La inflación golpea a las clínicas veterinarias: menos revisiones y aumento de los precios de los medicamentos

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NUEVA YORK,EE.UU./ SALUD DIGITAL.- La crisis del coste de la vida está alterando primero la economía diaria de las clínicas veterinarias y, como consecuencia, la forma en la que los propietarios cuidan a sus mascotas.

Así lo confirman los datos recogidos por el estudio internacional de Kynetec entre 2022 y diciembre de 2025 en Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, España y Estados Unidos, que muestran que el impacto más visible comienza en la clínica y en las decisiones del cliente.

Uno de los indicadores más reveladores procede de Estados Unidos y actúa como aviso para el resto de mercados: el número de revisiones veterinarias ha pasado de un balance positivo en 2022 con un 7 % a un saldo negativo del –33 % en 2025. Casi la mitad de los veterinarios estadounidenses afirma que estas visitas han disminuido. La medicina preventiva es el primer recorte cuando el presupuesto de los tutores de mascotas se ajusta.

El informe identifica dos áreas claramente dañadas en las clínicas: los ingresos procedentes de la venta de productos —medicación, nutrición y artículos relacionados con el cuidado de las mascotas— y la disponibilidad de personal. Las clínicas siguen recibiendo pacientes, pero venden menos producto vinculado a cada visita y lo hacen con menos recursos humanos.

En España, el 94 % de los veterinarios afirma que el precio de los medicamentos y productos farmacéuticos ha aumentado respecto al año anterior

A la vez, los costes que soportan los centros no dejan de subir. En España, el 94 % de los veterinarios afirma que el precio de los medicamentos y productos farmacéuticos ha aumentado respecto al año anterior. Este patrón se repite en todos los países analizados, siempre por encima del 80 %, afectando también a pruebas diagnósticas, equipamiento y alimentación.

En España, el 50 % de los dueños reconoce haber cambiado la alimentación de su mascota por motivos económicos y el 27 % ha modificado comportamientos relacionados con el veterinario: menos visitas, retrasos en tratamientos o búsqueda de alternativas más baratas. Sin embargo, solo el 33 % se declara “muy preocupado” por poder pagar futuros tratamientos.

En la consulta, esta tensión se traduce en nuevas prácticas. Los veterinarios ofrecen con mayor frecuencia alternativas terapéuticas más económicas, planes de pago, descuentos y prescripciones para que el cliente compre el medicamento online. También aparecen, aunque de forma minoritaria,

conversaciones sobre eutanasia por motivos económicos, un escenario que antes era excepcional y ahora empieza a formar parte del día a día clínico.

Este desequilibrio —más costes, menos ingresos por producto y clientes que recortan en prevención— configura un nuevo modelo de clínica, donde la rentabilidad se estrecha y la negociación económica con el propietario gana peso en cada consulta. El impacto económico es el primer eslabón de una cadena que termina afectando directamente al profesional.

SATISFACCIÓN, ESTRÉS Y ABANDONO: EL DESGASTE DEL VETERINARIO

Ese contexto económico explica el progresivo desgaste profesionalEn diciembre de 2025, solo el 49 % de los veterinarios españoles se declara “bastante o muy satisfecho” con su trabajo, cifras similares a Italia (48 %) y por debajo de Reino Unido (64 %), Francia (56 %), Alemania (58 %) y Estados Unidos (71 %). La tendencia desde 2020 es ligeramente descendente en Europa.

El 61 % de los veterinarios españoles afirma sentirse “bastante o muy estresado”

Asimismo, el 61 % de los veterinarios españoles afirma sentirse “bastante o muy estresado”, uno de los porcentajes más altos del estudio, junto al 59 % de Estados Unidos. En Reino Unido es del 53 %, en Francia del 54%, en Alemania del 43 % y en Italia del 49 %. El conflicto entre lo que el profesional recomienda y lo que el cliente puede pagar se convierte en una fuente constante de tensión.

Las consecuencias ya se reflejan en las aspiraciones de futuro. En Reino Unido, uno de cada cinco veterinarios declara que le gustaría abandonar la profesión a largo plazo. En paralelo, crece en varios países el deseo de reducir jornada o buscar fórmulas más flexibles. A ello se suma que el 39 % de los veterinarios españoles, el 56 % de los británicos y el 55 % de los estadounidenses trabajan en clínicas con falta de personal, alimentando un círculo de sobrecarga, estrés y menor satisfacción laboral.