El Super Bowl canta y juega en español: de Bad Bunny a Andy Borregales, la sacudida latina

Paylaş

Bu Yazıyı Paylaş

veya linki kopyala

“Sé quién soy, sé de dónde vengo, sé lo que tengo adentro”. En la cabeza de Héctor Santana los pensamientos, los planes y las estrategias fluyen en español mientras sale al campo para jugar como pateador con su universidad, el Junior College de Kansas.

Uno de los momentos que atesora con más emoción es el día en que todos sus compañeros de equipo comieron arepas por primera vez gracias a él. “Quiero vivir el fútbol americano desde lo que soy, jugarlo a mi modo, siempre he tratado de trasladar una parte de mí al deporte”, afirma.

La experiencia de este prospecto venezolano de 19 años es probablemente la misma por la que pasarán seis jugadores latinoamericanos este 8 de febrero en el estadio Levi de Santa Clara, California, durante el Super Bowl, el momento cumbre del deporte estadounidense, que ahora más que nunca se vive en español.

Héctor Santana muestra la bandera venezolana en una foto oficial en fecha no determinada con su equipo de la escuela secundaria en Dallas.
Héctor Santana muestra la bandera venezolana en una foto oficial en fecha no determinada con su equipo de la escuela secundaria en Dallas. © Cortesía familia Santana

Unos 20 jugadores con raíces latinas han jugado antes el Super Bowl, incluso hay leyendas hispanas que lo han ganado, como los mexicanos Efrén Herrera y Raúl Allegre, pero nunca ha habido tantos hombres de este origen coincidiendo en la gran final de la NFL como en esta ocasión.

Por el lado de los Patriots, el novato Andy Borregales será el primer venezolano que pelee por el trofeo Vince Lombardi; el esquinero Christian González, de padre colombiano, llega en plan de héroe luego de haber aportado la interceptación clave en la final de la Conferencia Americana, y el safety de origen panameño Jaylinn Hawkins tratará de prolongar su gran momento personal.

Los Seattle Seahawks, por su parte, tendrán en cancha a un jugador de origen mexicano, el ala cerrada novato Elijah Arroyo, que se ha recuperado justo a tiempo de una lesión, a otro de raíces mixtas, el safety nieto de un mexicano y una cubana Julian Love, y a un central nacido, criado y formado en la liga juvenil de Puerto Rico, Federico Maranges.

Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio.

El artista discográfico mundial ganador del premio Grammy, Bad Bunny, sonríe mientras se sienta junto al presentador Zane Lowe durante su conferencia de prensa de medio tiempo antes de la actuación del domingo en el juego Super Bowl LX entre los New England Patriots y los Seattle Seahawks, en San Francisco, California, EE. UU., el 5 de febrero de 2026.
El artista discográfico mundial ganador del premio Grammy, Bad Bunny, sonríe mientras se sienta junto al presentador Zane Lowe durante su conferencia de prensa de medio tiempo antes de la actuación del domingo en el juego Super Bowl LX entre los New England Patriots y los Seattle Seahawks, en San Francisco, California, EE. UU., el 5 de febrero de 2026. REUTERS – Carlos Barria

En momentos en que el discurso antinmigración del Gobierno de Donald Trump y su movimiento MAGA se han ensañado particularmente contra la comunidad latina en Estados Unidos, la representación en el Super Bowl muestra cómo las familias hispanas se han integrado a la expresión más pura de la cultura deportiva local.

“En casa vemos fútbol americano todo el día”, cuenta Carolina Coronado, la madre de Héctor. “El 1 de enero estamos viendo el Rose Bowl, la NFL toda la temporada, los partidos universitarios. Mi esposo (Héctor, padre) apoya a los Patriots, mis hijos a los Texans y yo a los Titans, porque fueron los primeros a los que vi jugar en vivo”.

Un fenómeno creciente

La temporada 2025-2026 se inició con 47 latinos en la NFL, 32 en plantillas principales (cada una de 53 jugadores) y 15 en los equipos de reserva, integrados por 16 hombres. Eso representa el 1,8% de las plantillas y el 2,9% de los escuadrones de práctica.

Esa proporción ha quedado completamente trastocada en este Super Bowl, porque de los 90 disponibles para salir al campo, 6,6% tienen raíces latinoamericanas.

Es el reflejo de los espacios conquistados en el camino de la integración por latinos de primera, segunda y hasta tercera generación, como Julian Love.

Héctor Santana, que llegó a Estados Unidos cuando tenía nueve años, es un ejemplo de ello: cuando terminó la secundaria en Dallas, fue el único estudiante de su escuela que ingresó a la universidad con una beca deportiva por fútbol americano.

“El entrenador nos dijo: ‘créanselo, siéntanse orgullosos, esto es algo que solo 1% de la gente logra’”, recuerda Carolina.

Héctor siempre jugó fútbol en su natal Venezuela y en sus primeros años en Estados Unidos, pero apenas entró a la escuela media, exploró el fútbol americano como una vía de integración.

“Me dije ‘yo quiero probar el deporte de aquí’, y con el tiempo descubrí no solo que era muy divertido, sino que yo podía ser bueno. Pertenecer al equipo me dio todas las relaciones que tengo ahora, porque al final tú encuentras amigos en lo que amas hacer”, asegura.

Al igual que el puertorriqueño Federico Maranges, Héctor no ha contado con las exclusivas academias estadounidenses que pulen el rendimiento de cada posición.

“No podemos pagar una academia especializada, pero sí hemos estudiado mucho. Pasamos horas investigando juntos, viendo videos, para convertir su patada de central de fútbol en patada de ‘kicker’ de fútbol americano. Así, y con una beca que le permitió estar un año en una academia local, se ganó el cupo universitario”, recuerda el padre de Héctor.

Imagen sin fechar de la familia Santana, que muestra a Héctor (88) junto a sus padres y hermano. El apoyo de casa ha sido fundamental en el desarrollo deportivo del joven pateador venezolano.
Imagen sin fechar de la familia Santana, que muestra a Héctor (88) junto a sus padres y hermano. El apoyo de casa ha sido fundamental en el desarrollo deportivo del joven pateador venezolano. © Cortesía familia Santana

La depuró tanto que en su último año de secundaria impuso récord para su escuela en Dallas, con una patada de 49 yardas.

Para Maranges tampoco hubo academias ni sistema de detección de talentos, hasta que a los 14 años el huracán María trastocó todo. Su familia se vio obligada a dejar Puerto Rico, pero en Miami no tuvo que empezar de cero. Su talento fue carta de presentación suficiente para ganarse una beca y terminar siendo el capitán del equipo de la Universidad Florida Atlantic.

Maranges y Borregales son, de los seis que estarán en acción en el Super Bowl, los únicos que vivieron la experiencia de la migración, los que visibilizan el rostro del desarraigo, pero también de la integración.

El pívot de los Seattle Seahawks, Federico Maranges (62), en acción contra Las Vegas Raiders durante un partido de pretemporada de la NFL. Seattle, 7 de agosto de 2025.
El pívot de los Seattle Seahawks, Federico Maranges (62), en acción contra Las Vegas Raiders durante un partido de pretemporada de la NFL. Seattle, 7 de agosto de 2025. AP – Lindsey Wasson

Andy Borregales, el venezolano de los Patriots, llegó a Miami a los dos años. En su casa se habla español y él nunca ha perdido el acento caraqueño. Llegó a la NFL inspirado por su hermano José, que jugó con los Tampa Bay Buccaneers, y hoy es él mismo una inspiración.

Por su parte, Héctor Santana confiesa: “Uno nunca sabe qué va a pasar, pero siempre ha sido mi sueño jugar a un nivel más alto…Desde que vi a José Borregales y luego a Andy, me sentí muy identificado, porque siempre había creído que yo era el único venezolano haciendo esto. Ser pateador y ser venezolano, quisiera alcanzar lo que Andy ha logrado”.

Al igual que Héctor, Andy ha confesado que su amuleto para llegar lejos ha sido no olvidar de dónde viene. "Llevo a Venezuela en el corazón. Representar a mi país en la NFL es un honor enorme", le dijo a ESPN.

La "Muralla Colombiana" que abre puertas

Cuando Christian González, nacido y criado en Texas, fue seleccionado en la primera ronda del reclutamiento de la NFL en 2023, sorprendió a todos cuando abrió su chaqueta, que por dentro mostraba la bandera de Colombia.

Era un guiño a su padre caleño, que ahora celebra por segunda vez ver a uno de sus hijos en la cúspide de su deporte.

Imagen de archivo de Christian González mostrando el interior de su chaqueta decorado con la bandera colombiana durante el draft de la NFL. Kansas City, 27 de abril de 2023.
Imagen de archivo de Christian González mostrando el interior de su chaqueta decorado con la bandera colombiana durante el draft de la NFL. Kansas City, 27 de abril de 2023. AP – Steve Luciano

Christian será el segundo colombiano que juega en un Super Bowl, después de Fernando Velasco en 2016 con los Carolina Panthers, pero antes de eso una de sus hermanas, Melissa, ya había representado al país en unos Juegos Olímpicos, al correr los 400 m con vallas en Tokio 2020. Después de eso, fijó el registro de 54.80 que se mantiene como récord nacional colombiano.

Christian, la “Muralla Colombiana”, como han comenzado a llamar al esquinero de 23 años después de la interceptación bajo la nieve ante los Broncos que selló el pase al Super Bowl, ha cruzado otras fronteras más allá de su deporte.

Así como el campeón mundial con la albiceleste Ángel Di María intercambió saludos con Andy Borregales, el astro del Bayern Munich Luis Díaz hizo llegar sus deseos de “mucha suerte a mi hermano colombiano” en un video.

Dentro de Colombia, su ejemplo ha comenzado a impulsar el desarrollo del fútbol bandera, una versión sin contacto del fútbol americano que debutará en el programa olímpico en los Juegos de Los Ángeles 2028, y que podría tener en acción a figuras de la NFL.

La experiencia vivida en familia ha sido clave para el éxito latinoamericano en la NFL y lo es en la integración de los que sueñan con llegar al máximo nivel.

“Desde que Héctor comenzó en el fútbol no nos hemos perdido uno solo de sus partidos”, cuenta con orgullo Carolina, la madre del joven prospecto venezolano. “Hemos viajado ocho horas a Tennessee, y en la temporada universitaria viajamos cinco horas para verlo jugar de local”.

Al igual que Christian González, que tuvo esta temporada sus mejores números desde que juega en la NFL, Jaylinn Hawkins, de origen panameño, está convirtiéndose en pieza indiscutible de los Patriots, una figura clave de su defensa.

Jamás ha ido a Panamá, la tierra de su abuela, pero cuenta que creció “comiendo buena comida, arroz con pollo, arroz con coco, pescado, plátanos y todo eso”. Ahora promete jugar “representando a mi país” y ha expresado su deseo de ir a promover el fútbol americano en el istmo cuando termine la temporada.

El safety de los Patriots de Nueva Inglaterra, Jaylinn Hawkins (21), lleva el balón tras una intercepción durante la primera mitad de un partido de playoffs divisional de la NFL contra los Houston Texans. Foxborough, 18 de enero de 2026.
El safety de los Patriots de Nueva Inglaterra, Jaylinn Hawkins (21), lleva el balón tras una intercepción durante la primera mitad de un partido de playoffs divisional de la NFL contra los Houston Texans. Foxborough, 18 de enero de 2026. AP – Greg M. Cooper

Es un camino a contracorriente de ejemplos recientes. La doble medallista olímpica de 100 m con vallas, Jasmine Camacho-Quinn, es hermana de Robert Quinn, exjugador de varios equipos de la NFL, pero mientras que ella optó por representar a Puerto Rico, en honor a sus raíces maternas, él nunca ha mostrado identificación más allá de su Estados Unidos natal.

Arroyo y Love, ambos de origen mexicano, son una excepción en la presencia latina en este Super Bowl, porque a diferencia del resto no son una rareza. El fútbol americano es uno de los deportes más populares entre los aficionados del otro lado del Río Grande, con ligas, tradición y un amplio conocimiento.

“Aquí en Dallas, los Cowboys tienen sus propias barras latinas, y la mayoría de los integrantes son de origen mexicano”, comenta Carolina, la madre de Héctor. “Mientras que muchos inmigrantes venezolanos o colombianos están llegando a la NFL por Andy o Christian, los mexicanos siguen la temporada completa”.

Arroyo es un ejemplo de ese desarrollo. Nació en Estados Unidos, pero se crio en México, por compromisos laborales de su padre, y fue allá donde se inició a los siete años y donde jugó por primera vez, con los Troyanos de Cancún. Luego regresó a su país natal a los 13, con un activo vital para llegar a la NFL.

“Jugar allá me convirtió en un jugador de equipo, alguien que piensa primero en los compañeros y no solo en las estadísticas”, relató en un contacto con la prensa. “Esos primeros años son donde realmente construyes tu confianza como jugador. Ahí descubres quién eres en el campo, y para mí, eso nació jugando en México”.

Tal vez no todos hablen español como Borregales, Maranges y Arroyo, pero aparte de la enorme comunidad latina que llenará las gradas del estadio Levi este 8 de febrero, habrá seis hombres en el campo capaces de conectarse desde la sangre con los ritmos de Bad Bunny durante el espectáculo del medio tiempo.