Logran frenar el efecto rebote post-Ozempic con una pastilla y una bacteria

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Steve Christo / Corbis / Gettyimages.ru

SANTO DOMINGO, RD/ AGENCIA ABC.- Todo lo que rodea a Ozempic y los nuevos fármacos contra la obesidad suele estar rodeado de un discurso triunfalista. Además de reducir el peso en la báscula, los agonistas del receptor GLP-1 parecen traer otros beneficios para la salud.

Sin embargo, una sombra sigue planeando: ¿qué ocurre cuando se deja el pinchazo? El cuerpo tiende a recuperar lo perdido en un fenómeno de resistencia metabólica difícil de combatir.

Ahora, dos investigaciones independientes publicadas esta semana en la revista 'Nature Medicine' proponen nuevas estrategias para blindar ese éxito. Los resultados sugieren que una cápsula diaria de un nuevo fármaco o un suplemento basado en una bacteria específica pueden actuar como «anclas» para evitar que los kilos regresen.

El primer estudio se centra en el orforglipron, una molécula que pertenece a la familia de los agonistas del receptor GLP-1 —la misma que Ozempic o Mounjaro— pero con la ventaja de administrarse por vía oral. En un ensayo clínico de fase 3b que incluyó a 376 adultos en Estados Unidos, los investigadores comprobaron que esta pastilla diaria es capaz de mantener el peso perdido tras 72 semanas de tratamiento inyectable.

Aquellos pacientes que pasaron de la inyección al orforglipron conservaron entre el 75% y el 80% de su pérdida de peso original durante un año más, mientras que el grupo que recibió un placebo vio cómo la báscula volvía a subir rápidamente.

De la aguja a la cápsula

Esta estrategia secuencial podría resolver uno de los grandes problemas de adherencia y logística de los tratamientos actuales. José Pablo Miramontes González, médico internista en el Hospital Río Hortega de Valladolid, considera que este trabajo responde a una pregunta puramente clínica: qué ocurre tras una pérdida de peso importante lograda con uno de estos fármacos inyectables.

«Sus implicaciones son prácticas, ya que una estrategia de mantenimiento con un agonista oral podría ser una alternativa realista para mejorar la aceptabilidad y la escalabilidad del tratamiento, aunque todavía no demuestra que sea superior a mantener el inyectable», explica el facultativo al Science Media Center (SMC) España.

Por su parte, Josefa García Barrado, investigadora en Neuroendocrinología y Obesidad de la Universidad de Salamanca, destaca al SMC que el cambio a una opción oral «puede facilitar el cumplimiento terapéutico». 

Para la experta salmantina, los resultados muestran que estas terapias combinadas son prometedoras para evitar la recuperación de peso cuando se suspende el tratamiento principal, «especialmente cuando el paciente no ha conseguido mantener cambios en los hábitos de vida, aunque incluso con ellos puede producirse esta recuperación».

Reprogramar el metabolismo con bacterias

La segunda vía explorada no nace de la farmacología tradicional, sino de nuestra propia microbiota. Un equipo de investigadores en Países Bajos analizó el potencial de la bacteria 'Akkermansia muciniphila' pasteurizada como aliada tras una dieta hipocalórica. 

Tras perder al menos un 8% de su peso corporal, 90 voluntarios recibieron o bien un suplemento diario de esta bacteria o un placebo. Los resultados revelaron que quienes tomaron el suplemento bacteriano recuperaron solo un 13% del peso perdido, frente al 33% del grupo de control.

Quienes tomaron el suplemento bacteriano recuperaron solo un 13% del peso perdido, frente al 33% del resto

Francisco Jesús Gómez Delgado, jefe de Medicina Interna del Hospital Universitario de Jaén, subraya que este trabajo «identifica a la microbiota intestinal como una diana terapéutica real en el abordaje de la obesidad». Según el experto de la Sociedad Española de Medicina Interna, este enfoque se postula como una herramienta complementaria a las estrategias nutricionales y conductuales, apoyando la hipótesis de que el perfil de nuestras bacterias influye directamente en fenómenos como la inflamación o la resistencia a la insulina.

La obesidad como enfermedad crónica

Más allá de los kilos, el suplemento bacteriano mostró señales interesantes en la mejora de la sensibilidad a la insulina, lo que refuerza su papel en la salud metabólica global. Sin embargo, la comunidad científica pide cautela. José M. Ordovás, profesor de Nutrición y Genómica en la Universidad Tufts (EE. UU.), señala al SMC que, aunque los hallazgos son relevantes, «conviene interpretarlos con prudencia» debido al tamaño reducido de las muestras en el caso de la microbiota y a que los estudios aún son de corta duración para una patología que dura toda la vida.

«La obesidad, al ser una enfermedad crónica y compleja, necesita un tratamiento crónico y un soporte mantenido en el tiempo».- Cristóbal Morales / Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad

Para Cristóbal Morales, vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), estos trabajos refuerzan una visión que la ciencia lleva tiempo reclamando: «La obesidad, al ser una enfermedad crónica y compleja, necesita un tratamiento crónico y un soporte mantenido en el tiempo».

Según Morales, es una buena noticia que el foco esté pasando de la fase de pérdida a la de mantenimiento, buscando estrategias que permitan que el beneficio para la salud del paciente se prolongue durante años y no solo durante unos meses de tratamiento intensivo.