Este es el protocolo para el día en que tengamos un encuentro con extraterrestres

Paylaş

Bu Yazıyı Paylaş

veya linki kopyala

Hasta donde sabemos, los extraterrestres, si es que existen, nunca se han revelado a nuestra especie. Pero, impulsados también por las premisas de Disclosure Day (El Día de la Revelación), la nueva película de Steven Spielberg, resulta curioso y legítimo preguntarse qué ocurriría si este encuentro realmente tuviera lugar, especialmente en un momento histórico como el actual, dominado por los deepfakes generados por IA. Quizá el verdadero desafío no sería ocultar la verdad, sino ser capaces de demostrarla de manera inequívoca por encima del ruido de fondo de la desinformación.

Por esta razón, la Academia Internacional de Astronáutica (IAA) actualizó recientemente su Declaración de Principios sobre la Conducta de la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, un documento redactado por un comité presidido por Michael Garrett, Catedrático Sir Bernard Lovell de Astrofísica en la Universidad de Manchester, en colaboración con antropólogos, juristas y expertos en comunicación científica. El documento ofrece una guía sobre cómo gestionar, verificar y comunicar una posible filtración de este tipo sin verse desbordado por el revuelo mediático. La nueva versión del informe sustituye por completo las directrices anteriores, que datan de 2010, y las adapta a un panorama informativo, tecnológico y social profundamente transformado.

Ante todo, la verificación

Paradójicamente, el mayor riesgo para la astronomía moderna es la prisa. Las directrices actualizadas establecen que cualquier señal candidata debe tratarse con extrema precaución y someterse a una serie de comprobaciones rigurosas. "La información sobre señales u otras posibles revelaciones debe manejarse con sumo cuidado, reconociendo que los resultados iniciales pueden ser incompletos o ambiguos, y que requieren un análisis y una confirmación exhaustivos", afirma el documento.

En resumen, no se deben hacer grandes anuncios antes de una investigación formal rigurosa y un proceso de revisión por pares. Sobre todo teniendo en cuenta que es posible que el descubrimiento no lo realice un científico especializado del Instituto de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI), sino un experto que realiza otras observaciones rutinarias y que, por casualidad, se topa con una anomalía. Los proyectos ya en marcha o en desarrollo, como el Observatorio Vera C. Rubin o el Square Kilometer Array, generarán tal cantidad de datos que esta eventualidad es posible y plausible. Por este motivo, las directrices recomiendan observaciones independientes realizadas por múltiples instalaciones y con diferentes instrumentos antes de cualquier anuncio formal.

Hasta que no haya una confirmación científica concluyente, no existe obligación de divulgar información, pero en caso de filtraciones, las instituciones de investigación deben intervenir con prontitud para proporcionar datos precisos, contextualizar la observación y disipar las inevitables teorías conspirativas.

Reconstrucción gráfica: fotografía real del lugar con una superposición gráfica elaborada por el laboratorio del FBI que ilustra los testimonios de testigos oculares de septiembre de 2023, según los cuales un objeto aparentemente elipsoidal de color bronce metálico surgió de una luz brillante en el cielo, con una longitud de entre 40 y 60 metros, y desapareció al instante.

El Departamento de Defensa ha publicado una nueva tanda de documentos desclasificados sobre avistamientos de ovnis por parte del gobierno.

La transparencia

Si la señal supera esta verificación cruzada por parte de la comunidad científica, el protocolo pasa a la Fase 2, que requiere un enfoque radicalmente transparente. "Puedo asegurarles a todos que si encontramos una señal creíble, el público lo sabrá de inmediato y no habrá secretos ocultos", afirma Garret.

En este sentido, la Declaración de la IAA establece explícitamente que el informe de verificación debe publicarse en acceso abierto, incluyendo sin omisiones todos los datos brutos subyacentes, el código utilizado para analizar la señal y los métodos de investigación aplicados. El objetivo es fortalecer aún más el proceso de verificación, permitiendo que cualquiera replique y posiblemente falsifique los resultados, y crear una barrera preventiva contra la desinformación: en un sistema contaminado por noticias falsas, la única defensa es recordar que "las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias", como dijo el famoso astrónomo Carl Sagan, fundador de SETI.

Para respaldar esta garantía empírica, el documento también exige el almacenamiento seguro de datos en al menos dos repositorios internacionales ubicados en lugares geográficamente separados, para evitar manipulaciones o pérdidas. Además, si intervienen señales de radio, las directrices exigen la puesta en marcha de procedimientos extraordinarios en colaboración con la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) para proteger las frecuencias de interferencias terrestres accidentales.

No hay ovnis

Otro aspecto interesante y metodológicamente riguroso del documento es la estricta delimitación del ámbito de investigación. Las directrices se aplican exclusivamente a la búsqueda y el descubrimiento de las denominadas tecnofirmas, es decir, evidencia observable de la existencia de tecnología no humana, como una señal de radio de banda estrecha, una emisión láser, una observación infrarroja vinculada a un uso masivo de energía a escala estelar o una anomalía fotométrica debida a una hipotética megaestructura. Sin embargo, la IAA ha excluido del ámbito del protocolo los denominados fenómenos anómalos no identificados (FANI) que ocurren en la atmósfera terrestre.

A pesar de la presión de un pequeño grupo de académicos, entre ellos el astrofísico Avi Loeb, el comité ha optado por una postura más conservadora. En parte, porque la jurisdicción de la IAA se limita exclusivamente a los fenómenos detectados más allá de la línea de Kármán, el límite convencional entre la atmósfera terrestre y el espacio exterior, situado a unos 100 kilómetros de altitud. Esta exclusión busca preservar la autoridad del documento y evitar asociar el trabajo de los astrónomos con el campo de los avistamientos aéreos, un ámbito que hasta ahora ha estado dominado principalmente por testimonios anecdóticos y carece de pruebas instrumentales reproducibles.

¿Responder o no?

Supongamos que hemos confirmado, dentro de un cierto margen de error aceptable, el origen no humano de una señal determinada. ¿Qué sucede después? En esto también, las directrices son claras: "No es nuestra responsabilidad". Un comité de físicos no tiene las herramientas para gestionar las ondas expansivas sociológicas, políticas y psicológicas de tal descubrimiento, y "los astrónomos deben limitarse a lo que mejor saben hacer: buscar pruebas. Las 'consecuencias' se confiarán a otro comité posterior a la detección, compuesto por figuras con experiencia en humanidades, derecho, ética y comunicación de riesgos", sugiere Garrett.

Una vez que la noticia haya pasado, las naciones se enfrentarían quizás al dilema más complicado de todos: ¿deberíamos enviar un mensaje de respuesta? La iniciativa activa, conocida por el acrónimo Mensajería de Inteligencia Extraterrestre (METI), es un terreno éticamente muy resbaladizo, en el que es difícil encontrar un amplio consenso: "En espera del resultado de las consultas internacionales, no se debe enviar ninguna respuesta", afirma el documento. O sea, habrá que ignorar a los extraterrestres.

Artículo originalmente publicado en WIRED Italia. Adaptado por Alondra Flores.