Desde hace unos años, los científicos saben que los perros que viven en libertad cerca de la Central nuclear de Chernóbil tienen un perfil genético muy diferente al de otras poblaciones caninas. Lo que hallaron adicionalmente en aquel momento también fue llamativo. Algunas de las regiones del ADN de los canes locales están relacionadas con funciones como la reparación del ADN, la respuesta inmunitaria y la supervivencia celular. Es razonable asumir que la fauna ha cambiado durante los últimos 40 años para enfrentar el entorno contaminado, pero la ciencia todavía no puede asegurarlo con total certeza.
Tras el accidente nuclear de 1986 en la entonces Unión Soviética, los habitantes de la zona fueron evacuados y muchas localidades en lo que hoy es Ucrania quedaron abandonadas. Mientras la presencia humana se desplomó, distintas especies de fauna silvestre continuaron habitando la región. Entre ellas están los descendientes de los perros que sus dueños dejaron atrás durante la evacuación.
Una nueva investigación, publicada en la revista científica Genes, vuelve sobre el misterio de estos perros, a los que a veces se describe como “mutantes”. Esta vez, los científicos querían averiguar si la selección natural pudo contribuir a sus diferencias genéticas ya descubiertas. En otras palabras, buscaban pistas que permitieran saber si, en las condiciones extremas de Chernóbil, algunos perros tuvieron características que les ayudaron a sobrevivir y reproducirse, transmitiendo esas variantes genéticas a las siguientes generaciones.
Para responder esa pregunta, los investigadores compararon el ADN de los perros que viven cerca de la central con el de los que habitan en la ciudad de Chernóbil, a unos 16 kilómetros de distancia. También recurrieron a otras poblaciones caninas para comprobar si las diferencias podían explicarse por el aislamiento. Los resultados apuntaron a que el azar no bastaba para explicar lo que ocurría: en el ADN de los perros de la central nuclear había regiones con patrones compatibles con la selección natural.
La mejor pista apareció al examinar qué había cerca de esas regiones. Los investigadores identificaron genes relacionados con la reparación del ADN, la respuesta inmunitaria y la supervivencia celular. Es decir, algunas de las diferencias genéticas de los perros de la central se encuentran en zonas relacionadas con funciones que podrían ser relevantes para afrontar el estrés ambiental.
En conjunto, los resultados refuerzan la hipótesis de que la selección natural contribuyó a diferenciar a estos perros de otras poblaciones. Lo que todavía no permiten saber es qué factores ambientales favorecieron esas variantes ni si estas les proporcionan alguna ventaja concreta. La radiación es una posibilidad, pero el estudio no pudo separar sus efectos de los de otros contaminantes o de las circunstancias que marcaron la historia de estos animales.
Casi cuatro décadas después del accidente, la zona de exclusión de Chernóbil se ha convertido también en un refugio para especies silvestres. Lobos, ciervos, jabalíes o linces salvajes recorren hoy el territorio. Diversos estudios han encontrado poblaciones abundantes de grandes mamíferos, un fenómeno que los investigadores relacionan en buena medida con la disminución de actividades humanas como la caza y la transformación del territorio.



