Rafael Orjuela está emocionado. Lleva cinco años viviendo en Miami (Florida), pero esta noche, rodeado de decenas de miles de compatriotas, siente que está un poco más cerca de casa.
"Estar lejos de mi mamá, de mi papá, de todos mis amigos, es difícil", dice este bogotano de 25 años. "Pero ver a toda esta gente, sentir que queremos ser campeones del mundo, eso lo cambia todo".
Junto a él, en uno de los numerosos patios de comida del estadio, un grupo de aficionados salta sobre las mesas, canta y celebra la oportunidad de ver a la selección cafetera en Miami, hogar de una gran comunidad colombiana.
30 horas de tren
A pocos metros, Sandra Arenas, una colombiana afincada en Miami desde hace 27 años, comparte esa misma sensación de cercanía con su país.
"El Mundial solo se vive una vez en la vida. Tenerlo en casa es espectacular, y ver a tu equipo jugar aquí, rodeada de colombianos, no tiene precio", afirma. "Uno sabe que aunque viva muchos años fuera, la casa siempre es importante".
Otros, como Juan David López, han vivido una odisea para llegar a Miami, pero no se habrían perdido el partido por nada en el mundo.
"Fue un viaje difícil, casi 30 horas en tren desde Nueva York, pero vale completamente la pena. Esto parece Colombia", celebra. "La energía es increíble, los colombianos no fallan".
Michael Ramos hizo el viaje desde Cali sólo para ver el partido contra Portugal. "Ya se dieron cuenta los gringos de que llegó Colombia a Miami", dice orgulloso este obrero de la construcción de 39 años.
"Vamos bien, vamos a llegar lo más lejos que podamos", añade sobre su selección, que ganó sus dos primeros partidos.
Pago a plazos de la entrada
Orjuela echa la vista atrás y se emociona. "Creo que mi yo de 10 años está muy feliz. El que creció viendo a Falcao, a Guarín hoy está cumpliendo un sueño", afirma. "Para mucha gente son dos horas. Para nosotros son meses de felicidad".
La alegría no oculta, sin embargo, cierta frustración por los altos precios de las entradas. Él, que trabaja en el aeropuerto de Miami, gastó 1.600 dólares para su billete.
"Llevo pagando esta entrada desde enero y aún la sigo pagando", lamenta. "El fútbol es de la gente, pero cada vez es más difícil para el trabajador".
Este sábado, sin embargo, no quiere pensar demasiado en esto. "Trabajo muchas horas a la semana, pero eso no importa si es para ver a Colombia".

