El cacao atraviesa años difíciles. De acuerdo con la Organización Internacional del Cacao (ICCO), en la temporada 2023-2024 la producción mundial cayó cerca de 13% respecto al ciclo anterior. Las sequías, las enfermedades y los virus que atacan a las plantaciones, así como el envejecimiento de los árboles, han contribuido a reducir las cosechas en algunas de las principales regiones productoras del mundo. Ahora, un nuevo estudio de la Universidad de Harvard y la Universidad de Ghana señala a las lluvias intensas como otra amenaza que se suma a la lista.
La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), analizó la relación entre las condiciones meteorológicas y la producción de cacao en Ghana, Ecuador e Indonesia. Los investigadores encontraron que, cuando las lluvias son particularmente intensas durante momentos clave del desarrollo del cacao, el rendimiento tiende a disminuir.
La asociación parece contraintuitiva, pues el cacao necesita condiciones húmedas para desarrollarse y buena parte de la atención sobre sus riesgos climáticos se ha concentrado en la sequía y el calor. Sin embargo, los datos de las principales zonas productoras muestran una clara asociación entre el exceso de agua durante los periodos de floración y desarrollo temprano de las mazorcas y un menor rendimiento posterior.
Los autores piensan que las lluvias intensas podrían dañar físicamente las flores y las mazorcas jóvenes o afectarlas de manera más indirecta, al favorecer la propagación de enfermedades fúngicas como la pudrición negra. El exceso de lluvia también podría interferir con la actividad de los insectos que polinizan la planta.
La investigación muestra que ambos extremos pueden perjudicar una misma cosecha. En Ghana, las lluvias excesivas durante la estación húmeda pueden ir seguidas de falta de agua durante la estación seca, exponiendo al cacao a riesgos distintos a lo largo de su desarrollo. Parte de las variaciones de las lluvias extremas está relacionada con grandes fenómenos climáticos como El Niño y con cambios en las temperaturas del océano Atlántico.
“En Ghana descubrimos que el exceso de lluvia durante la estación húmeda, junto con la sequía de la estación seca, explica aproximadamente dos tercios de las fluctuaciones anuales en la cosecha de cacao”, señala Anna Lea Albright, una de las autoras del estudio, en un comunicado de The Salata Institute for Climate and Sustainability de Harvard.
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Esa relación abre también la posibilidad de anticipar parte del daño. Los investigadores utilizaron registros históricos de producción y condiciones meteorológicas para construir un modelo capaz de estimar cómo pueden cambiar las cosechas según la intensidad de las lluvias durante diferentes momentos del ciclo del cacao.
No es posible evitar que llueva, pero anticipar periodos con mayor riesgo de precipitaciones extremas podría ayudar a los productores a prepararse para sus consecuencias. Los autores señalan varias posibles medidas de adaptación: reducir la transmisión de patógenos por salpicaduras, proteger flores y mazorcas jóvenes, ajustar la densidad de las plantaciones y programar mejor la aplicación de fungicidas.
De acuerdo con la ICCO, alrededor del 70% del cacao del mundo se cultiva en África, con Costa de Marfil y Ghana como los principales productores. Esta concentración hace que las condiciones climáticas de África occidental sean especialmente relevantes para el suministro mundial de cacao. Pero las perspectivas climáticas de la región no son favorables.
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) advierte que África occidental puede enfrentar simultáneamente sequías más persistentes y precipitaciones extremas más intensas a medida que aumenta la temperatura global.

