El virus que provoca el herpes labial puede alterar el funcionamiento molecular de las defensas del cerebro cuando consigue llegar hasta él. Un estudio publicado en PLOS Pathogens encontró que el herpes simple tipo 1 (HSV-1) activa una respuesta inmunitaria que modifica la expresión genética de las células encargadas de proteger el tejido nervioso. Los resultados, obtenidos en ratones, revelan cambios que van más allá de la inflamación inmediata y plantean preguntas sobre sus posibles consecuencias a largo plazo, incluída su relación con enfermedades como el alzhéimer.
El HSV-1 es uno de los virus más comunes del mundo. Aunque suele asociarse con lesiones dolorosas que aparecen alrededor de la boca, una de sus principales características es que puede permanecer en el sistema nervioso durante toda la vida. Después de la infección inicial, el virus puede refugiarse durante años en los ganglios nerviosos y reactivarse ocasionalmente, provocando nuevas lesiones.
En determinadas circunstancias, el virus responsable del herpes labial puede desplazarse por las conexiones nerviosas hasta el cerebro. Esta capacidad ya había sido documentada y, en casos poco frecuentes, puede provocar encefalitis herpética, una inflamación cerebral potencialmente grave.
¿Qué le hace el herpes al sistema inmune del cerebro?
Esta nueva investigación encontró que la inflamación no es la única respuesta del cerebro ante la presencia del virus. El HSV-1 también puede modificar la actividad genética de la microglía, un tipo de célula inmunitaria que actúa como primera línea de defensa del cerebro y que, además de combatir infecciones, se encarga de eliminar residuos y contribuir al mantenimiento de las neuronas.
Cuando el virus llegó a determinadas regiones del cerebro de los ratones, una parte de estas células intensificó sus mecanismos de defensa. Al mismo tiempo, disminuyó la actividad de algunos genes relacionados con sus tareas habituales de mantenimiento. En otras palabras, las células parecían concentrar sus esfuerzos en combatir al virus, mientras reducían la actividad de algunos mecanismos relacionados con el mantenimiento habitual del cerebro.
La señal que dominó esa respuesta fue el interferón, una molécula con la que las células alertan de una infección viral y activan sus defensas. En los cerebros de ratones sanos, las microglías con este perfil eran muy raras (menos del 1 % de las células analizadas), pero tras la infección llegaron a representar cerca del 16 %. Además, en esas células se volvieron más accesibles las regiones del ADN controladas por proteínas clave de la respuesta antiviral, como STAT1, STAT2 e IRF1, un cambio que podría ayudar a mantener activa esa respuesta. El interferón es esencial para frenar al virus, pero trabajos previos lo han vinculado con una activación prolongada de la microglía que, si se sostiene, puede favorecer la inflamación crónica. Aun así, el estudio analizó un solo momento (seis días después de la infección), así que todavía se desconoce si estos cambios persisten.
“Cuando el VHS-1 entra en el cerebro, estas células pasan al modo de defensa de emergencia. Si bien esto ayuda a combatir el virus, también puede comprometer su capacidad para realizar las funciones cotidianas, incluso después de que el virus haya desaparecido”, contó Christy Niemeyer, una de las autoras principales de la investigación, en un comunicado.
La posible relación entre el herpes y el alzhéimer
Los investigadores todavía desconocen las consecuencias a largo plazo de esta alteración del sistema inmunitario. Una de las razones por las que les interesa es que la microglía también desempeña un papel importante en enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer. Cuando estas células dejan de funcionar adecuadamente, pueden contribuir a la inflamación crónica y a la acumulación de sustancias dañinas para las neuronas, dos procesos relacionados con el deterioro cerebral.
Esta relación ha llevado a los científicos a investigar si las infecciones por HSV-1 podrían favorecer algunos de los procesos relacionados con la neurodegeneración, especialmente cuando el virus se reactiva repetidamente. Es posible que esta respuesta inmunitaria, inicialmente protectora, termine contribuyendo al deterioro del tejido nervioso si permanece activa durante demasiado tiempo.
“Curiosamente, la forma en que el HSV-1 modifica la respuesta inmunitaria de la microglía se asemeja a los patrones observados ante otros factores que contribuyen al alzhéimer. Aunque no hemos establecido que el HSV-1 cause esta enfermedad, los resultados señalan la programación inmunitaria de la microglía como un posible vínculo entre las infecciones, el envejecimiento y los factores de riesgo genéticos”, explicó Kimberley Bruce, coautora principal del estudio y profesora asociada de Medicina en la Universidad de Colorado Anschutz.


