
Frente a este panorama, el WIL propone un conjunto de políticas orientadas a modificar la distribución de recursos a gran escala, impulsar reformas en el orden financiero y económico internacional, transformar radicalmente los sistemas energéticos y promover cambios sustanciales en los patrones de consumo. Estas medidas deberían implementarse gradualmente entre 2026 y 2100.
Menos horas de trabajo y más impuestos para los millonarios
El centro de investigación plantea una reducción de poco más del 50% en las horas promedio de trabajo, pasando de 2,100 horas anuales a apenas 1,000. Asimismo, promueve una redistribución de las actividades productivas, con incrementos en la proporción del trabajo destinada a educación y salud, que pasaría de representar el 11% al 43% del total mundial. Estas acciones estarían acompañadas por políticas dirigidas a alcanzar la igualdad de género en salarios, empleo y distribución de las labores domésticas.
Según los investigadores, este sería uno de los primeros pasos para transitar de un modelo basado en el consumo excesivo hacia otro centrado en la suficiencia. El escenario contempla una reducción drástica en la extracción de materias primas, modificaciones en los patrones de consumo, cambios en el uso del suelo y la cobertura forestal, así como la adopción de dietas más ricas en vegetales y menos dependientes de la carne roja.
De acuerdo con el informe, la combinación de estas medidas permitiría limitar el calentamiento global a 1.8 °C respecto a la era preindustrial hacia finales de siglo. Alcanzar este objetivo representaría un avance significativo frente a las proyecciones actuales, que estiman que la temperatura media del planeta podría aumentar más de 4°C para 2100 si se mantienen las políticas vigentes.
Para financiar esta transición, los investigadores proponen la creación de un Fondo Global de Justicia respaldado por un impuesto mundial al patrimonio que alcanzaría tasas de hasta 20% anual para los multimillonarios, así como un impuesto global sobre la renta que podría llegar al 90% para los ingresos más elevados. Los autores aseguran que estas medidas afectarían únicamente al 1% más rico de la población mundial.
Los recursos recaudados también aportarían a un Fondo Soberano Mundial que acumularía activos equivalentes al 60% del PIB global, lo que permitiría financiar proyectos de largo plazo e incrementar la participación pública en la economía internacional.
El informe proyecta que la adopción de estas medidas permitiría que los habitantes de todos los países alcanzaran un ingreso promedio mensual per cápita de 5,000 euros hacia 2100. Esto implicaría que el 89% de la población mundial duplicaría sus ingresos monetarios y que más del 99% estaría en una mejor situación si también se consideran los beneficios derivados de una mayor disponibilidad de tiempo libre y de la mitigación de los efectos más severos del cambio climático.
