Estudio del Dr. Ángel González Medina reabre debate sobre proteína vinculada a infartos y derrames cerebrales

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El Dr. Ángel González Medina

SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- Durante años, los cardiólogos han sabido que la Lipoproteína (a), conocida como Lp(a), aumenta el riesgo de infartos y otras enfermedades cardiovasculares graves. 

Lo que no estaba claro era si también podía desempeñar un papel directo en la aparición de la fibrilación auricular, una alteración del ritmo cardíaco que afecta a millones de personas en todo el mundo.

Una investigación publicada recientemente en la Revista Interamericana de Cardiología busca aportar respuestas a esa pregunta.

El estudio, titulado "Asociación entre la lipoproteína (a) y la fibrilación auricular: verdadero o falso, y el camino a seguir", fue coliderado por el cardiólogo dominicano Ángel González Medina junto a investigadores de la Universidad de Ottawa y especialistas dominicanos como Milagros Terrero-Cuesta.

Según explicó González en declaraciones ofrecidas al diario Listín Diario, la investigación concluye que existe una asociación biológica plausible entre niveles elevados de Lp(a) y la aparición de fibrilación auricular.

Una proteína que no responde a dieta ni medicamentos convencionales

La Lipoproteína (a) es una variante genética de las partículas LDL, comúnmente conocidas como colesterol "malo".

A diferencia de otros factores cardiovasculares, sus niveles están determinados principalmente por la herencia genética y suelen modificarse poco mediante dieta, ejercicio o tratamientos tradicionales como las estatinas.

Hasta ahora, los especialistas la relacionaban principalmente con el infarto de miocardio y la estenosis aórtica. Sin embargo, su papel en las alteraciones del ritmo cardíaco seguía siendo objeto de debate científico.

El estudio sostiene que la asociación con la fibrilación auricular podría explicarse por varios mecanismos biológicos.

Entre ellos figuran la disfunción endotelial —que afecta el revestimiento interno de los vasos sanguíneos—, un mayor riesgo de formación de coágulos y procesos inflamatorios que favorecen cambios estructurales y eléctricos en las aurículas del corazón.

Cuando estos cambios ocurren, el corazón puede perder la regularidad de sus latidos y desarrollar fibrilación auricular, una condición que aumenta significativamente el riesgo de accidente cerebrovascular.

Un posible desafío de salud pública

Los investigadores recuerdan que aproximadamente una de cada cinco personas en el mundo presenta niveles elevados de Lp(a), una condición que muchas veces pasa desapercibida porque no forma parte de los análisis cardiovasculares habituales.

En República Dominicana, González considera que esta situación podría estar ocultando riesgos importantes detrás de diagnósticos generales de hipertensión arterial o colesterol elevado.

La investigación plantea que incorporar la medición de la Lipoproteína (a) dentro de la evaluación cardiovascular podría ayudar a identificar pacientes con mayor probabilidad de desarrollar arritmias o sufrir eventos cerebrovasculares.

La fibrilación auricular es una de las principales causas de accidentes cerebrovasculares isquémicos, una condición que genera importantes consecuencias personales, familiares y económicas.

El futuro de los tratamientos

El trabajo también apunta hacia nuevas estrategias terapéuticas actualmente en desarrollo.

Entre ellas figuran medicamentos experimentales capaces de bloquear la producción de Lipoproteína (a) mediante tecnologías dirigidas al ARN, una de las áreas más activas de investigación en cardiología preventiva.

Aunque estos tratamientos todavía se encuentran en distintas etapas de desarrollo, los autores consideran que podrían transformar la forma en que se previenen algunas enfermedades cardiovasculares hereditarias.

Para González y sus colaboradores, el mensaje principal es que la evaluación del riesgo cardiovascular podría necesitar una actualización.

La recomendación emergente, sostienen, es que en determinados pacientes de alto riesgo ya no basta con medir únicamente el colesterol tradicional, sino que también debe considerarse la presencia de Lipoproteína (a) como parte del perfil cardiovascular moderno.