Por primera vez desde los ataques del 7 de octubre de 2023, muchos israelíes han dejado de mirar a Gaza con añoranza por los seres queridos. Con los rehenes ya de vuelta tras los acuerdos mediados por Estados Unidos, de aquel lado solo queda una tragedia ajena, que en algunos casos es incluso motivo de celebración.
Un documental recientemente estrenado mostró a ciudadanos israelíes mirando con binoculares un ataque a la localidad gazatí de Beit Hanoun y presenciando como los edificios se derrumbaban a lo lejos. “Hermosamente destruido”, se escucha comentar a uno de los espectadores.
A tres años de la feroz incursión de militantes de Hamás que dejó 1.200 víctimas, persiste una sensación entre los israelíes de que el mundo no está mirando su dolor, sino centrándose en condenar los resultados de la represalia del Gobierno de Benjamin Netanyahu, que dejó el enclave reducido a escombros y 74.000 fallecidos, según cifras del Ministerio de Salud de Gaza.
“Estamos con estrés postraumático, todos nosotros”, le dijo a la agencia AP Ziporah Livneh, una mujer que perdió a buena parte de su familia en el Holocausto y llegó a vivir a Israel cuando tenía dos años.
Ziporah asegura estar consciente de que una sociedad y un país no pueden construirse sobre la venganza, pero se apresura a apuntar: que el mundo piense “que podemos ser la Madre Teresa es una hipocresía”.
“Sé que muchas personas en todo el mundo no nos entienden”, expresó Mor Izreal, quien dirige una exhibición de realidad virtual sobre el 7 de octubre en la ciudad fronteriza de Sderot.
De allí, muchos de los 10.000 visitantes que han decidido vivir la experiencia, la mayoría de ellos extranjeros, salen con un sentimiento de conexión, incluso de rabia por el impacto de los ataques, de acuerdo con Izrael.
Una pesadilla siempre presente
Muchas reminiscencias de los ataques siguen estando a la vista de todos: los autos de los asistentes del festival de música Nova, donde se produjeron la mayoría de las víctimas, permanecen apilados cerca de la autopista paralela a la Franja de Gaza, desde la que llegaron los milicianos. Los orificios de bala son el recordatorio del horror que se vivió allí.
También hay fotografías que recuerdan a los primeros funcionarios militares que intentaron infructuosamente alertar sobre el ataque y que murieron también bajo el fuego de Hamás.
Deganit Bar Hay, quien vive cerca de donde se produjo el atentado, le dijo a AP que desde ese fatídico día no ha podido volver a hacer barbacoa. Para ella, el olor de la carne quemada se convirtió en “el olor del infierno”.
Pero las voces de los israelíes difícilmente han encontrado eco en medios que han relatado el conflicto regional desde la perspectiva de la Gaza devastada. La narrativa ha quedado inevitablemente atravesada por la respuesta del ejército israelí a Hamás y su implicación humanitaria.
Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio.
Tal vez de allí ha nacido la respuesta del público israelí al documental ganador del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Venecia ‘Naza’, que narra las decisiones tomadas a sabiendas de la posibilidad de que derivarían en pérdidas de vidas civiles, basado en el testimonio anónimo de miembros del ejército y personal de inteligencia.
Ha sido una respuesta cargada de hostilidad hacia los realizadores Yuval Abraham y Rachel Szor, y no el esperado rechazo hacia el accionar del Gobierno que ha generado en la audiencia en general.
Y es que una percepción frecuente en Israel es que en Gaza no hay verdaderos civiles, sino seguidores de Hamás, del mismo modo que en el enclave palestino sienten que, al ser reservistas por la obligatoriedad del servicio militar, todos los israelíes son parte del ejército.
“Creo que tienen derecho a vivir, pero eligen no hacerlo”, le dijo a AP Adi Marmelstain, madre de una miembro del ejército israelí que fue de las primeras en responder a los ataques del 7 de octubre.
“Lucha con el dolor, la pérdida, la ansiedad”
La línea de Primeros Auxilios Emocionales (ERAN), creada en 1971 para prestar apoyo psicológico y asistencia en salud mental, ha recibido desde los ataques del 7 de octubre un pico extraordinario de llamadas.
Casi un millón de consultas se han atendido a través de las líneas de ERAN: 928.911 en total, divididas en 774.06 a través de llamadas telefónicas y 154.307 contactos vía WhatsApp, chat, SMS y correo electrónico, como lo refleja un artículo de ‘Times of Israel’.
"Detrás de cada llamada de auxilio hay una persona que lucha con el dolor, la pérdida, la ansiedad, la soledad o el agotamiento, y a menudo una combinación de estos", relató David Koren, director ejecutivo de este servicio.
Las estadísticas de ERAN reflejan que en los últimos tres años se han disparado los reportes de pensamientos suicidas, sobre todo por parte de adolescentes y adultos jóvenes, e incluso han aumentado los intentos de acabar con la propia vida.
Las llamadas han ido disminuyendo, pero el cambio no ha sido solo cualitativo. En las etapas iniciales del conflicto, quienes acudían pidiendo ayuda lo hacían en medio de crisis de pánico, episodios de duelo o en medio de una respuesta traumática.
Pero a medida que la situación ha mutado, lo han hecho también las razones para pedir auxilio. Las consultas cada vez más reflejan una sensación de soledad y angustia emocional crónica.
Según los especialistas de ERAN, ese cambio muestra el desgaste psicológico producto de un periodo de incertidumbre prolongada, que ha fracturado las dinámicas sociales que normalmente operan como red de soporte emocional.
Las nuevas generaciones han sido probablemente las más afectadas de esta última etapa. Las llamadas de niños, adolescentes y jóvenes por debajo de los 24 años han repuntado de forma constante desde ese día fatídico.
Otro grupo particularmente vulnerable ha sido el personal militar activo. La mayoría de las consultas están relacionadas con el sentimiento de aislamiento, probablemente derivados de las dificultades para conciliar la intensidad de las experiencias vividas en el terreno con la vida familiar y cotidiana en general.
Al mismo tiempo, ha crecido el número de reservistas activos que reportan algún tipo de situaciones de salud mental.
“El informe nos recuerda que, precisamente dentro de la ilusión de la rutina, es vital fijarse en quienes están luchando e identificar signos de angustia", le dijo a ‘Times of Israel’ Shiri Daniels, directora profesional nacional de ERAN.
Cuestionamientos a Netanyahu antes, no después
Los israelíes asistirán a las urnas en un proceso que plantea serios desafíos para el Gobierno de Benjamin Netanyahu, pero los cuestionamientos no se dirigen tanto a la forma en que ha gestionado la respuesta a Hamás como a su incapacidad de anticipar el horror al que el grupo militante terminó sometiendo al país.
Muchos de los que acudirán a las elecciones del 27 de octubre le reclaman a Netanyahu las fallas de seguridad que hicieron posibles los ataques o no haber conseguido antes la libertad de los rehenes, algunos de los cuales fueron asesinados precisamente mientras se llevaban a cabo operativos del ejército israelí.
Durante tres años, Netanyahu se ha negado a iniciar investigaciones que permitan establecer responsabilidades por esas brechas.
Pero ni la destrucción de Gaza, ni las víctimas civiles entre los palestinos que tanto ha condenado la comunidad internacional, ni las acusaciones de corrupción que podría enfrentar en caso de salir del poder han hecho mella en el apoyo a Netanyahu como lo han hecho esos reclamos por la percepción de que dejó la puerta abierta al terror.
Con AP y medios locales


