El Agioi Fanendes, un buque petrolero cargado con 40.000 toneladas métricas de diésel, representa la última oportunidad del presidente estadounidense Donald Trump para ver materializado su controvertido acuerdo con el presidente ruso Vladimir Putin.
El pacto se alcanzó el mes pasado, antes de las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre, en medio de la escalada de los precios del combustible y la crisis del costo de vida en Estados Unidos. Sin embargo, no logró evitar la aplastante derrota de los republicanos en los comicios y una 'ola azul' impulsó a los demócratas a una victoria arrolladora en todo el país.
Ahora, el entendimiento diseñado para ofrecerle a Trump un salvavidas político se está desmoronando en alta mar.
El Agioi Fanendes, con bandera maltesa, es el primero de tres petroleros que zarparon de Rusia –oficialmente para entregar su valiosa carga a Estados Unidos— y que aún se dirigen hacia la costa estadounidense, según informó el Financial Times en un artículo publicado un día después de las midterms.
El Talismán, un petrolero ruso incluido en las listas de sanciones internacionales, zarpó de la zona de San Petersburgo el 22 de octubre. Pero tras navegar por el Canal de la Mancha, viró hacia el sur, bordeó el Golfo de Vizcaya y la costa portuguesa antes de entrar en el Mar Mediterráneo a través del Estrecho de Gibraltar.
El Leruo –también sancionado por la Unión Europea, el Reino Unido y EE. UU.– continúa su viaje a través del Atlántico, pero ahora tiene a Brasil como destino oficial mientras navega hacia el suroeste de ese océano.
Moscú ha calificado el informe del FT como noticia "falsa". Kirill Dmitriev, enviado y negociador del Kremlin, sostuvo el 5 de noviembre que "los petroleros con destino a EE. UU. siguen su curso", en una publicación en X.
Pero al ser preguntado sobre los detalles de los envíos, el portavoz del gobierno ruso, Dmitri Peskov, afirmó que se trataba de un asunto "comercial" que no podía hacerse público. "Todo el diésel encontrará comprador", añadió.
Trump se reunió con Dmitriev en la Casa Blanca el jueves, mientras el alto enviado del Kremlin se encontraba en Estados Unidos para un evento con la primera dama Melania Trump, previo a las conversaciones que tendrán lugar la próxima semana entre las delegaciones rusa y ucraniana en Abu Dabi. Sin embargo, el presidente estadounidense declinó dar a los periodistas detalles de su reunión con el emisario ruso.
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Un acuerdo "muerto desde el principio"
Para el Agioi Fanendes, todo sigue siendo posible. Según los datos de seguimiento del buque del viernes 6 de noviembre, su destino figuraba como a la espera de "órdenes". La última posición registrada del petrolero fue el 28 de octubre.
Hace apenas unos días, "se esperaba su llegada a Nueva York durante el fin de semana (del 7 al 8 de noviembre)", declaró Matt Smith, analista de Kpler, proveedor global de datos y análisis marítimos, al Financial Times.
Smith cree que no hay duda de que el Agioi Fanendes, la última esperanza de Trump para que el diésel ruso llegara a los puertos estadounidenses, acabará vendiendo su carga en otro lugar, como hicieron el Talismán y el Leruo.
Si esta predicción se cumple, "el acuerdo sobre el diésel, a efectos prácticos, está muerto", afirmó Kevin Rowlands, especialista en seguridad marítima del Royal United Services Institute, un centro de estudios de defensa con sede en el Reino Unido.
"Teóricamente, puede que se mantenga. Pero en la práctica, no creo que se canalice petróleo o diésel ruso, o casi nada, a través de Estados Unidos en un futuro inmediato", aseveró, añadiendo que la ruta seguida por estos tres petroleros fue "muy inestable desde el principio".
El pacto sobre el combustible se anunció con bombos y platillos el 9 de octubre como respuesta al aumento de los costos de la gasolina, y Trump declaró en Truth Social que "reduciría los precios para los estadounidenses, especialmente para nuestros grandes agricultores, ganaderos y camioneros".
Poco después de que el republicano prometiera que Moscú exportaría "millones" de toneladas métricas de diésel ruso a Estados Unidos, el Departamento del Tesoro emitió una normativa que autorizaba a las empresas estadounidenses a comprar, entregar, descargar e importar ese producto a pesar de las sanciones estadounidenses vigentes.
Tras esta exención presidencial, Moscú, por su parte, levantó la prohibición de las exportaciones de diésel, que se había impuesto unos meses antes para paliar la escasez de combustible en Rusia provocada por los ataques aéreos ucranianos contra las instalaciones petroleras.
Así, los barcos Agioi Fanendes, Leruo y Talisman pudieron zarpar… a escondidas. Fue necesaria la vigilancia de oenegés como Greenpeace y empresas como Kpler para rastrear y monitorear estos envíos.
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Una "victoria para la formulación de políticas europeas"
El acuerdo de compromiso de Trump sobre el diésel provocó una fuerte reacción en Estados Unidos por parte de ambos lados del espectro político. La lógica económica detrás de un entendimiento que podría reportarle ganancias millonarias a Moscú no convenció a los analistas. Es más, los cientos de miles de toneladas métricas prometidas "rápidamente" por Rusia no eran suficientes para cubrir las necesidades de Estados Unidos ni siquiera por un solo día.
La llegada de los tres buques cisterna habría permitido, como mínimo, que Trump declarara que estaba cumpliendo sus promesas. El motivo del cambio de rumbo ha desconcertado a varios analistas.
"Es difícil saber la razón exacta de este giro", admitió Maximilian Hess, fundador de la consultora Enmetena Advisory y autor del aclamado libro 'Guerra económica: Ucrania y el conflicto global entre Rusia y Occidente'.
De hecho, puede haber varias explicaciones. La primera se relaciona con los riesgos para los compradores de diésel ruso, a pesar de la exención firmada por Trump. "El presidente de Estados Unidos puede firmar un acuerdo internacional, pero al hacerlo cumplir, el gobierno federal puede encontrar resistencia por parte de algunos gobernadores", señaló Kevin Rowlands.
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Mikie Sherrill, la gobernadora demócrata de Nueva Jersey, por ejemplo, ha amenazado a los puertos que acepten diésel ruso con acciones legales y multas millonarias. El Agioi Fanendes tenía previsto llegar a un puerto que se encuentra parcialmente bajo su jurisdicción. El Puerto de Nueva York y Nueva Jersey está ubicado en el área metropolitana de Nueva York-Newark y se encuentra bajo la administración interestatal de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey.
Esta aparente discrepancia entre el alcance presidencial y el poder de los gobernadores queda patente en la diversidad de regímenes de sanciones contra Rusia actualmente en vigor en Estados Unidos. Los opositores al acuerdo sostienen que la orden firmada por Trump no se aplica a la Ley de 2022 para Poner Fin a la Importación de Petróleo Ruso, que exige que el presidente obtenga la aprobación del Congreso antes de conceder una exención de las sanciones al petróleo ruso.
"Luego está el tema de las sanciones del Reino Unido y la UE. Parece probable que el diésel de los dos primeros buques no encontrara comprador en EE. UU. dispuesto a arriesgarse a infringir dichas sanciones", declaró Hess.
Las penalidades se activan en cuanto una entidad europea —una aseguradora, un banco o cualquier otro intermediario— participa en una transacción que involucre petróleo sancionado. Si ese es el caso, Hess afirma que el desvío de los buques cisterna representa una "victoria para la política europea y las medidas contra la elusión de sanciones".
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No hay razón para mantener la "ilusión"
El cambiante panorama político en Estados Unidos también pudo haber influido. "Moscú se dio cuenta de que Donald Trump había perdido autoridad, y los resultados de las elecciones de mitad de mandato solo confirmaron que el riesgo de que se incautaran petroleros en puertos estadounidenses había aumentado drásticamente, algo inaceptable para el Kremlin", afirmó Rowlands.
Gobernadores como Mikie Sherrill estarían ahora más dispuestos a desobedecer los deseos de un presidente debilitado.
Finalmente, "es posible que estos petroleros nunca tuvieran la intención de llegar hasta Estados Unidos", sugirió Dirk Siebels, especialista en seguridad marítima de Risk Intelligence. El propósito de la maniobra de Trump fue "puramente político: intentar bajar los precios antes de las elecciones de mitad de mandato", remarcó.
Las imágenes de los petroleros en ruta hacia Estados Unidos sirvieron para enviar una señal concreta a los mercados financieros. En este escenario, el beneficio político de alinearse con Trump justificaba con creces que Moscú pagara un poco más por el desvío a Estados Unidos antes de dirigirse a los destinos reales del diésel, como Brasil.
"Una vez terminadas las elecciones, y dado que este esfuerzo no había tenido ningún efecto, ya no había razón para mantener esa ilusión", vaticinó Rowlands.
Independientemente del motivo, el cambio de rumbo de los petroleros representa el mejor resultado posible para todos, según este experto. Estados Unidos evita una nueva fuente de conflicto entre el presidente y los demócratas, los rusos podrán vender su diésel en otros mercados y los europeos pueden alegrarse de que el acuerdo de Trump sobre el combustible se haya esfumado.
Artículo adaptado de su original en francés

