lugar en la primera vuelta desencadenó esta movilización bastante masiva en la segunda vuelta, sobre todo en las redes sociales”, explica Bruno Ronchi, investigador doctoral en Ciencias Políticas de la Universidad de Rennes, especializado en movimientos de extrema derecha, en particular en Brasil.

Sin embargo, el resultado no supone el fin del bolsonarismo, el movimiento político articulado en torno al expresidente Jair Bolsonaro, su familia y sus ideas.

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Imagen de portada: © France 24

“El bolsonarismo sigue siendo una fuerza política importante entre el electorado conservador. El resultado de Flávio Bolsonaro no fue precisamente una derrota humillante”, señala Ronchi. 

Con ese panorama, Lula se enfrenta ahora al reto de convertir una victoria basada en una amplia movilización en una coalición de gobierno viable, al tiempo que debe hacer frente a una poderosa oposición interna y a la presión internacional procedente de Washington y de países vecinos.

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Poco margen de maniobra

Lula se dispone a gobernar sin mayorías en el Congreso.

 El Partido Liberal, liderado por el bando de Bolsonaro, obtuvo 121 de los 513 escaños de la Cámara de Diputados y 28 de los 81 escaños del Senado en las elecciones legislativas celebradas a principios de este mes.

“Por lo tanto, Lula tendrá que gobernar con un Congreso aún más a la derecha y aún más conservador que el de 2022”, describe Ronchi.

Vista general al inicio de una sesión del Congreso Nacional para examinar el veto del presidente Lula da Silva a la ley de reforma de las penas, que reduce la condena del expresidente Jair Bolsonaro, condenado por intento de golpe de Estado, en Brasilia (Brasil), el 30 de abril de 2026.
Vista general al inicio de una sesión del Congreso Nacional para examinar el veto del presidente Lula da Silva a la ley de reforma de las penas, que reduce la condena del expresidente Jair Bolsonaro, condenado por intento de golpe de Estado, en Brasilia (Brasil), el 30 de abril de 2026. © AFP – EVARISTO SA

El experto añade que el presidente tendría que colaborar con los partidos de centro a pesar de la limitada afinidad con su programa.

El presidente dependerá del denominado ‘Centrao’, un bloque de partidos de centro-derecha que suele respaldar a un gobierno a cambio de concesiones políticas y acceso a los recursos públicos.

“Creo sinceramente que Lula tendrá muy poco margen de maniobra”, afirmó Ronchi, quien además pronosticó una Administración que será “muy moderada, quizás incluso más que sus gobiernos anteriores”.

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Poder adquisitivo y seguridad pública 

Las preocupaciones económicas son una de las principales prioridades del Ejecutivo. El aumento de los precios del combustible y la inflación han mermado los presupuestos de las familias, mientras que el Gobierno se enfrenta a la presión de equilibrar el gasto público con su compromiso con los programas de bienestar social.

“El poder adquisitivo es, sin duda, uno de los principales problemas, como lo es en muchos países del mundo”, recuerda Ronchi.

Según el experto, los indicadores económicos durante el más reciente mandato de Lula fueron relativamente positivos, con Brasil cerca del pleno empleo.

El candidato presidencial brasileño Flavio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), llega para pronunciar un discurso tras perder la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en Brasilia, Brasil, el 25 de octubre de 2026.
El candidato presidencial brasileño Flavio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), llega para pronunciar un discurso tras perder la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en Brasilia, Brasil, el 25 de octubre de 2026. © REUTERS – Agustin Marcarian

El líder del Partido de los Trabajadores también debe hacer frente a las dudas sobre la estabilidad institucional. Flávio Bolsonaro ha pedido que se anule la segunda vuelta de las elecciones, alegando retrasos en las decisiones sobre las solicitudes de ampliación del horario de votación.

El expresidente Jair Bolsonaro también optó por ese camino al no aceptar su derrota tras las elecciones de 2022, en las que Lula fue declarado ganador.

De esa forma, el 8 de enero de 2023, apenas una semana después de que Lula asumiera el poder, una turba de seguidores de Bolsonaro irrumpió en el Congreso, el Tribunal Supremo y la sede de la Presidencia en Brasilia.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, posa para las fotos durante una ceremonia en la que se ha anunciado un nuevo plan de seguridad para combatir el crimen organizado en Río de Janeiro, el viernes 18 de septiembre de 2026.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, posa para las fotos durante una ceremonia en la que se ha anunciado un nuevo plan de seguridad para combatir el crimen organizado en Río de Janeiro, el viernes 18 de septiembre de 2026. © AP Photo/Silvia Izquierdo

De otro lado, también se prevé que la seguridad pública siga siendo un tema polémico. Acusado por sus oponentes de ser demasiado blando con la delincuencia, Lula se enfrentará a presiones para combatir a los grupos criminales y las milicias que controlan territorios en varias ciudades.

Durante la campaña, afirmó que apoyaría la reducción de la edad de responsabilidad penal de 18 a 16 años para los delitos atroces, mientras que la derecha política quiere reducirla a 14 años.

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¿Un contrapeso a Trump?

La victoria de Lula también tiene repercusiones más allá de Brasil. La reelección de un líder de izquierdas en el país supone un desafío al creciente poderío de las derechas en los Ejecutivos de países de América Latina, que se han alineado con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El año pasado, la Casa Blanca impuso aranceles a Brasil como represalia por los procedimientos judiciales contra su aliado Jair Bolsonaro, a lo que siguió este año un arancel adicional del 25% sobre algunos productos.

Lula basó su campaña en la defensa de la soberanía brasileña frente a la presión de Estados Unidos.

Imagen de archivo que muestra a los presidentes Donald Trump y Luiz Inácio Lula Da Silva reunidos al margen de la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Kuala Lumpur, 26 de octubre de 2025.
Imagen de archivo que muestra a los presidentes Donald Trump y Luiz Inácio Lula Da Silva reunidos al margen de la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Kuala Lumpur, 26 de octubre de 2025. AP – Mark Schiefelbein

Ronchi explicó que la victoria de Lula ha enviado un mensaje a otros países de la región, donde los cambios políticos suelen presentarse como un vaivén inevitable entre la izquierda y la derecha.

“Estas elecciones demuestran que esas tendencias no son inevitables”, advirtió.

Esto en relación a la presión ejercida desde Washington, incluidos los esfuerzos del secretario de Estado, Marco Rubio, por afianzar una esfera de influencia estadounidense más sólida en todo el continente americano. 

“Esta victoria demuestra que hay formas de contrarrestar la ambición estadounidense de imponer su poder en todo el continente. Y también demuestra que los movimientos de izquierda pueden movilizarse y reorganizarse”, afirmó Ronchi. 

Pero, una vez más, la capacidad de Lula para actuar como contrapeso a Trump dependerá de su margen de maniobra a nivel nacional.

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Lula convertido en “baluarte”

Para Armelle Enders, profesora de historia contemporánea en la Universidad París 8 y directora del laboratorio de investigación del Instituto Francés de Geopolítica, la victoria de Lula tiene una relevancia que va más allá de Brasil.

“Es una victoria para los demócratas de todo el mundo. Él representa un baluarte y eso es muy importante”, declaró a France 24. 

Lula célèbre la victoire à la présidentielle brésilienne le 26 octobre 2026 à Sao Paulo.
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, candidato del Partido de los Trabajadores (PT) a la reelección, agita una bandera brasileña mientras el vicepresidente Geraldo Alckmin se dirige a sus seguidores tras ganar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en São Paulo, Brasil, el 26 de octubre de 2026. © Alexandre Meneghini, Reuters

De su lado, Ronchi apuntó que los resultados electorales reflejaban una amplia movilización contra los riesgos que el bolsonarismo supone para las instituciones democráticas, más que la desaparición del propio movimiento.

“También se formó una especie de frente amplio democrático que puso de manifiesto la desconfianza hacia el bolsonarismo y los riesgos que este supone en cuanto a la ruptura con las instituciones democráticas”, afirmó.

Para Katia, en Río de Janeiro, la perspectiva de nuevas tensiones políticas sigue siendo motivo de preocupación.

“Los próximos días van a ser intensos. Serán tan intensos como las últimas elecciones, cuando intentaron hacer un golpe de Estado. Y Bolsonaro no va a aceptar haber perdido las elecciones”, declara.

“Creo que podemos esperar cualquier cosa de ellos. Se trata de personas que no son en absoluto democráticas. Algo se está gestando”, dijo la mujer.

Lula ha ganado otro mandato, pero su capacidad para gobernar dependerá de si es capaz de superar la división política de Brasil y dar respuesta a las preocupaciones de los votantes.

Este artículo fue traducido de su versión original en inglés