Casi la mitad de los casos de demencia podrían prevenirse con simples ajustes, pero la información no está llegando a la gente

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Existe una percepción de que la demencia es una consecuencia parcialmente inevitable del envejecimiento, algo así como una lotería influida por genética. Es común escuchar que si tus padres tuvieron Alzheimer, es muy probable que a ti también te toque, no importa lo que hagas. Sin embargo, la evidencia científica ha ido cambiando esa idea. Hoy se sabe en círculos científicos que una parte importante del riesgo puede reducirse mediante hábitos saludables, pero la población en general no está totalmente consciente de eso. Por ello, es necesario que las personas tengan acceso a información clara para así reducir los riesgos de desarrollar demencia. Justo ahí es donde el gobierno se ha quedado corto.

¿Qué gobierno? Cualquiera. Una revisión sistemática publicada en The Lancet Healthy Longevity analizó las estrategias de prevención de la demencia en ocho países: Australia, Bélgica, Chile, China, Dinamarca, Países Bajos, Puerto Rico y Estados Unidos. El estudio arrojó que prevenir la demencia requiere actuar antes de que aparezcan los síntomas, pero las campañas de prevención que corren a cargo del sector público no están haciendo eco en la población.

“Hasta el 45% de los casos de demencia están relacionados con factores modificables que podemos cambiar, como nuestro estilo de vida, estado de salud y entorno”, indicó Mario Siervo, investigador de la Universidad Curtin (en Australia) y coautor del estudio. “Pero no basta con informar a la gente sobre esos riesgos; las campañas de sensibilización son importantes, pero por sí solas rara vez conducen a un cambio de comportamiento significativo o duradero”.

Informar mejor para prevenir mejor

Tal como señala el profesor Siervo, casi la mitad de los casos de demencia están relacionados con factores modificables, como la hipertensión, la diabetes, la inactividad física, el tabaquismo, la obesidad, el aislamiento social o la pérdida auditiva no tratada. Algunos ajustes al estilo de vida son más sencillos que otros, pero aun así, persiste la idea de que no existe ninguna forma de reducir el riesgo.

“Todavía existe la creencia generalizada de que la demencia es una parte inevitable del envejecimiento, lo cual no es cierto”, dijo Blossom Stephan, coautora de la investigación. “Pero incluso cuando las personas son conscientes de los riesgos, obstáculos como el tiempo, el costo y la motivación pueden impedirles realizar cambios en su estilo de vida”.

Con el objetivo de evaluar qué tan eficaces son las campañas dirigidas al público general, los investigadores revisaron todos los estudios disponibles sobre intervenciones comunitarias enfocadas en la prevención de la demencia. Tras analizar miles de publicaciones, identificaron únicamente doce estudios realizados en los ochos países mencionados, con tamaños de muestra que iban desde 51 hasta más de 8,000 participantes.

Si bien las campañas masivas (televisión, radio, redes sociales, materiales impresos) lograron llegar a un gran número de personas, produjeron cambios relativamente modestos en el conocimiento de los factores de riesgo. En cambio, las intervenciones más interactivas (cursos en línea, programas educativos personalizados, actividades comunitarias) consiguieron mejoras más consistentes tanto en el conocimiento como en la adopción de conductas saludables.