El clítoris es más grande de lo que parece y por fin tenemos un mapa 3D de todos sus nervios

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Investigadores del Centro Médico Universitario de Ámsterdam, en los Países Bajos (Ámsterdam UMC), elaboraron el primer mapa detallado de la compleja red de nervios que conforma el clítoris, uno de los órganos menos estudiados del cuerpo humano. Este avance no solo amplía el conocimiento sobre los procesos biológicos asociados al orgasmo, sino que también podría sentar las bases para mejorar la precisión de cirugías de afirmación de género y procedimientos reconstructivos tras casos de mutilación genital.

El clítoris es un órgano fundamental para comprender la sexualidad femenina. Sin embargo, su análisis se ha visto limitado tanto por factores socioculturales como por sus propias características anatómicas.


Ilustración de red neuronal

El cerebro de las hembras tiene una región específica de células que se activa fuera de su ventana fértil y que incentiva el rechazo sexual.


Uno de los trabajos más influyentes en este campo es el de la uróloga Helen O’Connell, quien hace algunos años describió la anatomía completa del clítoris mediante estudios de resonancia magnética que incluyeron los tejidos eréctiles. En este contexto, se ha establecido que el tejido eréctil de los genitales femeninos está compuesto por cuerpos cavernosos y un cuerpo esponjoso, de forma comparable al de los genitales masculinos. No obstante, a diferencia del pene, donde el cuerpo esponjoso rodea la uretra, en el cuerpo femenino este se divide en dos bulbos que flanquean lateralmente la pared vaginal. Estas investigaciones también evidenciaron que el tamaño del clítoris es al menos el doble de lo que se pensaba anteriormente.

Los especialistas explican que la mayor parte de la estructura del clítoris se localiza en el interior del cuerpo, rodeada por el hueso púbico y otros órganos pélvicos. Aunque técnicas de imagen como la resonancia magnética permiten observar su forma general en tres dimensiones, estas presentan limitaciones para captar detalles finos de su organización interna, como la distribución de los nervios y otros componentes microscópicos.

Para superar esta barrera, el equipo liderado por Ju Young Lee, investigadora asociada del Ámsterdam UMC, empleó una fuente de rayos X basada en radiación de sincrotrón. Esta tecnología permitió obtener imágenes de tomografía computarizada en tres dimensiones a escala micrométrica a partir de dos pelvis femeninas donadas.

El primer mapa nerviso del clítoris

Gracias a este enfoque, los científicos lograron identificar la trayectoria de cinco nervios complejos y altamente ramificados que recorren el clítoris. En particular, el estudio ofrece una descripción más precisa del nervio dorsal del clítoris, considerado la principal vía sensitiva de este órgano.

Investigaciones previas sugerían que dicho nervio disminuía progresivamente a medida que se acercaba al glande, la parte externa y más sensible del clítoris. No obstante, los nuevos hallazgos indican que mantiene su estructura y funcionalidad sin cambios significativos a lo largo de todo su recorrido.

Asimismo, se observó que algunas de sus ramas se extienden hacia el capuchón del clítoris (también conocido como prepucio) y el monte de Venus, lo que amplía el alcance de la inervación sensorial en la región.

Por otra parte, los investigadores identificaron en el glande troncos nerviosos con diámetros que oscilan entre 0.2 y 0.7 milímetros. Estos, organizados en un patrón de ramificación arbórea, se distribuyen hacia la superficie del glande. Esta disposición explica la elevada densidad de terminaciones nerviosas y, en consecuencia, la notable sensibilidad del órgano. Además, determinaron que el nervio labial posterior, una rama de los nervios perineales, también contribuye a la inervación de las estructuras circundantes, incluidos los labios de la vulva.

Lee afirmó que “este es el primer mapa tridimensional de los nervios dentro del glande del clítoris”. En declaraciones retomadas por The Guardian, la especialista señaló que se trata de un hito comparable a los avances alcanzados en el estudio del glande del pene hace casi tres décadas.