Un lamentable balance que sigue creciendo. Nepal ha elevado este jueves 3 de septiembre a 5.083 el número de personas desaparecidas y a al menos 1.259 los fallecidos por las devastadoras riadas que golpearon el país el pasado 26 de agosto. El balance, correspondiente al noveno día de las operaciones de búsqueda y rescate, ha aumentado de forma significativa a medida que las autoridades han podido acceder a algunas de las áreas más remotas y recuperar parcialmente las comunicaciones.
En las últimas horas, se incorporaron 867 personas a la lista de desaparecidos y siete al balance de fallecidos, según el último reporte de la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres de Nepal (NDRRMA), recogido por la agencia de noticias EFE.
El incremento no significa necesariamente que cientos de personas hayan desaparecido recientemente. En buena medida refleja que las autoridades están consiguiendo obtener información de comunidades a las que no habían podido llegar desde que las inundaciones arrasaron carreteras, puentes y redes de comunicación.
El distrito de Rasuwa, próximo a la frontera con China y uno de los más castigados, ha sido precisamente una de las zonas donde la recuperación de las comunicaciones y el acceso de los equipos de emergencia han permitido actualizar las cifras.
Hasta ahora, 12.038 personas han sido rescatadas, mientras las autoridades continúan tratando de establecer una dimensión definitiva de una catástrofe que el Gobierno nepalí ha descrito como un “tsunami himalayo”.
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Cientos de trabajadores siguen atrapados bajo tierra
Una de las operaciones más urgentes se desarrolla en torno a los proyectos hidroeléctricos construidos en los valles montañosos afectados.
“Se ha depositado una gran cantidad de escombros, lo que nos supone un gran desafío para abrir los túneles”
Según los datos difundidos inicialmente por Reuters, 933 trabajadores de 11 proyectos hidroeléctricos se encontraban desaparecidos en los distritos de Rasuwa y Nuwakot. Muchos de ellos trabajaban en túneles excavados en el interior de las montañas, que quedaron bloqueados por toneladas de agua, lodo y rocas.
Los equipos de rescate utilizan excavadoras, maquinaria pesada, reflectores y explosiones controladas para intentar abrirse camino hacia las galerías. En algunas de las operaciones ya se han recuperado cuerpos después de que los rescatistas consiguieran acceder parcialmente a dos túneles.
“Se ha depositado una gran cantidad de escombros, lo que nos supone un gran desafío para abrir los túneles”, explicó Raja Ram Basnet, portavoz del Ejército nepalí, según Reuters. El objetivo prioritario, añadió, es despejar los accesos.
La geografía del país convierte estas operaciones en una carrera contra el tiempo. Las centrales hidroeléctricas nepalíes dependen de complejas redes de túneles que atraviesan terrenos extremadamente escarpados para conducir el agua de los ríos hacia las instalaciones de generación eléctrica.
Miles de familias todavía buscan a sus desaparecidos
La dimensión de la tragedia también se refleja en las dificultades para identificar a los fallecidos.
De los más de 1.200 cuerpos recuperados, solo 95 habían podido ser entregados a sus familias, según la NDRRMA. Muchos cadáveres fueron arrastrados por la corriente a grandes distancias y otros fueron sepultados de manera provisional en fosas poco profundas ante el riesgo de descomposición y las dificultades logísticas para trasladarlos.
La Policía de Nepal ha pedido a familiares de personas desaparecidas que proporcionen muestras de sangre y perfiles de ADN para acelerar la identificación de los cuerpos.
La recuperación de las telecomunicaciones está permitiendo además que las autoridades reconstruyan paulatinamente el número real de víctimas en comunidades que permanecieron incomunicadas durante días.
La Cruz Roja calcula que más de 90.000 personas podrían haberse visto afectadas por el desastre.
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Al menos 583 extranjeros siguen desaparecidos
La tragedia también tiene una dimensión internacional. Entre las personas cuyo paradero sigue sin conocerse figuran 583 ciudadanos extranjeros, entre ellos dos españoles, según el último balance de las autoridades nepalíes difundido por EFE.
En los primeros días de la catástrofe, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Nepal había informado de que unos 590 extranjeros de 39 países permanecían desaparecidos y de que más de 10.000 personas habían sido rescatadas, entre ellas 323 extranjeros.
El balance se encuentra todavía sujeto a revisión a medida que se restablecen las comunicaciones y se obtiene información de nuevas localidades afectadas.
La magnitud internacional del desastre se extiende también al otro lado de la frontera. En el Tíbet chino, las autoridades informan de 21 fallecidos y 541 personas todavía sin localizar, según el balance más reciente.
Beijing había informado previamente de que 261 ciudadanos extranjeros de 23 países estaban desaparecidos en el Tíbet, cerca de uno de los principales pasos fronterizos con Nepal. Además, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Guo Jiakun, señaló que las autoridades no habían podido contactar con casi un centenar de ciudadanos chinos que se encontraban en territorio nepalí.
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China refuerza la respuesta y reclama más vigilancia
La magnitud de la emergencia llevó también al Gobierno chino a abordar la crisis en una reunión de su gabinete.
Según la televisión estatal CCTV, una reunión del gabinete instó a redoblar los esfuerzos para localizar a los desaparecidos, divulgar información fiable, gestionar los riesgos y peligros ocultos y mejorar las capacidades de respuesta ante emergencias.
China ha vinculado además el desastre a la creciente inestabilidad de los glaciares asociada al calentamiento global.
La hipótesis compartida por las autoridades es que el colapso de un glaciar desencadenó una enorme masa de agua, hielo, rocas y sedimentos que descendió por los valles del Himalaya, provocando una sucesión de inundaciones y deslizamientos de tierra.
La cadena estatal china ha advertido, además, de que los glaciares situados alrededor del cráter generado por el colapso siguen presentando riesgo de nuevos desprendimientos. Imágenes tomadas con drones han mostrado numerosos depósitos de deslizamientos en las riberas de los ríos, con potencial para provocar nuevos bloqueos y formar lagos que posteriormente podrían desbordarse.
El riesgo no ha terminado
Las labores de rescate se han visto interrumpidas en varias ocasiones por el mal tiempo y por el temor a que se produzcan nuevos deslizamientos o desbordamientos.
Uno de los mayores riesgos procede de los lagos formados como consecuencia de los desprendimientos y del bloqueo de cauces. Un eventual desbordamiento podría enviar nuevas masas de agua hacia los ríos nepalíes y agravar la situación en zonas que ya han sufrido importantes daños.
Por ello, los equipos de emergencia no solo tienen que buscar supervivientes entre los escombros, sino también evaluar continuamente la estabilidad de las laderas, los glaciares y los cursos de agua.
Nepal ha asegurado que no necesita asistencia extranjera para las operaciones generales de búsqueda y rescate, pero ha recurrido a India y China para contar con su experiencia específica en operaciones dentro de túneles.
La concentración de trabajadores desaparecidos en proyectos hidroeléctricos pone de relieve la importancia que estas instalaciones han adquirido para Nepal.
Desde comienzos de siglo, el país ha impulsado con fuerza la construcción de centrales para aprovechar su enorme potencial hidroeléctrico y reducir su histórica escasez energética. Nepal también aspira a incrementar las exportaciones de electricidad a India.
Pero las características del Himalaya obligan a construir túneles y otras infraestructuras en algunos de los terrenos más complejos del planeta. Precisamente esas galerías se han convertido ahora en trampas potencialmente mortales.
Las inundaciones han causado graves daños en centrales hidroeléctricas y otras infraestructuras, además de destruir viviendas, carreteras y puentes en numerosos distritos.
El primer ministro nepalí, Balendra Shah, ha calificado la catástrofe de “desastre natural sin precedentes y devastador” y ha advertido de que todavía resulta difícil realizar una evaluación completa de los daños.
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Una emergencia todavía lejos de concluir; la explicación climática gana peso
Aunque la investigación sobre las causas inmediatas continúa, el vínculo entre la catástrofe y la evolución del clima ocupa un lugar central en las explicaciones ofrecidas por China y expertos de la región.
Beijing ha atribuido las inundaciones a la inestabilidad glaciar provocada por los efectos a largo plazo del calentamiento global. El deshielo y la transformación de los glaciares del Himalaya aumentan la posibilidad de que se produzcan desprendimientos y alteraciones repentinas de los sistemas de lagos y ríos de alta montaña.
El desastre vuelve a poner así de manifiesto la vulnerabilidad de las poblaciones asentadas en los valles del Himalaya frente a fenómenos extremos.
Pero también abre un debate sobre la preparación regional. Funcionarios nepalíes citados por Reuters han expresado su preocupación por el intercambio de información con China sobre los riesgos glaciares y los niveles de agua. Según estos funcionarios, la falta de datos compartidos podría dificultar la preparación ante futuras emergencias.
China, por su parte, ha rechazado esa interpretación y asegura que ha proporcionado de forma continuada a Nepal datos meteorológicos e hidrológicos y que seguirá apoyando los esfuerzos humanitarios.
Nueve días después de las riadas, Nepal continúa sin conocer la dimensión definitiva de la tragedia. El balance oficial supera ya los 5.000 desaparecidos y los 1.200 muertos, pero ambas cifras pueden seguir aumentando a medida que los equipos alcancen nuevas comunidades y se reconstruyan los registros de población afectados.
La prioridad inmediata sigue siendo localizar a quienes permanecen atrapados, especialmente en los túneles hidroeléctricos, y recuperar e identificar los cuerpos.
Pero la emergencia también plantea una cuestión más amplia: cómo prepararse para un Himalaya sometido a una creciente inestabilidad climática y geológica.
Por ahora, miles de familias siguen esperando noticias de sus seres queridos. Y bajo las toneladas de lodo, roca y agua que cubren algunos de los túneles de Nepal, los equipos de rescate continúan buscando señales de vida.
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Con Reuters y EFE
