La historia de la humanidad suele contarse a partir de imperios, migraciones, guerras y grandes ciudades. Sin embargo, de manera paralela a estos procesos ocurrió otro menos visible: la desaparición de una parte de la diversidad lingüística que alguna vez existió.
Una investigación publicada recientemente en la revista Science utilizó modelos demográficos para reconstruir cómo pudo cambiar la cantidad de lenguas durante el Holoceno, el periodo que comenzó hace cerca de 12,000 años, al terminar la última gran era de hielo.
Sus resultados sugieren que la diversidad lingüística primero aumentó junto con la población humana y alcanzó su punto más alto hace entre 2,000 y 3,000 años. De acuerdo con el escenario principal del modelo, es posible que hace 3,000 años las diversas poblaciones humanas sumaran alrededor de 30,000 lenguas, frente a las 7,500 que se calculan actualmente. Después, comenzó una reducción que continúa hasta nuestros días.
Para reconstruir una historia de la que existen pocos registros directos, el equipo de investigación combinó estimaciones sobre la población mundial con datos etnográficos de 171 grupos de cazadores-recolectores. Esto sirvió como referencia para entender cómo el tamaño de las comunidades, su movilidad y la disponibilidad de recursos se relacionan con la cantidad de lenguas.
Comunidades pequeñas y más lenguas
El análisis se concentró en comunidades nómadas, no ecuestres y dependientes de la caza, la pesca o la recolección, para evitar que factores como la agricultura, la vida sedentaria o el uso de caballos alteraran las estimaciones sobre el tamaño de las poblaciones.
Los autores tomaron como unidad de análisis al grupo etnolingüístico, es decir, una comunidad que comparte una identidad social y una lengua. Sin embargo, reconocen que estas fronteras no siempre son claras. Una persona puede hablar varias lenguas, pertenecer a distintos grupos o utilizarlas de manera diferente según el contexto.
Aun así, los datos mostraron un patrón útil para el modelo. El 87% de las lenguas analizadas estaba registrada en un solo grupo etnolingüístico. En la mayoría de los casos estudiados, por tanto, había una relación cercana entre una comunidad diferenciada y una lengua.
También había excepciones. Algunos pueblos indígenas de Norteamérica, como los shoshoni del norte, o grupos dedicados a la caza de caribúes (una especie de reno de esa región) recorrían territorios muy amplios y podían mantener una misma lengua entre comunidades separadas. Esa movilidad les permitía conservar redes de contacto más extensas.
Cuando un grupo se dividía, ambas comunidades podían seguir entendiéndose durante generaciones, pero el tiempo, la distancia y el menor contacto hacían que sus formas de hablar comenzaran a diferenciarse.
A partir de esta relación, el estudio utilizó el tamaño de los grupos para estimar cuántas lenguas podían existir dentro de la población mundial de hace 12,000 años, calculada entre 4.4 y 7 millones de personas.
Aunque era una población mucho menor que la actual, estaba repartida en comunidades pequeñas y dispersas. El modelo fijó en 6,000 personas el tamaño máximo de un grupo nómada, tomando como referencia a los inuit de la isla de Baffin.
La disponibilidad de recursos también podía limitar cuántas personas permanecían juntas y el territorio por el que necesitaban desplazarse. En este tipo de sociedades, el crecimiento de la población podía dar lugar a la formación de más grupos y, con el paso del tiempo, a más lenguas.
Los investigadores probaron distintas formas de hacer los cálculos para comprobar que el resultado no dependiera de una sola decisión. También tomaron en cuenta que las comunidades cercanas podían compartir prácticas, tecnologías o parte de su historia.

