El Alto: ¿cómo es el epicentro de las protestas en Bolivia?

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Quienes llegan al centro político y administrativo de Bolivia en avión observan un enorme tejido urbano naranja, una suerte de ciudad en permanente construcción. Esa puerta de entrada es El Alto, una ciudad densamente poblada que ahora vuelve a albergar protestas multitudinarias para exigir que sus necesidades sean parte de las políticas de gobierno.

En la historia reciente del país andino, la población alteña marca parte del rumbo nacional.

En 2003, se sublevó contra las políticas del entonces presidente, Gonzalo Sánchez de Lozada, y en defensa de los recursos hidrocarburíferos nacionales. Y, tres años más tarde, aportó una cantidad determinante de sufragios para la llegada del izquierdista Evo Morales al Palacio Quemado.

Las fuerzas de seguridad utilizan gases lacrimógenos durante protestas nacionales que buscan presionar al gobierno del presidente boliviano Rodrigo Paz para que revierta las medidas de austeridad y enfrente el aumento del costo de vida, en El Alto, Bolivia, el 23 de mayo de 2026.
Las fuerzas de seguridad utilizan gases lacrimógenos durante protestas nacionales que buscan presionar al gobierno del presidente boliviano Rodrigo Paz para que revierta las medidas de austeridad y enfrente el aumento del costo de vida, en El Alto, Bolivia, el 23 de mayo de 2026. © REUTERS – Claudia Morales

En 2019, confrontó la irrupción al poder de la derechista Jeanine Añez y Fernando Camacho. Con la llegada de los comicios de 2020, devuelve al poder al Movimiento al Socialismo (MAS, la formación de izquierda fundada por Evo Morales, pero a la que ya no pertenece) y en 2025 pone su voto de confianza en la fórmula conservadora de Rodrigo PazEdmand Lara. Pero, transcurridos los primeros seis meses del nuevo Gobierno, su población considera que está excluida del proyecto del presidente Paz y exige su renuncia.

Políticos y analistas consideran que la historia, demografía y la dinámica social de esta ciudad, que fue reconocida como entidad municipal independiente el 6 de marzo de 1985, aportan elementos fundamentales para interpretar el nuevo estallido que se vive en el país.  

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Una ubicación estratégica

El Alto está ubicada en el centro de las 20 provincias que integran el departamento de La Paz y en el acceso a la sede de gobierno. Es un nodo de alta relevancia por su cercanía a Perú y otras fronteras, hecho que lo convierte en un espacio estratégico para el comercio formal e informal.

Pensada en sus comienzos como un polo industrial, hoy contiene pequeñas y grandes empresas textiles y alimenticias, entre ellas la que produce el panetone navideño. También cuenta con la Feria 16 de Julio, uno de los mercados callejeros más grandes de América Latina y espacio comercial informal de gran relevancia.

Consultada por France 24 en Español, Magaly Copa, abogada en Derechos Humanos, indianista aymara, feminista y residente de El Alto, cuenta que la centralidad económica de esta urbe promueve un movimiento de población “impresionante”, que no está del todo reflejado en el censo de población y vivienda.

Vista del mercado callejero 16 de Julio en El Alto, Bolivia, el 15 de octubre de 2020
Vista del mercado callejero 16 de Julio en El Alto, Bolivia, el 15 de octubre de 2020 Luis GANDARILLAS AFP

Es una ciudad de alta movilidad urbano-rural, constituida por una historia de migraciones campesinas e indígenas de las 20 provincias que componen el departamento de La Paz. “Esta característica le da un sentido político muy potente”, reflexiona Copa y agrega que buena parte de los pobladores de El Alto regresan a sus territorios rurales durante el censo para quedar registrados allí y evitar perder espacio en la distribución de recursos per cápita.

“Un alteño normalmente no es 100%. En una gran mayoría, a la vez que vive en la ciudad, vive en el campo, tiene su terreno, siembra. No es una movilidad estática, no se define por una migración que sea definitiva, sino al contrario, habitan los dos mundos”.

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La “deuda histórica” con una ciudad que se construye a sí misma

La ubicación de El Alto explica buena parte de los acontecimientos actuales e históricos. Se encuentra a 4.150 metros sobre el nivel del mar, justo encima de La Paz.

El primer hecho que demuestra su importancia geoestratégica ocurre en 1781, cuando Túpac Katari reúne a 40.000 hombres para una revuelta aymara anticolonial, con bloqueos que impiden el ingreso de alimentos y provocan el asedio de la urbe que se encuentra abajo.

“Con esta idea de los aymaras rodeando La Paz en las sublevaciones de la era de la insurgencia, El Alto ha logrado, por sus propias luchas, su grado de administración propia”, destaca Copa.

Los alteños siempre rechazan la idea de ser una periferia de La Paz y, desde que se constituye en entidad municipal, comienzan a constituir una ciudad emergente, con un desarrollo acelerado, que también conlleva altos índices de pobreza y exclusión.

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En ese marco, El Alto habla de una “deuda histórica” por el bajo presupuesto que tiene y la desigual distribución per cápita que se le asigna. Aun así, avanza y se organiza en 14 distritos municipales, de los cuales cuatro son rurales. También construye su propia terminal de buses, la más grande de Bolivia.

Una mujer sube las escaleras con las montañas nevadas de los Andes como telón de fondo en El Alto, Bolivia, el 25 de mayo de 2026
Una mujer sube las escaleras con las montañas nevadas de los Andes como telón de fondo en El Alto, Bolivia, el 25 de mayo de 2026 © Marvin Recinos / AFP

Aunque el crecimiento es desordenado, el territorio se construye a sí mismo con el protagonismo de sus vecinos que levantan casas de ladrillo, aceras y escuelas. “El trabajo comunal, que es parte de los usos y costumbres aymaras en el campo, se ha trasladado a la ciudad”, cuenta Copa y describe a los barrios como “redes de familias rurales”.

Su historia evoca al estallido social de 2003 y a la articulación de las comunidades en juntas vecinales que el académico aymara Pablo Mamani narra como “microgobiernos barriales”.

Según Copa, “el presidente vecinal no es solamente un representante como en un barrio normal del mundo, es un agente de conquista de derechos y de desarrollo porque define en coordinación con sus bases, con la gente, qué cosas quieren hacer en su barrio y por eso es una sociedad que se construye a sí misma en todos los sentidos”.

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Entre la tradición de protesta y la “sensación de traición” por parte de Rodrigo Paz

A la histórica población aymara que se asienta en la ciudad, se suman otras corrientes migratorias. Una sequía de 1982 lanza a buena parte de los campesinos a las periferias de las grandes ciudades. Entonces, El Alto se constituye en un epicentro de ese proceso. El crecimiento también llega por la relocalización de familias que perdieron sus viviendas en inundaciones en La Paz.

Otro gran afluente llega desde las regiones mineras del país. “A partir de la entrada de Bolivia al modelo neoliberal con el decreto 21060 se ha quitado la estabilidad laboral y miles de mineros han sido despedidos bajo el título de relocalización. Estos mineros han formado los barrios mineros de El Alto. Entonces, muchos dirigentes piensan que esta rebeldía que tiene el alteño, muchas veces, también viene de esa escuela. Del campo rural, pero también del mundo obrero”.

Mineros participan en una marcha organizada por la Central de Trabajadores de Bolivia (COB) para exigir la renuncia del presidente Rodrigo Paz, en La Paz, el 21 de mayo de 2026
Mineros participan en una marcha organizada por la Central de Trabajadores de Bolivia (COB) para exigir la renuncia del presidente Rodrigo Paz, en La Paz, el 21 de mayo de 2026 © MARVIN RECINOS / AFP

En diálogo con France 24 en Español, Wilmer Machaca, investigador social y analista de datos, aporta su mirada sobre el rol de la población alteña en la política boliviana de los últimos 25 años: “A partir de 2003, El Alto, como grupo social, como ciudad, se ha constituido como el sostén de un proyecto político y social que al final terminó siendo una de las piezas fundamentales dentro de los gobiernos del MAS”.

Desde su mirada, en 2019 se marca “un punto de no retorno” porque, más allá de la salida de Evo Morales del gobierno, se siente “estigmatización” y “violencia” contra la ciudad en las declaraciones de la derechista Jeanine Añez, quien asumió el poder, y en los ataques contra el “sentido de plurinacionalidad” y el significado de la wiphala, símbolo patrio.

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Mujeres bolivianas se manifiestan contra las medidas económicas del Gobierno de Rodrigo Paz en La Paz, Bolivia, el 22 de mayo de 2026.
Mujeres bolivianas se manifiestan contra las medidas económicas del Gobierno de Rodrigo Paz en La Paz, Bolivia, el 22 de mayo de 2026. AP Photo/Juan Karita – Juan Karita

“Hay un grupo social en el país que quiere anular muchas de las cosas y eso significa también retrocesos sociales para mucha gente”, agrega, en referencia a las intenciones que le asigna a los sectores más concentrados de la economía.

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Machaca también pone el foco en el peso electoral de El Alto: “Todo ese bloque que votaba casi homogéneamente por el Movimiento al Socialismo (MAS), y que le ha dado cinco victorias, optó por el PDC (Partido Demócrata Cristiano, del presidente Rodrigo Paz)”. Pero, el analista considera que esa población ahora se siente traicionada por el giro político y las medidas que tomó el mandatario. También por el vínculo que estableció con otros sectores económicos como la agroindustria.

En síntesis, el investigador sostiene que la población de El Alto brindó su apoyo al actual partido de gobierno con la promesa de sostener los postulados económicos y sociales de las administraciones del MAS, pero las decisiones y la narrativa del jefe de Estado no parecen ir en ese sentido. Este sería el motivo que despertó una nueva movilización masiva de los alteños.

El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, gesticula mientras habla durante una conferencia de prensa en el Palacio Quemado de La Paz el 20 de mayo de 2026
El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, gesticula mientras habla durante una conferencia de prensa en el Palacio Quemado de La Paz el 20 de mayo de 2026 © Aizar Raldes / AFP

Para leer este fenómeno, Copa propone observar “una base social articulada” que se manifiesta en redes de apoyo y autocuidado que operan de manera orgánica, más allá del líder. “Eso es bien importante porque en Bolivia, en este momento, las dirigencias intermedias y altas pueden negociar con el Gobierno, llegar a un pacto, pero si la base no está de acuerdo, va a persistir en las medidas de presión”.

La experta recuerda que esta articulación, que fue la base de los grupos de WhatsApp para apoyar a Edmand Lara en la dupla con Rodrigo Paz, es la que ahora opera en “una sensación de traición y que se moviliza de forma organizada en rechazo absoluto al gobierno”.

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