Fuego en el cerebro: de cómo puede surgir la psicosis cuando el cuerpo se ataca a sí mismo

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Peter Jones trató en una ocasión a un paciente con alucinaciones de animales sorprendentemente vívidas. Durante sus visitas a la sala, el paciente acariciaba e interactuaba con los animales “de una forma tan real como lo hacía conmigo”, afirma Jones, psiquiatra académico de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra.

Los fármacos antipsicóticos no lograron disipar estas visiones al estilo de Blancanieves. Pero cuando el paciente se sometió a un recambio plasmático —un tratamiento que normalmente se reserva para un sistema inmunitario que no funciona correctamente—, sus alucinaciones desaparecieron.

Evidentemente, no se trataba de un caso clásico de esquizofrenia. Más bien, los síntomas del paciente se debían a una encefalitis autoinmune, una forma rara de inflamación cerebral que, en algunos casos, puede provocar alucinaciones y otros síntomas de psicosis. Cuando estos pacientes son tratados con fármacos que inhiben el sistema inmunitario, los síntomas psicóticos suelen desaparecer.

La encefalitis autoinmune suele identificarse inicialmente mediante análisis de sangre o líquido cefalorraquídeo para detectar ciertos tipos de anticuerpos. Si los pacientes dan positivo en estos anticuerpos, es un indicio de que su sistema inmunitario podría estar atacando al cerebro. Otros signos pueden ayudar a confirmar el diagnóstico: zonas brillantes de inflamación en las resonancias magnéticas, síntomas psicóticos que empeoran rápidamente y —lo que es más importante— síntomas neurológicos claros, como las convulsiones.

Pero el paciente de Jones no presentaba esos síntomas neurológicos evidentes. Si Jones no hubiera sospechado una causa autoinmune, es probable que el caso hubiera pasado desapercibido.

Algunos expertos sospechan que el ámbito de la psiquiatría está pasando por alto a un pequeño número de pacientes como este, y están trabajando para detectar a más de ellos. Están barajando la posibilidad de realizar pruebas de detección a un abanico más amplio de pacientes psiquiátricos y de buscar nuevos anticuerpos que puedan estar implicados en la encefalitis autoinmune.

Al mismo tiempo, a muchos les preocupa que exista el riesgo de generar falsas esperanzas y alejar a los pacientes de los tratamientos psiquiátricos que la gran mayoría realmente necesita, en caso de que se diagnostique en exceso la encefalitis autoinmune.

Un artículo de investigación histórico

La “división artificial” entre el cuerpo y la mente que separa los campos de la psiquiatría y la neurología está empezando a desmoronarse, afirma Michael Zandi, neurólogo del University College de Londres. La psicosis, por ejemplo, puede estar causada por una combinación de factores mentales y biológicos, desde traumas psicológicos hasta el abuso de drogas, pasando por enfermedades físicas o infecciones (como la sífilis) que alteran la actividad cerebral. Alrededor del 3% de las personas experimentará un episodio psicótico a lo largo de su vida.

La inflamación cerebral provocada por el ataque del propio organismo contra sí mismo, como ocurre en la encefalitis autoinmune, se conoce desde hace un par de décadas. En las primeras fases de esta afección, muchos pacientes desarrollan los rasgos fundamentales de la psicosis —alucinaciones, delirios y agitación— y, por ello, inicialmente son derivados a los servicios psiquiátricos.

Un artículo de referencia sobre esta afección se publicó en 2007, en el que los investigadores describieron los casos de 12 mujeres con encefalitis autoinmune. Nueve de las pacientes presentaron inicialmente una serie de síntomas similares a los de la psicosis, mientras que las demás sufrían principalmente pérdida de memoria. Todas, menos una, acabaron sufriendo convulsiones. Los investigadores descubrieron que la enfermedad de estas mujeres estaba causada por anticuerpos que se unen a los receptores NMDA del cerebro, proteínas que intervienen en numerosos procesos cerebrales, como el aprendizaje y la formación de recuerdos.

El desencadenante de la encefalitis autoinmune, en este caso, parecían ser los tumores de estas pacientes, el 90% de los cuales eran de ovario. Los cinco tumores que los investigadores examinaron contenían tejido nervioso con receptores NMDA. Esto confundió al sistema inmunitario, que llegó a reconocer el receptor NMDA como extraño y aumentó la producción de anticuerpos que se unen a él.