El secretario de Defensa de EE UU, Pete Hegseth, no ha ocultado en ningún momento su deseo de contar con unas Fuerzas Armadas más "masculinas". Sostiene constantemente que las Fuerzas Armadas rebajaron sus estándares de combate para poder incluir a las mujeres. Ha organizado varias sesiones fotográficas en las que se le ve haciendo ejercicio y levantando pesas junto a miembros del ejército. En sus discursos, Hegseth afirma que la Administración Trump está devolviendo el "espíritu guerrero" a sus legiones de "combatientes".
Ahora tiene un plan bastante dudoso para garantizar que las tropas sean lo más machos posible: análisis de testosterona y, en los casos en que se considere que un individuo tiene niveles deficientes de testosterona, terapia hormonal voluntaria.
"Bajo la supervisión de nuestros profesionales médicos de primer nivel, los combatientes de 30 años o más serán sometidos a pruebas anuales como parte de su evaluación médica periódica", declaró Hegseth en un breve video publicado en su cuenta oficial de X. Añadió que los menores de 30 años también podrán optar por participar en estas evaluaciones.
"Si se recomienda el tratamiento, la decisión de recibir terapia de reemplazo de testosterona es totalmente suya", añadió Hegseth.
La adicción por la testosterona
Dirigiéndose directamente a los miembros del servicio, Hegseth afirmó, sin aportar pruebas, que el programa beneficiaría "su rendimiento, su resistencia y su salud a largo plazo". También declaró que la iniciativa "no se trata de mejora artificial", sino más bien de "restaurar y optimizar sus capacidades naturales, proteger su longevidad y garantizar que cuenten con la base biológica necesaria para sostener la lucha".
Adrian Dobs, investigadora de la función endocrina gonadal en la Universidad Johns Hopkins, declaró a WIRED que le sorprendió bastante que estuvieran considerando esta posibilidad, y que diagnosticar el hipogonadismo masculino, término médico que se utiliza cuando los testículos no producen suficiente testosterona, es un asunto muy complejo.
Dobs afirma que Hegseth parece estar simplificando radicalmente las complejas cuestiones que rodean el diagnóstico de niveles bajos de testosterona, incluyendo la variabilidad de los niveles de testosterona dependiendo del tipo de ensayo (o análisis) realizado e incluso la hora del día en que se realiza la prueba.
Debido a los ritmos circadianos, señala, la hormona suele encontrarse en niveles más altos por la mañana y más bajos durante el resto del día. Otro problema logístico, explica Dobs, radica en las circunstancias individuales. Por ejemplo, una cosa es analizar a una persona sana que trabaja sentada en un escritorio, y otra muy distinta analizar a una persona que regresa del entrenamiento básico o del extranjero y que puede haber perdido peso y haber estado sometida a un gran estrés físico en ese momento, ya que el estrés crónico puede inhibir la producción de testosterona.
Según Dobs, la opinión de Hegseth sobre la testosterona es errónea. "Es una hormona muy importante", afirma, ya que desempeña un papel clave en la pubertad y la masculinización. Añade: "Pero no te hará más inteligente. No te hará vivir más tiempo; simplemente no tenemos datos que lo demuestren". En cualquier caso, dice, sería increíblemente difícil probar la afirmación sobre la longevidad.
El Pentágono se negó a hacer comentarios más allá de la descripción que Hegseth hizo del proceso de detección y tratamiento, por lo que no está claro qué resultados específicos espera obtener el Departamento de Defensa (DOD) al administrar testosterona a un número indeterminado de militares en servicio activo, ni si las mujeres de las Fuerzas Armadas también se someterán a evaluaciones hormonales. El DOD tampoco ha hecho público qué investigaciones científicas ni qué expertos médicos, si los hubo, fundamentaron esta decisión.


