El economista y extitular de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), Guarocuya Félix
SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- La discusión sobre el futuro del sector asegurador dominicano ha vuelto a ocupar espacio en el debate económico nacional.
Mientras la economía continúa creciendo y aumentando el valor de los activos que requieren protección, la cobertura de seguros en República Dominicana sigue rezagada frente a otros países de América Latina.
Para el economista Guarocuya Félix, exdirector de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), una de las razones fundamentales se encuentra en la forma en que el país ha diseñado su política tributaria sobre las pólizas de seguros.
“El seguro no debe verse como un gasto accesorio ni como un consumo prescindible. Es una herramienta esencial de protección económica y social”, afirmó durante una entrevista concedida al periódico elDinero.
Su planteamiento parte de una realidad que afecta directamente a millones de dominicanos: la creciente exposición a fenómenos climáticos, accidentes, enfermedades y pérdidas patrimoniales.
El seguro como infraestructura económica
Aunque frecuentemente se percibe como un producto financiero individual, Félix sostiene que los seguros cumplen una función mucho más amplia dentro de la economía.
“En economías expuestas a huracanes, inundaciones, accidentes, enfermedades e interrupciones productivas, los seguros funcionan como una infraestructura económica”, explicó.
Según el economista, las pólizas permiten transformar riesgos impredecibles en costos previsibles, facilitan el acceso al crédito, protegen patrimonios y contribuyen a la estabilidad financiera de empresas y hogares.
“En un país caribeño como República Dominicana, profundizar el mercado asegurador no es una agenda sectorial; es una condición para construir mayor resiliencia económica y social”, afirmó.
La afirmación cobra especial relevancia en una nación ubicada en una de las regiones más vulnerables del mundo a los fenómenos meteorológicos extremos.
Diversos organismos internacionales han advertido que el Caribe enfrenta riesgos crecientes asociados al cambio climático, incluyendo huracanes más intensos, lluvias extremas y eventos hidrometeorológicos cada vez más costosos.
La brecha aseguradora dominicana
Uno de los indicadores que más preocupa a Félix es la penetración del seguro dentro de la economía.
Actualmente, la industria aseguradora dominicana representa alrededor del 1.8% del Producto Interno Bruto (PIB), una cifra considerablemente inferior al promedio latinoamericano, que ronda el 3%.
La diferencia resulta aún más pronunciada cuando se compara con países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), donde el mercado asegurador puede representar entre el 8% y el 9% del PIB.
Para el economista, esta distancia refleja una oportunidad desaprovechada para transferir riesgos al sector privado y reducir vulnerabilidades económicas.
“Existe un amplio margen para ampliar la protección financiera de los hogares, las empresas y del propio Estado”, señaló.
El debate sobre el impuesto a las pólizas
Uno de los puntos centrales de su análisis es el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) aplicado a los seguros.
A juicio de Félix, el problema no es únicamente el porcentaje del gravamen, sino la filosofía que sustenta su aplicación.
“Gravar el seguro como consumo selectivo equivale a tratar la previsión como una decisión ordinaria de gasto, cuando en realidad se trata de un mecanismo de protección económica”, sostuvo.
Explica que, al no funcionar como un impuesto al valor agregado recuperable mediante crédito fiscal, el ISC se incorpora directamente al costo final de las pólizas.
El resultado es un encarecimiento artificial del producto que termina afectando las decisiones de aseguramiento de familias y empresas.
Según el especialista, una estructura tributaria mal diseñada puede generar consecuencias importantes.
Entre ellas menciona el subaseguramiento, la reducción de la cobertura y una mayor dependencia del Estado para absorber pérdidas cuando ocurren eventos extremos.
“El riesgo no desaparece; simplemente se queda en los hogares, en las empresas o en el balance público”, advirtió.
¿Eliminar completamente el impuesto?
Félix considera que cualquier modificación debe realizarse con prudencia.
Reconoce que una eliminación inmediata y generalizada podría beneficiar principalmente a sectores con mayor capacidad económica, incluyendo propietarios de activos de alto valor y empresas formalizadas.
Por esa razón, propone una estrategia gradual y focalizada.
Sugiere que una eventual reducción tributaria se concentre inicialmente en segmentos con alto impacto social y económico.
Entre ellos menciona los seguros de vida, los microseguros, las coberturas agropecuarias, los seguros catastróficos, las viviendas de bajo costo, las pólizas de responsabilidad civil y las coberturas para micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes).
“Así, la política tributaria evitaría convertirse en una transferencia regresiva hacia quienes ya están protegidos y pasaría a ser un instrumento para ampliar la inclusión aseguradora”, explicó.
El caso de los seguros de vida
Uno de los segmentos que, según Félix, merece una revisión urgente es el seguro de vida.
“El seguro de vida no es un lujo; es protección familiar, continuidad patrimonial y previsión frente a la muerte prematura del proveedor de ingresos”, afirmó.
A su juicio, el Estado debería incentivar este tipo de protección en lugar de encarecerla mediante impuestos.
El economista recordó que la protección financiera de las familias constituye uno de los pilares fundamentales de los sistemas modernos de bienestar y seguridad económica.
Por ello, plantea revisar si el tratamiento fiscal actual resulta coherente con una arquitectura moderna de protección social y financiera.
Más allá de los impuestos
Aunque reconoce el impacto de la tributación, Félix advierte que no es el único factor que limita la expansión del mercado.
También influyen variables como los niveles de ingreso de la población, la educación financiera, la confianza institucional y la cultura de gestión de riesgos.
Sin embargo, insiste en que una fiscalidad adecuada puede convertirse en una herramienta poderosa para ampliar la cobertura.
“Reducir la carga impositiva del seguro no debe verse como una concesión sectorial, sino como una política económica de resiliencia nacional”, sostuvo.
Para el exdirector de la DGII, el verdadero objetivo debe ser lograr que más personas y empresas tengan acceso a mecanismos de protección que les permitan enfrentar eventos adversos sin comprometer su estabilidad financiera.
“Una fiscalidad bien diseñada no solo recauda; también define incentivos, distribuye riesgos y fortalece la estabilidad económica del país”, concluyó.
Frases destacadas
“El seguro no debe verse como un gasto accesorio ni como un consumo prescindible”.
“Profundizar el mercado asegurador es una condición para construir resiliencia económica y social”.
“Gravar el seguro como consumo selectivo equivale a tratar la previsión como una decisión ordinaria de gasto”.
“El riesgo no desaparece; simplemente se queda en los hogares, las empresas o en el balance público”.
“Una fiscalidad bien diseñada no solo recauda; también distribuye riesgos y fortalece la estabilidad económica”.
