
MADRID, ESPAÑA/ AGENCIA ABC.— Jesús y Martina Vázquez, padre e hija, comentan que llevaban años «en los que vemos cada vez hay más patologías en las que el aparato digestivo está comprometido», y que pese a que «formamos parte de la naturaleza, nos desviamos de ella».
Él es licenciado en medicina y cirugía, en nutrición deportiva y cuenta con más de 35 años de experiencia ejerciendo su profesión. Por su parte, Martina, es graduada en nutrición humana y dietética y especializada en psiconeuroinmunología clínica. Ambos están al frente de la cuenta en redes sociales @nutri.vazquez y acaban de publicar Un año para cuidarte: come con las estaciones (Editorial B, 2026).
—El libro se centra en cada una de las estaciones, ahora mismo podemos comer sandías en invierno y mandarinas en verano.
—Jesús Vázquez: Sí, vamos a contracorriente. No estamos pendientes de lo que ocurre ahí fuera y pensamos que deberíamos volver a conectar con la naturaleza para estar en sintonía. ¿Por qué tengo que comer sandía en invierno cuando esta aparece, por algo, en épocas de calor? Es ahí cuando el cuerpo necesita sus antioxidantes.
—Martina Vázquez: Exacto, no tiene nada que ver lo que te pide el cuerpo en verano que en invierno. En verano se produce más oxidación por las horas de luz, el estilo de vida que tenemos y aparecen todas las frutas que tienen muchos antioxidantes, más colores. En cambio, en el otoño, es una estación donde necesitamos depurar toda esa oxidación de verano y aparecen frutas y verduras más amargas como la calabaza. Con eso conseguimos depurar el cuerpo para el invierno, que es cuando más necesitamos estar protegidos para combatir virus, nuestro sistema inmunitario baja.
—Jesús: La clave es pararnos a escuchar nuestras células. Si estas te piden unas comidas más calóricas, con más grasa, será porque hace más frío. Al igual que te piden recogerte y abrigarte.
—En el libro empiezan por la primavera y comentan que en esa época, el cuerpo opta por la depuración. ¿Por qué?
—Jesús: Es una época de depuración porque venimos de un invierno de trabajo metabólico muy grande. Lo que llega a trabajar el cuerpo en invierno es una pasada. Hay que abrir las ventanas, limpiar la casa, ventilar. Intentar dar al cuerpo alimentos con mucha agua y fibra. Las comidas siguen siendo calientes, pero tirando a templadas. Ayudar al hígado en su función para conseguir depurar esa maquinaria perfecta, donde entran todos los desechos metabólicos.
—¿Es malo no desayunar?
—Martina: Si el cuerpo te pide no desayunar, será por algo. Si aguantas bien hasta la hora de comer, esos momentos de ayuno también ayudan a depurar el organismo si estás todo el tiempo comiendo. De hecho, si desayunamos azúcar o algún hidrato también hay una subida de azúcar y luego te entra más hambre. En cambio si no desayunas y a media mañana das proteína y grasa de calidad, vas a aguantar mucho mejor la jornada.
—Jesús: No se puede generalizar si es bueno o malo desayunar, depende de cada persona. Si no te apetece hacerlo, ¿para qué? Si vas bien de energía e incluso notas que si desayunas algo te da la «modorra», hazle caso a tu cuerpo. Prioriza la proteína y no metas tomes zumos y cereales porque sube el azúcar y da una energía estupenda, pero luego existe ese bajón. Meterse en un círculo de picar entre horas no hace falta. El cuerpo tiene reservas suficientes para no estar dándole comida constantemente.
—¿Cómo deben de ser las cenas?
—Martina: Las cenas deben ser ligeras. Después de todo el día con estrés, acelerados y preocupados, normalmente la comida pasa desapercibida, pero de repente llega ese momento en el que te relajas y es cuando aparece el hambre. Depende de la persona, porque hay a quien le resulta imposible por horarios, pero lo mejor es cenar temprano. Cuanto más comes y más trabajo metabólico tiene que hacer el cuerpo por la noche, peor se descansa. Se puede ir combinando, pero la cena no debe ser pesada para poder descansar mejor.
—¿Solemos beber poca agua?
—Martina: Estamos formados por agua, no podemos olvidarnos de eso. Necesitamos tener hidratadas a las células para que puedan responder bien a sus funciones vitales.
—Jesús: Pero tampoco hay que encharcarse.
—¿Por qué en esta época, en invierno, notamos que tenemos menos energía en comparación con otras estaciones del año?
—Martina: Es un tema un poco hormonal. Las horas de luz influyen un montón y ahora mismo hay muy pocas. Por la noche, cuando oscurece, generamos melatonina, la hormona del sueño. Y cuando esta termina, empieza la serotonina. Con tan pocas horas de luz, hay muy poca serotonina en el cuerpo y más melatonina, por eso te apetece ese recogimiento y en primavera, se empieza a dar a la inversa, te apetece estar más tiempo fuera.
—Jesús: La serotonina también dura mucho más tiempo en sangre. Es el neurotransmisor que te hace estar estable emocionalmente, pero hay gente que lo nota como una euforia primaveral y hay otra a la que le produce mucha melancolía.
—¿Qué le sucede al hígado en invierno?
—Jesús: Si noto que baja la temperatura exterior, el cuerpo rápidamente va a reforzar todos los órganos vitales para que estén siempre bien, cerrar el resto de suministro a piel y uñas… En invierno, hay un trabajo metabólico muy fuerte por parte del hígado porque «sube» todo: la tiroides trabaja más, los músculos puede que también porque necesitan gastar más energía y existen más desechos metabólicos por lo que comemos. Y un hígado que se sobrecarga siempre te hace estar más cansado, con más dolores de cabeza y demás. Por eso también en esta época hay verduras más amargas que ayudan mucho a depurarlo. Al igual que caldos e infusiones.
—¿Cómo nos influye el estrés y el frío?
—Jesús: El estrés es un daño oxidativo. Eso por un lado. Pero esa oxidación daña muchas células, hace que fabrique más cortisol. Encima hay ese exceso de trabajo que hemos estado hablando hasta ahora. Hay un desgaste y un estrés metabólico. Tenemos un aparato digestivo que está trabajando a tope y hay que mimarlo porque si no lo haces, el cerebro no va a estar del todo bien. Pero si no estás bien a nivel mental porque estás estresado, cansado y agotado, nos adentramos en un círculo del que es difícil salir.
—¿Cómo cuidar al sistema inmunitario en esta época?
—Jesús: Una buena base es la vitamina D, que siempre obligamos a mantenerla en cifras altas porque se nota una diferencia muy grande. Si hace falta, se toma en suplementos, y si no, obligarnos a ver la luz de vez en cuando, salir de la cueva en la que nos metemos a veces y no estar siempre encerrados. También hay que mantener una flora intestinal saludable y para eso hay que darle, precisamente, las cosas que necesita tu cuerpo en invierno, pero sin dañar. No debemos abusar de harinas, azúcares y ultraprocesados. Dañan la mucosa y si esta no está bien, bajan mucho las defensas. Es un filtro maravilloso que tenemos. Si tienes un cuerpo fuerte y ya en otoño te preparas, es más fácil pasar el invierno sin esa lucha contra los virus.
—También mencionan en el libro el consumo de probióticos, ¿mejor conseguirlo de los alimentos que la suplementación?
—Martina: Si los conseguimos por alimentos es lo ideal. No podemos estar comiendo mal y porque me han dicho que tengo que tomar probióticos, consumirlos en cápsulas. Al final se hace un sobrecrecimiento bacteriano, de muchas bacterias. Si tienes un buen sistema digestivo, reforzarlo está genial, pero tiene que haber una buena base.
