Batalla fiscal de Shakira revela complejidades de impuestos en giras internacionales

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En 2011, Shakira pasó 163 días en España entre las distintas paradas de su exitosa gira mundial, Sale el Sol. Ese número resultó ser crucial en su larga batalla por librarse de una penalización fiscal de 69 millones de dólares que le impuso el país europeo. Esto dejó claro lo detallado que puede llegar a ser el trabajo de contabilidad de una gira internacional.

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Varios expertos ayudaron a Billboard a analizar la victoria judicial de Shakira el lunes (18 de mayo), tras una batalla de ocho años con las autoridades tributarias españolas. En esta sentencia, la Audiencia Nacional de España absolvió a la estrella colombiana de los cargos de fraude fiscal y ordenó la devolución de 60 millones de euros (69 millones de dólares) que le habían sido recaudados correspondientes al ejercicio fiscal de 2011. Además, pagó por separado una multa de 7,6 millones de dólares en 2023 por impuestos españoles correspondientes a los años 2012 a 2014.

Las autoridades españolas argumentaron que en 2011 Shakira debía declarar impuestos allí porque residía en España mientras estaba de gira y salía con el futbolista Gerard Piqué. Shakira, sin embargo, sostuvo que solo visitaba frecuentemente el país por su relación a distancia y que su residencia oficial estaba en Bahamas.

La gente de la industria musical comenta que el tema de dónde vive alguien puede complicarse bastante cuando tu trabajo te obliga a estar siempre de aquí para allá. “Los artistas que están de gira llevan vidas súper móviles y poco comunes”, dice Russell King, abogado especializado en entretenimiento que se encarga de estructurar la parte fiscal de muchos músicos en gira. King, que no estuvo involucrado en el caso de Shakira, explica que esto les da cierta flexibilidad sobre dónde declarar su residencia, pero deben demostrar que tienen raíces reales en un país para que las autoridades fiscales se lo tomen en serio.

“Países como España han endurecido muchísimo sus normas y están buscando aplicarlas al pie de la letra”, comenta King. “Eso fue lo que ocurrió aquí, pero resultó que Shakira había hecho las cosas bien y finalmente salió victoriosa”.

En España, como en tantos otros lugares, se considera que una persona es residente a efectos fiscales si pasa al menos 183 días al año dentro de sus fronteras. (El País ha estado particularmente agresivo con las celebridades en los últimos tiempos, sacando casos contra Messi y Cristiano Ronaldo, entre otros.) En el caso de Shakira, todo giraba en torno a reconstruir con precisión su calendario de 2011 para determinar que le faltaban 20 días para superar ese límite.

Este tipo de cálculo detallado es clave para los artistas internacionales, ya que no quieren pasarse del límite de los 183 días en varios países porque entonces se arriesgan a que les cobren impuestos dobles. “Siempre aconsejo a mis clientes que lleven un calendario donde apunten dónde están cada día, justamente por esto”, comenta King.

Timothy Jorstad, que gestiona las finanzas de varias bandas y no estuvo involucrado en el caso de Shakira, coincide en que llevar la cuenta del calendario es esencial. Esto lo ha aplicado con su cliente Arnel Pineda, cantante de Journey, quien reside en Filipinas pero pasa gran parte del año en Estados Unidos de gira.

“Lo monitoreamos todo muy de cerca”, dice Jorstad sobre el calendario de Pineda. “Lo mandamos a Canadá por parte de la gira, o a México, Sudamérica o Europa. Tratamos de mantenerlo fuera de Estados Unidos si se está acercando al límite de los 180 días”.

Pero el tema de la residencia fiscal es solo una pieza del rompecabezas contable que gerentes y abogados tienen que manejar para las giras internacionales. También está el tema de las cargas tributarias en cada país que se visita en la gira, donde los artistas tienen que pagar una parte de los ingresos de cada concierto a las autoridades locales. Si se hacen bien las cosas, esos impuestos extranjeros pueden usarse como créditos para que se descuenten de las contribuciones fiscales del país de residencia.

La complicación viene de que cada país tiene su propio sistema fiscal y sus peculiaridades. Por ejemplo, en Estados Unidos, el IRS aplica un impuesto del 30% sobre los ingresos brutos de conciertos internacionales, a menos que los artistas firmen lo que se conoce como un acuerdo de retención central. King dice que suele ayudar a sus clientes a firmar estos acuerdos de antemano para reducir las retenciones, ya que el 30% “es un golpe tan fuerte al flujo de caja que puede paralizar una gira”.

Según Jorstad, “algunos países son más fastidiosos que otros” en cuanto a impuestos. Cita como ejemplo a sus clientes los Doobie Brothers, que no han podido obtener deducciones fiscales específicas para giras en algunos conciertos recientes en Reino Unido, porque el gobierno británico dijo que eran realmente “costos de promoción de álbumes”.

“Inglaterra se está convirtiendo en un verdadero fastidio”, dice Jorstad.

La clave para resolver este rompecabezas matemático, según Jorstad, consiste en contratar a contables locales y bufetes de abogados especializados en cada parada de la gira. Al trabajar con personas expertas en los requisitos fiscales específicos de cada país, los artistas pueden estar seguros de que cumplen plenamente con la legislación de todos los lugares por los que pasan mientras están en la carretera.

King también comenta que los artistas deberían apoyarse en profesionales, y no en “atajos”, para organizar bien las finanzas de sus giras internacionales. Es necesario dedicar un esfuerzo considerable a planificar todo esto desde el inicio de la gira; de lo contrario, el artista podría acabar arrepintiéndose más adelante.

King, que trabaja con varios músicos latinos, dice que suele usar el refrán español “lo barato sale caro” para insistir en este punto.