Viajé en la carroza de Toñita y AOC en el Desfile Puertorriqueño y vi un homenaje al NuevaYol boricua

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Cuando la carroza de Toñita y Alexandria Ocasio-Cortez recorría la Quinta Avenida durante el Desfile Nacional Puertorriqueño el domingo (14 de junio), se sintió menos como un vehículo de desfile y más como un homenaje en movimiento al Nueva York boricua: con reggaetón a todo volumen, cubierta de banderas y cargando a una de las figuras culturales más queridas de Brooklyn entre una enorme multitud.

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Me subí junto a mi pareja, un nuyorican nacido y criado en Brooklyn, consciente de que, yo, como mexicoestadounidense criada en California y viviendo en Nueva York desde hace casi 17 años, me estaba adentrando en una tradición que me tocaba presenciar, no reclamar como propia.

Más de un millón de personas llenaban las calles, en su mayoría vestidas de rojo, blanco y azul, ondeando banderas de Puerto Rico. También se veían banderas revolucionarias en blanco y negro, estandartes de Vega Baja y camisetas representando a Juncos, el pueblo natal de Toñita. El reggaetón y la salsa retumbaban desde el sistema de sonido del carro alegórico: “Pa’ que retozen” de Tego Calderón, “Atrévete-te-te” de Calle 13 y, por supuesto, “NuevaYol” de Bad Bunny, la canción que ayudó a llevar el nombre de la leyenda brooklynense de 85 años a una audiencia global más amplia.

Si has pasado algo de tiempo cubriendo la cultura puertorriqueña en Nueva York, entonces ya sabes que Toñita no es simplemente una personalidad local. María Antonia Cay, dueña de uno de los últimos clubes sociales puertorriqueños que sobreviven en la ciudad, fundó el Caribbean Social Club en 1973 para el equipo de béisbol puertorriqueño que ella dirigía. Con los años, ese espacio se convirtió en algo mucho más grande que sus cuatro paredes: un lugar donde la gente come, baila, juega dominó, recuerda de dónde viene y, para muchos, se siente en casa dentro de una ciudad que cambia a toda velocidad.

AOC en la carroza durante el Desfile Nacional Puertorriqueño el 14 de junio. Crédito: Stephanie Rojas Rodríguez | @camararja Stephanie Rojas Rodriguez

Su carro reflejaba toda esa historia en movimiento. Estaba decorado con retratos de Toñita posando con sus anillos icónicos, referencias a su pasado en el béisbol, fotos del Caribbean Social Club cubierto con una bandera puertorriqueña, una ilustración suya como superheroína y toda una sección repleta de reconocimientos y certificados que ha recibido a lo largo de los años. Se sentía menos como un carro alegórico tradicional y más como un archivo ambulante de una mujer cuya vida ha tocado tantos rincones del Nueva York puertorriqueño.

Y luego estaban las personas que iban a bordo.

La representante Alexandria Ocasio-Cortez lucía un vestido blanco deslumbrante mientras ondeaba una bandera puertorriqueña con orgullo mientras la multitud la ovacionaba desde abajo. Toñita, con una blusa blanca de encaje, labios rojos y rizos rubios despeinados por el viento, se veía completamente como la matriarca al centro de todo. La influencer Omi Hopper, de Cooking Con Omi, iba a bordo, mientras Tito Puente Jr. andaba cerca — lo vimos después del desfile, apenas unas cuadras al sur de Tito Puente Way en la calle 110, nombrada en honor a su legendario padre. Daddy Yankee, por su parte, fue visto en su propio carro alegórico. Cada pocos minutos, se escuchaban nombres por el sistema de sonido de la carroza, convirtiendo el recorrido en un tributo rodante.

En la carroza de Toñita y AOC + su equipo durante el Desfile Nacional Puertorriqueño el 14 de junio. Crédito: Stephanie Rojas Rodríguez | @camararja Stephanie Rojas

Pero lo que más me impactó fue lo musical que se sentía el carro, no en un sentido simbólico, sino literal. Además de las bocinas a todo volumen, había una banda de plena con percusión y metales — Taller Toca Plena Komerío — y por momentos la gente se soltaba a bailar salsa. El paisaje sonoro cruzaba generaciones y géneros, desde himnos de reggaetón hasta ritmos afrocaribeños en vivo, reflejando todos los mundos que Toñita ha sostenido durante décadas dentro del Caribbean Social Club.

Ese vínculo entre Toñita y la música ya es imposible de ignorar. En años recientes, su club se ha convertido en un punto de referencia para artistas como Residente y Rauw Alejandro, quienes entienden lo que representa: un espacio raro y sobreviviente de la vida puertorriqueña y nuyorriqueña en Brooklyn. El abrazo de Bad Bunny a Toñita — desde mencionarla en “NuevaYol” hasta integrar su mundo dentro del lenguaje visual y emocional de su era puertorriqueña, incluida su aparición durante el show de medio tiempo del Super Bowl — solo profundizó algo que muchos neoyorquinos ya sabían. Toñita es legendaria no porque se haya vuelto cercana a la fama, sino porque la fama terminó llegando a una figura que su comunidad ya veneraba desde hace tiempo.

En la carroza de Toñita y AOC + su equipo durante el Desfile Nacional Puertorriqueño el 14 de junio. Crédito: Stephanie Rojas Rodríguez | @camararja Stephanie Rojas Rodriguez

Estar en la carroza me dio una perspectiva privilegiada de esa realidad. Normalmente, cuando cubres un desfile, estás entrenada para observar el espectáculo desde afuera. Aquí, yo estaba adentro. El animador no dejaba de mencionar a Toñita, AOC y los otros invitados e influencers a bordo — y luego, inesperadamente, también dijo mi nombre: “Isabela Raygoza from Billboard”. Me sentí en shock, luego divertida y después muy consciente de lo inusual que era ese momento. Duró apenas unos segundos, pero subrayó la sensación más grande del día: esta no era una experiencia de prensa distante. Era una invitación a una tradición viva.

Y como tantas cosas que ha construido Toñita, esa invitación no terminó cuando el carro dejó de moverse.

Cuando nos bajamos, ya nos esperaba comida: platos que la misma Toñita había cocinado, incluyendo arroz con habichuelas, salchichas y arroz con pollo. Ese detalle, por pequeño que parezca, me pareció esencial. La imagen pública de Toñita es vibrante: las amistades con celebridades, las apariciones en desfiles, el reconocimiento, las fotos, la música. Pero el legado privado que sostiene todo eso es mucho más simple y mucho más poderoso. Ella alimenta a la gente. La reúne. Les hace espacio.

Toñita en su carroza durante el Desfile Nacional Puertorriqueño el 14 de junio. Crédito: Stephanie Rojas Rodríguez | @camararja

Ese es el hilo que conecta las raíces beisboleras del Caribbean Social Club con los artistas que hoy la celebran, desde la cuadra en Williamsburg donde levantó su club hasta la avenida repleta de banderas puertorriqueñas en Manhattan. Ir en el carro de Toñita fue emocionante por todas las razones obvias: las figuras conocidas, la música, la energía desbordada del desfile. Pero lo que más se me quedó fue lo claramente que reflejaba el propósito detrás de su legado. Incluso rodeada de políticos, artistas, lowriders con hidráulicos y convertibles Mustang rojos brillando bajo el sol, el corazón de la historia seguía siendo el mismo.

Para cuando regresé a casa en Bushwick, la ciudad seguía rugiendo. Knickerbocker Avenue estaba repleta, con esa clase de escena neoyorquina en la que una celebración parece mezclarse con otra. El condado ya venía encendido después de que los Knicks ganaran su primer campeonato en 53 años el sábado (13 de junio), y la aparición del nativo de Bushwick José Alvarado en la avenida solo añadió otra capa de orgullo de barrio al ambiente. Después de pasar el día a bordo de la carroza de Toñita, se sintió como la imagen final perfecta: el orgullo puertorriqueño todavía moviéndose por la ciudad mucho después de que el desfile hubiera terminado.

Crédito: Stephanie Rojas Rodríguez | @camarar0ja Stephanie Rojas

Crédito: Stephanie Rojas Rodríguez | @camarar0ja Stephanie Rojas

Toñita e Isabela Raygoza: Crédito: Isabela Raygoza