
Amparo García-Tejedor, ginecóloga del Hospital de Bellvitge e investigadora del IDIBELL – Cedida a ConSalud.es
MADRID, ESPAÑA / SALUD DIGITAL.-La endometriosis es una enfermedad ginecológica crónica que afecta aproximadamente a una de cada diez mujeres en edad reproductiva y que, pese a su elevada prevalencia, sigue estando infradiagnosticada.
Se estima que el diagnóstico puede tardar una media de ocho años debido, en gran parte, a la normalización social del dolor menstrual y a la falta de formación específica sobre la patología.
La enfermedad se caracteriza por la presencia de tejido similar al endometrio fuera del útero, que responde a los cambios hormonales del ciclo menstrual y provoca inflamación crónica, dolor pélvico e incluso infertilidad.
El impacto de la endometriosis en la calidad de vida de las pacientes puede ser considerable.
Además del dolor, que en muchos casos se vuelve incapacitante, alrededor del 30-50% de las mujeres con esta enfermedad pueden experimentar dificultades reproductivas.
Por ello, el manejo clínico suele incluir estrategias para preservar la fertilidad, como la congelación de óvulos o cirugías cuidadosas.
En los últimos años, además, se ha consolidado un enfoque multidisciplinar que incorpora fisioterapia de suelo pélvico, nutrición antiinflamatoria o apoyo psicológico para mejorar el bienestar de las pacientes.
Una de las manifestaciones de la enfermedad son los endometriomas, quistes ováricos conocidos popularmente como “quistes de chocolate” por su contenido oscuro y denso. Estos se desarrollan en entre el 20% y el 40% de las mujeres con endometriosis y también aparecen en hasta el 30-40% de las pacientes que consultan por problemas de fertilidad. Tradicionalmente, el tratamiento de referencia ha sido la cirugía laparoscópica, aunque esta puede implicar riesgos y afectar a la reserva ovárica.
Ahora, un ensayo clínico multicéntrico liderado por el Hospital Universitario de Bellvitge y el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) plantea una alternativa menos invasiva. En el estudio, publicado en la revista científica Archives of Gynecology and Obstetrics, participaron 167 mujeres de entre 18 y 40 años con quistes de hasta diez centímetros, comparando esta técnica con la cirugía laparoscópica convencional.
“Esta técnica lo que consigue es que, por vía vaginal o abdominal, pinchemos el quiste con una aguja fina, vaciemos su contenido y después introduzcamos alcohol durante unos minutos para que las paredes se impregnen y el quiste termine desapareciendo”
La escleroterapia consiste en vaciar el contenido del quiste mediante una aguja fina guiada por ecografía y aplicar posteriormente alcohol en su interior para provocar que las paredes del quiste se colapsen y desaparezca progresivamente. “Esta técnica lo que consigue es que, por vía vaginal o abdominal, pinchemos el quiste con una aguja fina, vaciemos su contenido y después introduzcamos alcohol durante unos minutos para que las paredes se impregnen y el quiste termine desapareciendo”, explica la doctora Amparo García-Tejedor, ginecóloga del hospital e investigadora del IDIBELL, en una entrevista para ConSalud.es con motivo del Día Mundial de la Endometriosis.
El procedimiento se realiza en consultas externas, dura alrededor de una hora y generalmente no requiere anestesia general. “Lo que más duele es solo el pinchazo, como el de una anestesia. Con un antiinflamatorio y un diazepam para relajar a la paciente suele tolerarse muy bien”, detalla la especialista. Esta sencillez permite evitar la hospitalización y reduce los riesgos asociados a una intervención quirúrgica.
Los resultados del ensayo muestran que la técnica ofrece una seguridad comparable a la cirugía: las complicaciones graves son muy infrecuentes, situándose en torno al 1,1%. Además, tras más de dos años de seguimiento, la recurrencia fue similar en ambos grupos —22,8% en escleroterapia frente a 25,7% en cirugía— y el control del dolor incluso mostró una tendencia favorable en las pacientes tratadas con alcohol, con un 89% de alivio o desaparición del dolor frente al 66% de las intervenidas quirúrgicamente.
UNA ALTERNATIVA PARA PRESERVAR LA RESERVA OVÁRICA
Otra de las ventajas clave del procedimiento es su posible impacto positivo en la fertilidad. “Con este abordaje dañamos menos los folículos del ovario que rodean el endometrioma, lo que nos permite preservar mejor la reserva ovárica”, señala la Dra. García-Tejedor. “Las pacientes con endometriosis ya tienen alrededor de un 30% de posibilidades de infertilidad; cuanto menos dañemos el ovario, menos riesgo añadimos”, añade.
Los investigadores confían en que estos resultados puedan modificar en el futuro la práctica clínica. “Este ensayo aporta evidencia sólida para que los profesionales puedan ofrecer opciones menos agresivas, igualmente efectivas y más eficientes desde el punto de vista del sistema sanitario”, afirma la especialista. No obstante, recuerda que la técnica solo trata el endometrioma ovárico y no otras posibles lesiones de endometriosis en la cavidad abdominal.
Como continuación del ensayo, el hospital ha puesto en marcha el estudio ESCOMA, financiado por el Instituto de Salud Carlos III a través del Fondo de Investigación Sanitaria. El proyecto pretende incluir a 288 mujeres para analizar si esta técnica puede preservar mejor la función ovárica y mejorar la calidad de vida de las pacientes en comparación con el tratamiento médico.
“Lo que queremos demostrar es que tratar estos quistes grandes con una técnica sencilla puede evitar complicaciones, mejorar el dolor y no afecta a la fertilidad”, concluye la doctora.
